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"Nuestro objetivo es que el país sea menos vulnerable"

Carlos Iván Márquez, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), habló con COLPRENSA sobre los que considera aciertos de la entidad en su intención de mitigar las condiciones de peligro en el país.

Luego de cinco años a la cabeza de la UNGRD, muestra que Colombia cuenta con un plan nacional de gestión del riesgo de desastres proyectado a 2025, construido por más de 53 entidades, que se traduce en una hoja de ruta para diversos sectores, como vivienda, infraestructura o energía.

Márquez tiene amplia experiencia en el área de prevención y manejo de desastres naturales, pues trabajó durante 30 años en la Cruz Roja Colombiana al servicio a la comunidad.

Sus políticas han incluido mecanismos de planificación, sistemas de alerta temprana y seguimientos a las amenazas naturales; así como obras de mitigación: diques, vías, puentes y edificaciones que resisten la llegada de las temporadas de lluvias. Además, todos los departamentos tienen hoy los fondos para la gestión del riesgo, lo que se ha traducido en menos lugares proclives a las tragedias. Esto fue lo que Carlos Iván Márquez habló con COLPRENSA.

- ¿Cómo quedó el país tras el paso del huracán Matthew?
Esa fue una prueba. Un huracán que se desarrolló en el nivel cinco, el más alto. No habíamos tenido en Colombia una amenaza así tan de frente. Y estuvo no menos de cinco días haciendo presencia cercana en la península de La Guajira, en zonas de Magdalena y Bolívar, en general en toda la región Caribe. Logramos evitar pérdidas de vidas o desaparecidos. Sí afectó, pero su impacto lo mitigamos con prevención y normas restrictivas de la navegabilidad, uso de playas y tránsito. Con sistemas de alerta temprana activamos salas de crisis y reaccionamos a tiempo. Atendimos a más de 26 mil familias en cinco departamentos, con una inversión cercana a los 23 mil millones de pesos. Esas capacidades dan para que el país tenga la opción de construir en materia de cooperación internacional en muchas partes.

- ¿Eso quiere decir que Colombia puede brindarles ayuda a otros países?
Tenemos la fortuna de decir que hemos apoyado a países como Ecuador con el terremoto, a través de las normas de movilización internacional de Naciones Unidas. Hoy estamos también ofreciendo cooperación en Haití: movilizamos más de 20 toneladas de ayuda humanitaria. Hemos aprendido a dar lo que la gente requiere.

- ¿Hoy a qué amenazas hay que prestarle mayor atención en Colombia?
Este es un país que tiene tres cordilleras, dos océanos, una amenaza sísmica y volcánica activa, y que además tiene dos temporadas de lluvias y dos secas. Cuándo uno habla de a qué hay que prestarle atención, eso es de acuerdo a la temporada. Por ejemplo, en temporadas de lluvia, como la actual, uno debe mantener los esquemas de la no exposición en zonas de cordillera, zonas inundables, de deslizamientos y cuando la comunidad no cumple las restricciones.

- ¿En qué zonas hay mayores riesgos por las lluvias?
Hay que prestarles atención por deslizamientos a zonas como Antioquia y el Eje Cafetero (Caldas, Risaralda y Quindío); a zonas inundables como Chocó y el Cauca –donde convergen ambos temas—; a zonas que se inundan al final del año, como La Mojana sucreña, cordobesa, antioqueña y de Bolívar. La vulnerabilidad cero no la hay en ninguna parte del mundo. La reducción del riesgo total, tampoco. Pero hay que ir avanzando.

- ¿Cómo están preparadas las regiones para mitigar esos riesgos?
Hoy Colombia cuenta con una red de centros logísticos bajo estrategias de coordinación. El centro nacional está en Bogotá; hay un centro regional en Medellín y estamos construyendo otros en el Eje Cafetero, en Norte de Santander y en Magangué. Hemos dado herramientas para que los departamentos reaccionen, como los bancos de maquinaria amarilla para hacer limpiezas. En Santa Marta cada vez que llovía, se inundaba. Vimos que con el paso de Matthew no hubo inundación. Siempre se inundaba la zona aledaña al Río Manzanares, pero se hicieron limpiezas y todos estos mecanismos sirvieron para que el impacto fuera menor.

- ¿A qué amenazas se enfrenta Bogotá?
A la amenaza sísmica. Colombia está cerca al ‘Cinturón del Fuego’ y por tener las tres cordilleras pues tiene zonas de amenaza baja, media y alta. Bogotá está en una zona de amenaza media, pero es donde está más concentrada la población; aquí por eso hemos hecho simulacros. El Distrito ha hecho evaluaciones estructurales en más de un millón de viviendas, para ir haciendo todos los ajustes que sean necesarios. Lo que salva vidas es la participación de todos: la preparación, los sistemas de evacuación, los puntos de encuentro.

- ¿En dónde estarán centrados los esfuerzos para la temporada de final de año?
Nos estamos centrando en dos eventos: culminar la temporada de huracanes, que va hasta el 30 de noviembre. El otro es la temporada de lluvias, que inició en septiembre y va hasta principios de diciembre. Tenemos un plan de contingencia nacional y hemos activado los consejos departamentales y municipales de gestión del riesgo, de la mano del sector salud, de infraestructura, el energético, los organismos de socorro. También tenemos recursos del fondo, disponibles para cualquier contingencia.

El 26 de octubre vamos a hacer el simulacro de evacuación nacional. La gente está convocada para que participe del manejo de una amenaza sísmica. Además, en cada región se harán simulaciones de acuerdo a sus amenazas. Los que están en la Costa del Pacífico, tienen amenazas de tsunami; en las zonas urbanas hay amenazas de sismos; y otras tienen los que están cerca a los volcanes y los que están en zonas inundables. Cada simulación que hacemos nos da líneas de aprendizaje para mejorar.

- ¿Qué cambió en los últimos años en Colombia en la política para la gestión del riesgo y los desastres?
El Fenómeno de La Niña de 2010 y 2011 dejó más de 3.600.000 personas damnificadas, 467 personas fallecidas y afectación a las estructuras viales y de vivienda; no hubo un sector que no se afectara. Por eso, el Gobierno decidió crear el Fondo Colombia Humanitaria (para respuesta) y el Fondo de Adaptación (para recuperación), pero al mismo tiempo vio la necesidad de crear una entidad que tuviera conocimiento del manejo de desastres. En noviembre de 2011 se creó la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres y a los pocos meses, en abril de 2012, se sancionó la Ley 1523, con una política integral para la gestión del riesgo, coherente con el plan de desarrollo y con la estrategia internacional de reducción del riesgo, acordada con el sistema de Naciones Unidas y la COP21.

- ¿Qué cambios concretos trajeron las nuevas políticas de esa entidad?
Que las políticas de gestión del riesgo se bajaron a los niveles departamental y municipal, con dos ingredientes sustantivos que incluyen compromisos para el sector privado y las comunidades. Hay que crear conciencia que la responsabilidad empieza por el individuo, no es una responsabilidad única del Gobierno. Nuestro objetivo es que el país sea menos vulnerable y tenga comunidades más resilientes. Colombia debe tener acciones enmarcadas en proyectos enfocados al conocimiento, a la reducción de riesgos y al manejo de desastres.

- ¿Cuánto se ha invertido con esos objetivos?
Hemos superado la cifra de 14,8 billones de pesos. Es lo que se ha ejecutado desde La Niña, cuando se generaron líneas de acción, a través de Colombia Humanitaria, el Fondo de Adaptación y la UNGRD.

- ¿Qué otras cosas se han hecho?
Posterior a la ley se hizo una reglamentación en el ordenamiento territorial. Existe un decreto de hace dos años para el uso del suelo, que hace que la gestión del riesgo sea obligatoria en los esquemas de ordenamiento territorial tanto departamentales, como municipales. Por primera vez en Colombia se obliga a que todo el tema de la construcción cumpla con esa norma y que el crecimiento demográfico y urbanístico sea controlado.

- ¿Cuáles han sido los eventos más difíciles que se han presentado durante su gestión?
Han sido varios, como el de la avenida torrencial en Salgar (Antioquia), que ocurrió en 2015 y dejó casi cien muertos. Pero lo que cabe resaltar es que un año después el municipio está recuperado totalmente. Allí los recursos invertidos están por encima de los 32 mil millones de pesos. El terremoto del 10 de marzo de 2015, que se sintió en todo el país, afectó principalmente a Santander y Norte de Santander. Un año después, vemos que 633 viviendas han sido reconstruidas.

En general ha habido situaciones de contingencia, pero no ha habido crisis. Hubo una situación energética que fue muy preocupante por varios factores, no todos se le pueden atribuir al Fenómeno de El Niño, pero no tuvimos el apagón. Esto en otro escenario pudo haber sido muy grave. Lo importante siempre debe ser tener planes de contingencia y emergencia. ‘El Niño’ empezó a dar duro en cuanto al desabastecimiento de agua, impactó la navegabilidad y la generación energética, pero se tomaron medidas por las plantas que se dañaron en Antioquia y se hizo el llamado a la comunidad para el uso razonable del agua y de la energía. Todo esto fue lo que nos ayudó.

- Esta semana se cumplieron tres años de la tragedia en el edificio Space, de Medellín. ¿Qué balance hace de ese proceso?
Nos hemos venido preparando en mejorar las capacidades operativas especializadas en el rescate urbano. La operación que hicimos en el Space fue muy pulcra, como sistema nacional de rescate. Lamentablemente hubo personas fallecidas, pero lo que hay que recordar es que la aplicación de la ley 1523 dio la orden de evacuación días antes, sino los muertos hubieran sido más de cien. Esta situación la deben estar resolviendo los que impidieron que salieran los obreros, eso está en manos de la justicia. Pero el rescate se dio sin  ningún incidente ni accidente.

- ¿Cómo está Colombia a nivel regional, en materia de riesgos?
Hicimos frente a un Fenómeno de El Niño 2015-2016 y se aplicaron los instrumentos de planificación. No me gusta comparar, pero si uno revisa con el entorno de Suramérica, el país que formuló un plan de contingencia (con fases de seguimiento, preparación y atención) establecido en la recuperación, fue Colombia. El impacto que tuvimos fue mínimo, al que podría haber tenido un país que no tuviera planificación, como el caso de Venezuela, Chile y demás. Lo soportamos con inversión, alistamiento y participación sectorial.



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