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COP21, base para empezar a salvar el planeta

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La mayor parte de sectores califica lo acordado en París como “histórico”, tras décadas de una lucha casi totalmente frustrada contra el cambio climático. El compromiso de 195 naciones surgido en la XXI Conferencia de las Partes podría significar un punto de giro fundamental para por fin empezar a enfrentar como se debe la amenaza del calentamiento global.

El presidente de la cumbre del clima (COP21) de París y ministro francés de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, presentó el sábado ante el plenario de la reunión el texto de acuerdo global de lucha contra el cambio climático que los países aprobaron horas después.

Un Fabius visiblemente emocionado y flanqueado por el jefe del Estado francés, François Hollande, y el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, había advertido a los países que “nuestros hijos ni nos entenderán ni nos perdonarán si no adoptamos este acuerdo”.

Horas después, la propuesta prosperó y cumplió con los objetivos primordiales previstos: Que la temperatura del planeta no aumente más de dos grados centígrados a finales de siglo, pero con la aspiración de que no suba más de 1,5 grados. Para ello, los países revisarán cada cinco años sus compromisos de emisiones, y se marcarán metas de reducción y descarbonización a largo plazo.

Fija además como suelo para la financiación climática un mínimo de 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020. Eso sí, haciendo distinciones entre el grado de responsabilidad de los países en base a su cantidad de emisiones y su economía.

“El acuerdo aborda la justicia climática, y en cada aspecto está reflejada la diferenciación entre países a la luz de las circunstancias nacionales”, destacó Fabius.

Sobre las 19:26 hora local, Fabius anunciaba el sábado la buena nueva ante los negociadores y los medios: “Acabamos de hacer una cosa grande”, en medio de los aplausos y abrazos de los presentes.

El presidente francés, François Hollande, se incorporó nada más aprobarse el acuerdo y se fundió en un abrazo con el secretario de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, mientras al secretario de Estado estadounidense, John Kerry, se le caían lágrimas de emoción.

“Este es el acuerdo más complejo que se ha negociado nunca”, reconoció la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc), Christiana Figueres.

La funcionaria costarricense precisamente escribió una columna para EL COLOMBIANO en su edición verde del 4 de septiembre, en la que se mostró optimista por lo que se podía lograr. ¿Pero qué exáctamente se ha obtenido?

DEBAJO DE LOS 2 GRADOS

El acuerdo que se aprobó en París tiene como objetivo “mantener la temperatura media mundial muy por debajo de dos grados centígrados respecto a los niveles preindustriales”, aunque los países se comprometen a llevar a cabo “todos los esfuerzos necesarios” para que no rebase los 1,5 grados y evitar así “los impactos más catastróficos del cambio climático”.

Su implemetación será “tan pronto como sea posible”, y entraría en vigor apenas 55 países o más, que representen al menos el 55 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), lo ratifiquen.

Además, el pacto establece que para 2050 se deben limitar las emisiones a un nivel que árboles, tierra y océanos puedan absorber de forma natural. Esto es, se pactó la búsqueda de “un equilibrio entre los gases emitidos y los que pueden ser absorbidos”, lo que viene a suponer cero emisiones netas.

Así, al menos en el papel, el objetivo principal que deja la cumbre abre una agenda mucho más ambiciosa para los gobiernos, ya que va más allá que lo establecido en Kioto y Copenhague, pero además con avances referentes al caracter legalmente vinculante de su implementación.

COMPROMISOS Y SEGUIMIENTO

Precisamente, otro de los puntos altos de lo pactado es el papel que jugará cada país para el avance de la lucha contra el cambio climático.

El acuerdo adoptado es legalmente vinculante pero no la decisión que lo acompaña ni los objetivos nacionales de reducción de emisiones. No obstante, el mecanismo de revisión de los compromisos de cada país sí es jurídicamente vinculante para tratar así de garantizar el cumplimiento.

De esta forma, no habrá sanciones, pero habrá un seguimiento del cumplimiento para tratar de garantizar que todo el mundo hace lo prometido, y que advierta antes de que expiren los plazos si los países van o no avanzando.

Asimismo, un punto complejo de la negociación era el tema del financiamiento para esta lucha que, por el momento, la humanidad no está ganando. Las naciones desarrolladas deberán, por tanto, empezar a aportar un mínimo de 100.000 millones de dólares anualmente desde 2020 para apoyar la mitigación y adaptación al cambio climático en los países en desarrollo.

Según el pacto, esa cantidad debe incrementarse antes del año 2025 y la suma debe ser comunicada dos años antes de transferir los fondos, de manera que los países en desarrollo puedan hacerse una idea de con qué cuentan.

PRUDENTE BENEPLÁCITO

¿A que se debe este avance? En diálogo con este diario, Luis Felipe Guzmán, investigador del Departamento de Derecho del Medio Ambiente de la Universidad Externado, consideró que “esta es la primera generación que toma conciencia del problema, pero será la última que podrá actuar decisivamente. Hoy existe una conciencia colectiva de todos los jefes de Estado para afrontar los problemas ambientales con responsabilidad”.

Pero tanto este como otros expertos están pendientes de cómo se implementa este histórico pacto, algo clave para saber si la estrategia dará resultado.

“El acuerdo de París es un hito. Ahora el destino de la Tierra depende de qué tan rápido y con qué solidez lo apliquemos”, afirmó a Efe el profesor Ottmar Edenhofer, del instituto Potsdam de Investigación sobre Cambio Climático.

Florent Marcellesi, portavoz de Equo en el Parlamento Europeo, se mostró prudente frente a lo pactado ya que afirma que “dependerá ahora de cómo se interprete y se ponga en práctica en cada país y de la movilización social y política para exigir que se cumpla en el sentido correcto”.

En este sentido, la COP21 no significará un triunfo si los países no avanzan en el camino que acaba de allanar de forma crucial. 

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