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Pérdidas ambientales que ya deja el niño superan los $3 billones

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Por María Victoria Correa

Los incendios forestales de 2015 y 2016 han afectado 128.185 hectáreas, área similar a la de la zona urbana de Medellín. Así lo advierten datos de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, debido a las llamas, encendidas por la fuerza del fenómeno de El Niño.

Pero el impacto también es económico: las pérdidas anuales por servicios ecosistémicos ascenderán a 3 billones de pesos, según el Departamento Nacional de Planeación (DNP).

Por el fenómeno climático se registraron y atendieron 4.617 incendios entre el primero de enero y el 31 de diciembre de 2015. Para sofocarlos se movilizaron 28.628 bomberos y se usaron 5.280 máquinas.

El DNP dice que de las hectáreas afectadas por los incendios se logró identificar que 23.232 correspondieron a bosques, es decir, 19,5 por ciento del total hectáreas afectadas . Los departamentos con mayores pérdidas forestales han sido Magdalena, Boyacá, Cundinamarca, Casanare y Huila.

“Estimamos la pérdida económica asociada al bosque afectado por incendios forestales considerando sus servicios ecosistémicos, incluyendo el de provisión de madera. La pérdida económica en 2015 a nivel nacional causada por la afectación de los incendios forestales en bosques es de 476.000 millones de pesos, equivalente a 0,063 por ciento del PIB de 2015”, revela a este diario Simón Gaviria, director del DNP.

Explica que el 35 por ciento de esta pérdida estaría asociada al valor de la madera que se dejaría de comerciar en los bosques quemados y el 65 por ciento restante es un valor aproximado de otros servicios ecosistémicos provistos por los bosques, como la regulación hídrica, de clima, captura de carbono, control de la erosión y sedimentación.

“Consideramos que la recuperación del bosque y de sus servicios ecosistémicos podría tardar hasta 30 años, pues la pérdida no solo es para 2015. Por lo anterior, la suma de las pérdidas anuales de servicios ecosistémicos es de cerca de 3 billones de pesos o en otras palabras, costos cercanos al 0,08 por ciento del PIB anual de Colombia”, dice.

Entretanto, el Enlace Regional del Fondo Nacional del Ganado reveló a EL COLOMBIANO que desde junio de 2015 se han muerto en el país 33.060 animales vacunos por el impacto del fenómeno de El Niño. Las regiones con más especies muertas son Magdalena (11.476), La Guajira (6.747) y Sucre (5.307).

De igual forma, la Oficina de investigaciones del Fondo Nacional del Ganado entregó las pérdidas económicas que ha tenido el sector ganadero también por el impacto de El Niño y tienen un estimativo de cerca de 28.101 millones de pesos por animales muertos.

Héctor Anzola, coordinador de Investigación y Desarrollo Tecnológico del Fondo Nacional del Ganado, dice que desde junio han venido alertando a los ganaderos sobre el impacto de El Niño.

“Estamos haciendo unas capacitaciones para explicarles la importancia de asociar la ganadería y agricultura. Lo que es claro es que ante la variabilidad climática no se puede hacer nada hoy. El mensaje que estamos dando es que esto se va a seguir presentando y hay que preparar la tierra y tener comida almacenada para las épocas críticas”, explica.

Las deudas que deja El Niño

Para el exdirector del Ideam, Ricardo Lozano, una de las lecciones más importantes que deja este tipo de eventos extremos es que hay que fortalecer las actividades de planificación económica del país. “No solamente planificación para prevenir sino también para tener información de lo que está sucediendo en los municipios y en cada una de las actividades económicas que son afectadas por estos eventos extremos. Eso nos va a permitir planificar a mediano y largo plazo”, dice.

Agrega que cada incendio afecta un ecosistema diferente y es el momento para que las corporaciones autónomas le digan al país, puntualmente, qué especies se están perdiendo con las llamas.

Recuerda que en este momento El Niño está en la etapa de madurez y que las lluvias se espera que lleguen en marzo y abril, pero que con déficit, por debajo del promedio. “La labor más importante ahora es que como los alcaldes deben ajustar los Planes de Ordenamiento Territorial, prioricen en este documento las áreas a conservar”.

Gonzalo Andrade, profesor de la Universidad Nacional y coordinador de la comisión permanente de áreas protegidas de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales, asegura enfáticamente que con la sequía hay especies que son irrecuperables.

“En el incendio que hubo esta semana en Bogotá en los cerros hay dos especies nuevas de mariposas.

Ese es su hábitat. Lo que sucede es que eso se incendió y muy difícilmente se vuelve a recuperar la vegetación. Los animales dependen más de la vegetación que la vegetación de los animales”

Revela que en el caso de las especies nuevas, para la ciencia se supone que no han sido reportadas para ningún otro lugar, “en consecuencia podríamos decir que son endémicas de ese sitio. Su valor es imposible calcular. Lo mismo sucede con la sequía de los ríos. Puede ser que se seque el lecho del río, pero en épocas de lluvias eso comienza a subir y se nos olvida el desastre. Le insisto, recuperar lo que se perdió es bastante difícil”.

Susana Vélez Haller, especialista en cambio climático del Fondo Mundial para la Naturaleza, WWF, asegura que después de estos meses de intensa sequía lo que se debe presentar es un proceso de recuperación ecológica y por ende se tendrán que hacer unas inversiones grandes para restaurar los ecosistemas.

“Hay que repensar en cómo vamos a estar listos en la próxima vez que esto pase, porque va a volver a pasar. En las áreas donde se han presentado incendios forestales hay que hacer inversiones de reforestación y restauración. En los ríos hay que mirar cómo se van a hacer los procesos de conservación de los nacimientos y de aumentar los ecosistemas que protegen esas fuentes de agua. Hay que hacer más inversiones en ecosistemas y no en infraestructura”.

Por esa razón, la especialista de WWF propone también que los alcaldes incorporen en los POT y en los planes de desarrollo un apartado sobre la adaptación al cambio climático, para que se puedan destinar recursos a este proceso “porque se tiene que pasar del discurso a las acciones”.

¿Qué pasará con el río?

Cormagdalena afirma que a pesar de que hay 10 puntos críticos, la navegabilidad en el río Magdalena continúa y que el cronograma de intervención en el cauce avanza.

Diana Vargas, profesional especializada de la subdirección de desarrollo de Cormagdalena, explica que los bajos niveles del río los analizan siempre desde el punto de vista de navegación, pero que saben que se han visto afectadas las ciénagas, debido a que se desconectaron del río.

“Eso genera que la ciénaga entre en lo que llamamos periodos de estrés. Los peces entran a la ciénaga, se reproducen y cuando vuelven las aguas, pues los peces vuelven al río. En estos periodos tan prolongados de sequía lo que sucede es que los peces se desubican y se afecta la reproducción”, explica la experta.

Agrega que Cormagdalena tiene un proyecto de restauración de conectividades con los humedales y se han priorizado unas ciénagas que, independiente de El Niño, presentan otros desafíos como la intervención de las comunidades o como la vegetación.

“En ese caso, tenemos un plan de acción para identificar unas ciénagas principales y en compañía de las comunidades podamos restablecer la conectividad”. Añade que en este momento tienen en ejecución un plan de humedales y pesca y un plan de manejo de la cuenca.

Por último, alerta que la sequía no es el único mal del río y que se debe pensar más en un programa de adaptación a largo plazo. “No podemos echarle la culpa exclusiva y únicamente a El Niño por estos niveles bajos. Hay otras causas como las hidroeléctricas que tienen una influencia muy marcada sobre los niveles del río y la deforestación. El Niño lo que está haciendo es evidenciar todo esto” .

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