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Comer basura, otra forma del reciclaje

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A las 8 de la mañana, cuando los rayos del sol —entrando por los agujeros de las tejas— se hacen insoportables, Armando suele levantarse para volver a sus jornadas en el Mercado de Bazurto.

Prácticamente está viviendo en la calle desde los 12 años de edad. Ahora tiene 21. Él es uno de los recicladores que sobreviven en las entrañas del mercado y en las calles del Barrio Chino, uno de los vecinos pobres que rodean a la central de abastos.
El mismo Armando no sabe en qué momento se convirtió en un habitante de la calle. Lo único que tiene claro es que, para sobrevivir, lo primero que debe hacer es no dormir demasiado para que sus compañeros de infortunio no se le adelanten en la recolección de los desechos que la “Cooperativa de aseadores del Mercado de Bazurto” arroja todos los días en las cajas estacionarias de la empresa Urbaser.
Armando es reciclador, pero los materiales que recoge no son cartones, ni pedazos de madera o metales que acumulan los recicladores comunes y corrientes. Lo suyo es internarse entre los montones de basura para sacar las hortalizas y todo lo comestible que se pueda vender entre ciertos comerciantes del mercado o entre algunas cocineras provenientes de los barrios miserables de Cartagena.
Ya lo conocen los barrenderos de la cooperativa, aunque saben que no es el único que se ocupa de esa tarea penosa. Desde las 8 de la mañana, cuando los escobitas han depositado por lo menos unos diez tanques de la basura que vienen recogiendo en los alrededores del mercado, Armando y sus compañeros empiezan a hurgar para extraer el ají pimentón, la cebolla blanca, el cilantro, el cebollín, el repollo, la lechuga, el aguacate, el zapote, la piña, el plátano maduro y otro montón de comestibles que las colmenas desechan cuando la putrefacción ataca.
En nada se parece la tarea de Armando y sus compañeros a las de los vendedores que toman las hortalizas desechadas de las tractomulas provenientes del interior del país. Mientras estos rescatan, del fondo del saco, la zanahoria en buen estado que el mayorista desechó por tener una mancha insignificante haciéndole sombra, los recicladores se sumergen en las cajas estacionarias, inmunes al hedor de la basura podrida, para recoger las hortalizas en estado de corrupción, quitarle los pedazos agusanados y reunirlos en sacos, cajetas o cajas de plástico que venden entre una clientela, igualmente inescrupulosa, que cocina con ese material y vende comidas en el mismo mercado y en los barrios pobres de la Zona Sur Oriental.
Armando es uno de ellos. Pero se desempeña con tanta tranquilidad y sin apresuramientos, que cualquiera podría creer que el suyo es uno de los oficios más comunes y corrientes del mundo. Con esa misma parsimonia pronuncia las palabras que le sirven para contar la historia de su vida en la calle.
Aunque sucio y sudoroso, procura estar un poco mejor vestido que los compañeros que se internan en las cajas estacionarias con los pies descalzos, sin camisa y con un pantalón corto por toda vestimenta. Son como diez o quince, entre hombres y mujeres, quienes le hacen la competencia.
Pero él ni se inmuta, pues, por alguna designación de la rutina, sabe que de todas maneras al final del día tendrá los siete u ocho mil pesos que le sirven para alimentarse y para comprar los tres cigarrillos de bazuco que consume todas las noches, antes de quedar dormido en el piso de una vieja casona del barrio Martínez Martelo, en donde comparte techo con más de 20 recicladores del mismo perímetro.
Mientras me le acerco, una mujer gorda que porta un delantal oscuro, le entrega una moneda de 500 pesos, a cambio de un mazo de cilantro que acaba de extraer del basural.
“Esa —dice ladeando la cabeza y sin dejar de manipular su mercancía — es una de las que atienden las fonditas malucas esas que tú ves en el segundo piso del mercado o en la avenida del Lago. Con eso hacen cualquier comida. Y eso es lo que comen los carretilleros, los recicladores y todo el que no tenga para comer algo de servicio”.
A sus pies pone una canasta de plástico de color verde, en donde va juntando las lechugas que libró de las hojas podridas y que ya podrían cocinarse, después de una buena lavada con agua limpia.
Mientras aparta los gusanos con las uñas, me dice que “de vez en cuando, entre las canecas viene un pedazo de pollo, de carne de vaca o de cerdo que se dañó en el congelador de alguna colmena, y ya no lo pueden vender. Pero nosotros lo recogemos, le quitamos la parte dañada, que es como de un colorcito verde, y después la vendemos”.

2
En la cabeza semi rapada de Armando se ven las huellas de peleas callejeras antiguas, lo mismo que en los brazos y en el rostro. Es moreno, flaco y de estatura regular. Sus ojos apagados parecen mirar únicamente lo necesario; y sus pómulos en relieve brillan pobremente bajo la insistencia del sol húmedo que reina entre una amenaza de lluvia tempranera.
A pesar de sus experiencias con la mala alimentación y el consumo de estupefacientes de baja estofa, parece tener la memoria fresca; o, al menos, sabe rescatar al instante las imágenes más impactantes de su niñez y adolescencia en el barrio Olaya Herrera, sector El Tancón.
“En esa casa éramos cuatro hermanos y mis papás—cuenta—. A uno de mis hermanos lo mató una volqueta en San Onofre. El otro estaba prestando el servicio militar en los Llanos Orientales, y se accidentó viajando en una avioneta. Mi mamá enseguida metió la demanda, y ganó. Pero cuando empezaron a pagarle el muerto, se desapareció de la casa y más nunca la hemos visto. Después, el otro hermano se comprometió con una pelaíta del barrio, y empezamos a tener problemas.
“Yo, para no estar peleando con ellos, me pasaba el día en la calle y regresaba en la noche a dormir. Así me hice amigo de una pandilla que se llama ‘Los tanconeros’. Yo nunca supe por qué, pero esos manes se la pasaban peleando con “Los panelas”, una pandilla de El Líbano.
“Yo, aunque apenas tenía 12 años, los acompañaba en esas peleas y, como los manes me veían que tenía viaje pa’ las que fueran, un día me preguntaron que si era capaz de disparar un changón, y les dije que sí. En la siguiente pelea nos encontramos con ‘Los panelas’ en un callejón; y yo, con mi changón, me sentía más guapo que el hijueputa. Entonces, al primero que se me acercó le disparé. Cuando vieron al man sangrando, todo el mundo salió corriendo.
“Pasaron un poco de días, no sé ni cuántos. Pero yo iba solo por una calle, cuando de pronto se me aparecen dos manes raros y me van zampando el changonazo. Me tiré al suelo haciéndome el muerto, pero la verdad es que me ardía la cabeza, la espalda y el brazo derecho. Esa vaina es como un poco de balines calientes que te caen encima y parece que te estuvieras quemando. Yo no sé cómo no me siguieron dando. El mismo Dios.
“Ahí fue cuando dije que no iba más con esos manes. Pero tampoco podía quedarme en la casa, porque mi hermano y su mujer ya sabían en lo que yo andaba, y les daba miedo que de pronto fueran a joderlos a ellos también. Entonces me vine para el mercado. Aquí también trabaja mi papá. Él es cotero. A veces lo veo descargando camiones. A veces hablamos, y me dice que vaya a visitarlo, que está viviendo solo. Pero a mí no me gusta salir de este pedazo.
“Cuando llegué al mercado, me conocí con unos manes del Barrio Chino, que venden drogas. Un día, tomándonos unos tragos, me dieron a probar una pastillita que le dicen ‘La piola’. ¡Qué vaina hijueputa! Eso te quita el miedo, te sientes capaz de lo que sea. Allí supe que cuando alguien quiere matar a un enemigo, busca a un pelao de la calle, le da una pastillita y una pistola. Y el pelao se mete donde sea y mata al que sea.
“Como dos o tres veces probé ‘La piola’. Pero siempre que la metía, tenía que tomar mucho agua, comer y esconderme en algún rinconcito para matar el viaje, porque podía hacer una locura. Ahora, mejor me compro mis tres papeleticas de bazuco cuando termino de trabajar y me voy a dormir.”

3
Cuando termina su relato, Armando tiene un número considerable de bolas de lechuga dispuestas dentro de la canasta de plástico; y calcula que por ese cargamento podrían darle unos dos mil pesos.
Está avanzando la mañana, y los barrenderos siguen vertiendo tanques de basura en las cajas estacionarias. Pero no sólo basuras, sino también un líquido oscuro y nauseabundo que invade con su olor casi todo el espacio en donde funcionan colmenas y cuartos de refrigeración. Le llaman “lixiviado”.
Dicen los barrenderos que el mismo líquido que emana de las basuras es tomado por los laboratoristas de la empresa de aseo Pacaribe para someterlo a un tratamiento del que sale otro líquido al que llaman “ambientador”, para eliminar las bacterias que producen el mal olor que se respira mientras se desarrolla el proceso de limpieza y deposición de desperdicios en las cajas estacionarias.
“Una cosa que no saben los recicladores —advierten los barrenderos—, o no les importa, es que ese líquido, aunque sea ‘ambientador’, es tóxico. O sea, los que están consumiendo los almuerzos que preparan con las hortalizas que sacan de la basura, podrían terminar hasta muertos, no solamente en el mercado sino también en un poco de barrios pobres”.
Algunos dueños de colmenas que laboran cerca de las cajas estacionarias creen que las autoridades de salud deberían hacer algo para detener la inminente emergencia, “pero algunos se la pasan pidiéndole plata a los dueños de las colmenas para no cerrárselas si les ven que incumplen alguna de las normas sanitarias”, dicen con cierto dejo de animadversión.
Cuando son las 10 de la mañana, Armando lleva el pedido de lechugas y regresa a seguir rebuscando entre las cajas estacionarias. Sigue conversando con la voz lenta y bajita que tenía desde el principio, a la vez que va limpiando otra bola de lechugas que los escobitas acaban de arrojar.
Mientras lo hace, un grupo de coteros descansa en el suelo y bajo la sombra de las tractomulas. Desde el seno de ese grupo surge una voz áspera que le aconseja a Armando agredirme:
—¡Zámpale una lechuga por la cara!—le gritan—
—¿Por qué?—pregunta Armando.
—¿No ves que te está tomando fotos?
—Nada. El vale está trabajando.
El reciclador sigue imperturbable en el momento en que me cuenta que, después de la una de la tarde, el rebusque en las estacionarias disminuye, porque ya se han servido los almuerzos en las fondas de mala muerte; además de que las cocineras que habitan en los barrios subnormales no vuelven más al mercado sino hasta el día siguiente.

4
A estas alturas, Armando ya tiene casi completos los 8 mil pesos reglamentarios y se dispone a comprar algo de comida para sentirse fuerte antes del ritual alucinógeno de la noche. A veces, después haber almorzado algo, colabora con los diferentes comerciantes cumpliendo ciertos encargos que no todos se atreven a hacer.
Otras veces, cruza hasta la ciénaga de Las Quintas, en el antiguo sector La Islita, y se dedica a conversar con otros recicladores mientras arma sus cigarrillos de bazuco para las siguientes cinco horas. Me dice que en algunas ocasiones, cuando el botín en las estacionarias es bastante significativo, algunos recicladores se pelean la mercancía y hasta se producen heridas a punta de cuchillo o de pedazos de botella.
Para Armando y sus compañeros la lluvia no deja de ser un inconveniente, sobre todo cuando cae en las primeras horas de la mañana, que suelen ser las más productivas de la jornada. Cuando se precipita en la noche, suelen buscar protección en los rincones más innombrados del mercado y del Barrio Chino, hasta que pueden salir y dormir bajo techo seguro.
Para los menos complicados, cualquier piso es una cama; y cualquier plástico, una colcha con la que pretenden protegerse a cabalidad del rigor de los elementos. Sin embargo, y a pesar de sus desavenencias con la vida, Armando todavía conserva algunas esquirlas de la dignidad que le permite proveerse de cartones gruesos que separen su cuerpo de la agresividad del piso, mientras duerme en la vieja casona del barrio Martínez Martelo.
Cuando se acercan las 7 de la noche, se dirige a la guarida en donde le venden las tres papeletas de bazuco. Luego consigue tres cigarrillos baratos, les extrae el tabaco, lo mezcla con el bazuco y prepara el tranquilizante que lo mantiene durmiendo hasta que el sol vuelva a colarse por entre los agujeros del techo.
Hace unos días me informaron que los escobitas debieron llevarlo a la sala de urgencias de una clínica cercana, después de que unas galletas que encontró en las canecas estacionarias le produjeron dolores, diarrea y vómito que amenazaron con matarlo. Su mamá reapareció y lo acompañó hasta que le dieron la de alta.
No lo han vuelto a ver en las estacionarias, pero es posible que regrese pronto a rebuscar la vida dentro de un montón de cosas muertas.

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Comentarios

GRAN VERDAD, Y HAY "NEGOCIOS

GRAN VERDAD, Y HAY "NEGOCIOS DE COMIDA" EN LOS ALRREDEDORES DEL MERCADO QUE LE COMPRAN ESTOS DESPERDICIOS, QUE PASA CON EL DADIS ?

Y pensar que por ahy se

Y pensar que por ahy se botaron toneladas de comidas porque se dañaron guardadas en una bodega en el bosque y el gobernador no la repartio al pueblo que tiene haaambre....QUE TRISTEZA LA INDOLENCIA DE NUESTROS ELECTOS GOBERNANTES

!Que tal lo que ahora se han

!Que tal lo que ahora se han inventado! COMER BASURA ETSA IN me gustaria ver alguno de los de cuello blanco comiendo una ensalada de basura, puro sofisma hace por ahy como una decada tambien se idearon una estrategia con el fin de desviar los altos precios de la carne y en esa ocasion el eslogan utilizado era " los frijoles equibalen en valor nutricional al consumo de grades cantidades de carne" jejejejeje pueda que asi sea en lo que concierne a lo proteinico pero cada una en especial aon diferentes lo que posee uana no lo tiene la otra en fin, asi como bamos nos tocara come piedra y de la muralla y seguro que con dos o tres propaganditas hasta se pone de moda , sigan comiendo basura sigan utilizando esta clase de alimento cargado de nocivas bacterias para la ingesta humana "zapatero a sus zapatos"! y respeten al pobre Colombiano que no todos se meten un pedeazo de lechuga sacada de la basura y del mercado de bazurto .

Pero lo importante es

Pero lo importante es mantener a la Cartagena turistica, que haya mucha coca para el turista, y niños y niñas para complacerlos, verdad ?

:::BAZURTO, EL PARAÍSO

:::BAZURTO, EL PARAÍSO TERRENAL :::

Caramba, parece que estuviese leyendo una obra de nuestro gran Nobel de Literatura GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ.

En primera instancia, felicitar al periodista RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ, por tan importante documental. Pocas veces escribo comentarios, pero en esta ocasión lo vuelvo hacer, pues entre mas leo este documental más escalofríos me da.

BAZURTO, se puede comparar con Ciudad de Dios, lugar de maravillas donde se puede conseguir desde lo más in hasta lo mas out, prendas de marcas originales y prendas de fiel copia de marcas, grandes almacenes comercializadoras de alimentos, muebles, ferreterías, música, transporte, marihuana, bazuco, perico, coca, pegante, heroína, pastillas, indigentes, enfermedades infectocontagiosas, invasión de espacio público… y muchas cosas más.

En verdad escalofriante que en una ciudad tan maravillosa pasen cosas como esta, y lo peor del caso es que nuestros gobernantes están al tanto de esto y saben su origen.

Todavía no asimilo como el único animal racional juega con la vida, sin importar absolutamente nada. Como es posible que los dueños de las colmenas acepten este tipo de situación. Claro, compran alimentos de mala calidad a un costo bastante bajo y luego la venden a los clientes ignorantes a un alto precio, pues ese es el negocio.

Nuestras autoridades se hacen los ciegos, los sordos y los mudos, pues a ellos no les interesa el pueblo. En verdad hoy más que nunca estoy de acuerdo en que esta guarida llamada BAZURTO, desaparezca de este lugar, es un cáncer para la ciudad.

¡YA BASTA, NO MAAAAAASSSS!

No soy de los que le deseo la muerte o mal a nadie, pero en esta ocasión me gustaría que se presentara una epidemia de muerte instantánea y masiva, para que se puedan tomar las decisiones correctas.

QUE DIOS NOS GUARDE.

Vivo en Cartagena, hace un

Vivo en Cartagena, hace un año y medio - y es un vardadero agrado, leer en el Universal, un documento con una redacción tan clara y versatil, que permite encontrarse con uno de los extremos nefastos que ésta ciudad ofrece... vivimos en medio de dos realidades aterradoras..

Cartagena el Distrito Turístico; rodeado de impresionantes proyectos que buscan la inversion y el embellecimiento de un lugar amurallado no por las murallas de la historia, sino por quienes poseen en ésta ciudad las posibilidadades económicas que se le niegan día a día a la otra Cartagena.. la Cartagena que lucha con problemas sociales, políticos y culturales.. dónde no existe un plan claro de desarrollo y dónde la inescrupulosa política hace ver que los beneficios solo se centran para los privilegiados.

Este buenisímo documental de Rubén Darío, no es mas.. que la Cartagena Real, que no sale en las noticias, y que pasa en lo oculto de las administraciones públicas... es que Cartagena no es Playa, Brisa y Mar.... es Miseria, Inseguridad y Olvido Social.

Que los resultados de la Inversión en el Distrito Turístico de BocaGrande y sus alrededores, llegué un día muy cercano a lugares como Bazurto, dónde la Basura es el pan nuestro de cada Día !!!

Por que no mas oportunidades

Por que no mas oportunidades para ellos??

COMERIA JUDITH PINEDO, JOACO BERRIO, LIBARTO SIMANCA, etc etc etc BASURA??

1. Que buen reportaje, pero

1. Que buen reportaje, pero que tristeza al mismo tiempo. Pensar que existen personas como las cocineras de esas "fonditas" de malamuerte que juegan con la vida de los demas. Y me atrevo a decir que no solo las cocineras de los barrios pobres compran basura, sino tambien muchas de las que montan improvisados restaurantes en la carretera con bolsas de basura.

2. Es una lastima que en una

2. Es una lastima que en una ciudad como esta haya tanta desigualdad social y que las autoridades, gremios, ricos y pobres no hagan nada por brindar una mejor calidad de vida a los pobres, solo a los ricos.

Felicitaciones al Periodista

Felicitaciones al Periodista Ruben Dario, excelente trabajo periodistico, esto es en definitiva lo que la Alcaldesa quiere cambiar con el proyecto de Renovación Urbana de Bazurto, pero Alcaldesa pilas con el señor Amaury Lora que no sabe nada de nada, que Oscar Lidere el proceso, tiene un excelente equipo de ingenieros, arquitectos , sociales pero por favor nosostros los vendedores y asociaciones no nos interesa tener contacto con esta persona.

Nuevamente felicitaciones al

Nuevamente felicitaciones al periodista!!!!

esta es la cartagena que no quieren que se vea, pero que ahi esta, y lo peor es que los ciudadanos del comun y corriente, somos tan culpables como nuestras autoridades, somos culpales por NO hacer nada,

DEFINITIVAMENTE SEÑORES

DEFINITIVAMENTE SEÑORES PERIODISTAS, USTEDES YA NO TIENEN NADA MAS QUE ESCRIBIR, SEAN INVESTIGATIVOS, QUE LES PASA QUE AHORA ESTÁN REPUBLICANDO ESTE ARTICULO, EL CUAL FUE NOTICIA (FACETA) EL DIA 05 DE JULIO DE 2009.

QUE LES ESTA PASANDO, YA SE LES ACABÓ EL REPERTORIO...

ASI ABURREN A LOS LECTORES

PARA MAYOR CONSTANCIA VISITEN EL ENLACE A CONTINUACION:
http://www.eluniversal.com.co/v2/sites/default/files/LOC_05_01_A01_PD.pdf

Tuve un deja vu o esta es una

Tuve un deja vu o esta es una noticia vieja?
Ya es el colmo que repitan las noticias, aunque prefiero releer esta a tener que ver la "noticia" del pelotero que cambio de color en primera plana.

Estas son las realidades de

Estas son las realidades de las que tanto hay que hablar en Cartagena. Espero que los escenarios en los que se pueda plantear estas clase de tematicas cada dia sean mas y mas amplios. Me imagino que algunos diran que esta clase de cosas le hace dano a la "Imagen de la ciudad".

Sigan cuidando a los turistas

Sigan cuidando a los turistas que van a la ciudad y tapen todo lo que afecta de forma contundente y brutal a los que viven la ciudad, con esa frase lo unico que se logra mostrar es que, desafortunadamente, los intereses de unos pocos que llenan sus bolsillo estan por ensima de quienes comen basura y viven en condiciones infrahumanas, y eso es algo que hay que cambiar urgentemente