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Agresividad

No es sólo el atraco, la violencia física, y en su grado máximo el asesinato; la agresividad se siente por todas partes en un irrespeto permanente y generalizado hacia los demás.

En la vía, todos compiten de manera agresiva y riesgosa por estar un puesto adelante; las motos se cruzan frente a los vehículos en marcha, los adelantan por la izquierda o por la derecha, se filtran entre dos, o entre éstos y el margen de la vía; y los buses –excesivos en cantidad- imponen la “autoridad” que les da el mayor tamaño. En los hogares la agresividad es propiciada por los padres y reproducida por los hijos, en los colegios (ya se conoce un caso en la universidad) por los superiores, es decir, por quienes enseñan y multiplican el fenómeno.
Y se perdió del todo la vergüenza de ser descubierto en irregularidades, éticas y/o legales; todo se vale para sacar ventaja –dicen que la competitividad- mientras no queden pruebas judicializables. Los acuerdos se incumplen y la palabra se irrespeta. Los negocios se hacen con la “trampa” preconcebida, y al ser descubierta se usa el arma porque no hay confianza en la justicia.
En general en las relaciones interpersonales se percibe agresividad, manipulación e intolerancia. Los individuos se han convertido en útiles que producen beneficio a los demás, y son “importantes”; daño y son temidos; o inocuos y son pisoteados. El que tiene una posición de poder, lo usa sin ningún recato para ganar respeto (como si no proviniera de su condición humana) y vengarse de los enemigos; el que posee una condición física o intelectual superior, igual; y el que tiene un arma, o dinero con que pagar un sicario, dispara. Es la ley de la selva.
Así no era esta ciudad hace apenas medio siglo. Algo la cambió. Muchas cosas la han cambiado: quizás el valor supremo del dinero, que trajo consigo el narcotráfico; el turismo y la globalización, que propicia el intercambio con otras culturas; el mal ejemplo -que ya no es posible ocultar- de los dirigentes; las necesidades crecientes -básicas unas y superfluas otras- que impone el desarrollo, la publicidad y los medios de comunicación; la brecha social; la falta de oportunidades y de empleo bien remunerado; el éxodo del campo a las ciudades, la desmovilización y la reinserción de individuos enseñados a obtener con las armas; las limitaciones que imponen las autoridades al trabajo honesto -por informal- sin procurar la creación de nuevas fuentes de empleo, y mejor remuneración; y la politiquería y el mal gobierno, entre muchas más.
La agresividad es propia de la inconformidad frente a la impotencia de lograr con un esfuerzo razonable, mejores condiciones de vida, deseándolo: es una expresión de la desesperación y la infelicidad.
La ciudadanía propone toda clase de medidas: pide la cabeza del comandante de la policía y pellizca a la máxima autoridad distrital; exige militarizar la ciudad, eliminar los parrilleros de las motos, bajarles el cilindraje, prohibirlas, eliminar la obligación de llevar casco, o de portar armas, entre otras. Pero ni se puede, ni se debe hacer todo lo que se propone, en muchos casos el mal sería peor, y en otros inocuo. La solución en parte es cultural, y la cultura se cambia con adelantos tecnológicos, educación y buen ejemplo: sólo en último caso con represión.

myances@msn.com

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Comentarios

La agresividad es producto de

La agresividad es producto de la miseria. Privatizaron las empresas del Estado, precarizaron el empleo, masacraron el campo, desplazaron a la gente hacia las afueras de la ciudad... y preguntamos todavía por qué somos más agresivos que hace 50 años...

Es también propiciada por la

Es también propiciada por la falta de valores,por la tecnología ,por las injusticias con los más deprimidos.Hace como cuatro años comentaba un profesor que se quería retirar del magisterio porque los alumnos y los padres no respetaban y se les veía el resentimiento porque tenian hambrey hasta iban armados,que él preveía que dentro de un tiempo de una o de otra manera la periferia se volcaría agresiva y asesina contra el centralismo que la descuidó. Me dió pánico pensar en eso porque pensé que el profesor tenía razón , y ahora siento aún más pánico porque lo estoy comprobando.