Cartagena de indias - Colombia
Lunes 27 Marzo de 2017

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Érase una vez el rock cartagenero

Pensando en Rock al Parque, en la celebración por sus veinte años y en todo lo que el festival nos cuenta acerca de la historia del rock en Colombia, me entraron ganas de contar otra historia, también de hace veinte años y que tal vez pocos conocen, la del rock made in Cartagena.

Durante los noventa, el rock cartagenero era casi un secreto. Los “toques” (pequeños conciertos) se llevaban a cabo en garajes, lotes, bodegas o colegios de dudosa reputación. Estos eventos se divulgaban a través del voz a voz o flyers fotocopiados; aunque se trataba de montajes de bajísimo presupuesto y logística improvisada, ello no impedía una programación más o menos constante.

Quienes en aquella época se dedicaban a cultivar el rock o constituíamos la audiencia, éramos un grupo bastante reducido, que ni siquiera alcanzaba para ser considerado una tribu urbana. Sin embargo, la pasión por las guitarras eléctricas nos daba un sentido de hermandad, el rock nos permitía conocernos y reconocernos alrededor de un gusto musical y un estilo de vida común.

La tarea principal de rock cartagenero en aquel entonces era darle forma a una escena que no existía. Aprender a tocar, ensayar, presentarse en vivo, representaba para las agrupaciones un ejercicio de autogestión, antes de que la autogestión estuviera de moda. No había academias de música con un programa enfocado al género; no existían ensayaderos con equipos adecuados; los bares que servían como escenarios cerraban sus puertas al poco tiempo de su inauguración.

El rock en Cartagena era el movimiento de un pequeño grupo de rebeldes con causa, jóvenes que encontraban en el acto de resistirse al cliché de lo Caribe otra manera de ser cartageneros. Audiencia y bandas libraban dos luchas. Una, hacerse visibles, generar espacios de convivencia e inventar una nueva identidad a partir de la traducción de influencias extranjeras. Otra, demostrar que el rock era un asunto de jóvenes creativos y emprendedores, más allá de los prejuicios que nos catalogaban como satánicos o drogadictos.         

Entre el 2000 y 2005, beneficiado por la democratización de la televisión por cable (lo que educara el gusto de más jóvenes), el rock cartagenero fue ganando terreno en medios de comunicación y una audiencia más amplia. Lo anterior dio pie al nacimiento de programas como El Garaje, que transmitiera el hoy Canal Cartagena; a que desde la ciudad se emitiera la señal de Radioactiva; a que se abrieran bares que daban cabida al género, como Capuleto, Cuatro Vientos, Tayrona o El León de Baviera; y a que los toques salieran del profundo underground a plataformas con apoyo de instituciones públicas o privadas. Muchos recordarán los toques en los centros comerciales La Plazuela y Paseo de la Castellana, el festival universitario Rock en la Plaza Roja de la Universidad de Cartagena y múltiples eventos de rock efectuados en la Alianza Francesa.

Si bien dichos espacios fomentaban y divulgaban el talento de las bandas locales, al tiempo que satisfacían la demanda de la audiencia, muchos de ellos, casi todos, tuvieron una vigencia muy corta. La contienda contra la corriente principal era bastante desigual, es decir, se trataba del rock de unos cuantos queriendo ganarle terreno a otros ritmos más arraigados en nuestro Caribe o queriendo atravesar el filtro implacable de la rentabilidad. Así, para la segunda mitad de la década pasada, nuevamente el rock cartagenero quedó marginado.

Hoy día sigue habiendo bandas. Es más fácil ensayar, producir, grabar y difundir la música. Existen bares en los que algunas bandas de rock local se presentan en vivo. Sin embargo, el rock en Cartagena sigue siendo una escena por inventar, que no figura en el objeto principal de apoyo de las instituciones y que aún libra la misma lucha de hace veinte años: Lograr un poco de espacio y respeto. 

Desde aquí, un saludo para quienes le siguen apostando y para las bandas que en su momento se la guerrearon para que en Cartagena existiera algo que pudiera llamarse escena de rock local: Sector 5, Emex, Subterfugio, Neurona, Misticismo Pagano, Excomulgación, Féretroz, Dual, Sinagoga, La Piel, Gato Pardo, Bar, Soma y La Naranja Mecánica, entre otras.

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Cartagenero. Abogado de profesión. Escritor por vocación. Animal político, cultural y alternativo. Director de la revista cultural cartagenera Cabeza de Gato: @cbzdegato http://www.cabezadegato.com/

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