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Viernes 20 Octubre de 2017

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PENA DE MUERTE EN LAS CALLES

PENA DE MUERTE EN LAS CALLES

 

La pena de muerte, como castigo para la comisión de delitos graves y políticos como alta traición, en forma sistemática, y casi que generalizada, han sido abolida en la mayoría de los países del Mundo. Se parte de una concepción humanista que matar a un ser humano como consecuencia de un delito grave, es la peor de las torturas y el exterminio físico de quien ha osado delinquir por encima de los diques sociales y legales, en nada soluciona en el fondo, causas milenarias del crimen como son el poder, la pasión o la locura.

 

Persiste la pena capital en países desarrollados como Estados Unidos, India y Japón, para delitos graves como el homicidio y en China para delitos de corrupción, también subsiste en otros no tan poderos económicamente como Vietnam, Irán, y por supuesto Corea del Norte, este último país ha ejecutado personas del más alto rango político y militar por causas tan increíbles como ridículas, como el empresario que fue ejecutado en un Estadio ante 150.000 personas por haber realizado llamadas al extranjero, o el General que oso quedarse dormido ante un desfile militar con la presencia del Todopoderoso Kim Jong Un. En algunos países Africanos hay pena de muerte por Sodomía, en otros de reconocida tradición Musulmana, la apostasía de la Religión  de Mahoma también se castiga con la pena de muerte.

 

Lo cierto es que, no existen criterios Criminológicos unificados  en el mundo que expliquen porque tanto en sociedades con sistemas políticos  democráticos como Estados Unidos, India y Japón, persistan en mantener la pena de muerte en sus sistemas penales, como en regímenes totalitarios, sean comunistas o teocráticos, tale es el caso de China, Corea, Irán y Arabia Saudita, donde indistintamente los criterios para aplicarla van desde delitos graves hasta por delitos políticos y causas religiosas, lo que indica que a la hora de sostener lo insostenible, por igual se aplican criterios de conveniencia del Estado más que la ponderación de principios humanistas que nos engrandecen como personas humanas.

 

Lo comentado, parte de un supuesto axiológico claro, la pena de muerte es una sanción penal reconocida en las Constituciones de estos Estados y al reo se le aplica luego de seguirle un proceso penal respetando el debido proceso y derecho a la defensa, con excepción de Corea del Norte donde no hay la más mínima posibilidad de aplicar un test de proporcionalidad. Pero lo más grave está sucediendo en nuestro país y en nuestras calles, casi que en nuestras narices, y es el ajusticiamiento por linchamiento de ladrones, violadores y sicarios, si son atrapados por turbas enardecidas, que en reacciones histeriformes múltiples, no solo los matan a golpes, sino que ya están llegando a hacer mutilaciones y a quemarlos vivos, lo que preocupantemente nos muestra una sociedad enferma en su psiquis, porque parte de tres premisas tan criminales como  aborrecibles por el hecho mismo: 1.- el derecho a matar por propia mano en un tergiversado y perverso concepto de legítima defensa  2.- El derecho a no ser investigado ni sancionado por el abominable hecho. 3.- Y es lo peor de todo, el silencio cómplice de la sociedad en general frente a lo que viene ocurriendo.

 

En efecto, de no ser por la oportuna intervención de la Policía Nacional, en algunos casos, las consecuencias fatales serían mayores, pero lo inexplicable del fenómeno, está dado porque esta sociedad que ahora quiere ajusticiar en las calles a sus ladrones, es la misma que fue permisiva con el fenómeno del Paramilitarismo, donde después de la entronización del proceso de justicia y paz todavía no se sabe a ciencia cierta cuantos miles de muertos dejo este festival de terror y muerte, es una sociedad que no se inmuta por el reconocimiento y resarcimiento de sus víctimas, como tampoco en la clarificación de miles de desaparecidos cuyos dolientes deambulan en las oficina Estatales buscando alguna explicación de sus paraderos, y tal parece que el fenómeno amenaza con crecer en espiral y exponencialmente, de no ser porque El Estado investigue, busque y sancione a quienes cometan estos ajusticiamientos callejeros, porque que lo cierto es que suelen correr y esconderse como roedores una vez cometen estos actos de execrable barbarie y  la sociedad en general por todos los medios racionales se oponga y condene tales procedimientos inhumanos.  

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Abogado. Egresado de la Universidad de Cartagena. Magister en Derecho Penal. Especialista en Derecho Administrativo. Docente Universitario. Abogado litigante. Padre de tres hermosos jóvenes. Lector compulsivo. Amante del Cine y la Pesca.

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