El payaso del Derecho

20/07/2018 - 18:52

Ávila y De La Espriella

En los recientes días el prestigioso abogado Abelardo De La Espriella, quien acumula en Wikipedia un ranking de 22 procesos jurídicos relevantes, protagonizó una escena de algarabía en la W Radio, dirigida por Vicky Dávila, mientras intercambiaba supuestos argumentos en un debate con Ariel Ávila.

De La Espriella enojado

El súper abogado, especialista de la Universidad del Rosario y doctor honoris causa de la Universidad Autónoma del Caribe, Director General de De La Espriella Lawyers Enterprise, a pesar de los años de formación académica y experiencia profesional en el campo del Derecho, área del conocimiento y campo laboral que exige en extremo sentido el uso de la razón, la decencia y la formalidad, escogió utilizar un comportamiento y un lenguaje que no concuerda con una persona que ha recibido una educación de calidad y que cultiva valores centrados en la integridad, el respeto y la tolerancia. Por el contrario, mientras llamaba a Ávila farsante, imbécil, minimí de León Valencia, entre otros insultos y frases denigrantes, De La Espriella actuó como un remedo de abogado, quien además retó a Ávila de la siguiente manera: “Óyeme perdóname pero no seas tan imbécil, yo no te dije eso, te dije que yo me hubiese armado, yo me hubiese armado pero no le hubiese hecho daño a la población […] farsante, y te lo repito aquí y cuando salgamos de micrófonos a ver si tú me sostienes lo que has dicho de mis bienes, a ver si tienes la entereza, a ver si tienes la entereza y la hombría para sostenerlo, farsante, farsante, yo no dije que estaba bien matar a niños y cortar cabeza, no seas tan miserable, eso es abominable, yo soy padre de familia, lo rechazo venga de quien venga pero no te lo acepto, dije que me defendería si la guerrilla trata de atacarme y el Estado no me protege y lo hago aquí y donde sea, farsante, vuelves a decir otra cosa de esas y tendrás que verte conmigo cuando salgamos, como hombres, farsante, no te acepto eso, miserable”.

Para poder apreciar con mayor deleite el discurso de uno de los abogados más famosos de Colombia, analicemos las siguientes joyas argumentativas, propias de alguien que domina el arte de la retórica: «Óyeme perdóname pero no seas tan imbécil», «yo me hubiese armado pero no le hubiese hecho daño a la población», «a ver si tienes la entereza y la hombría para sostenerlo», «vuelves a decir otra cosa de esas y tendrás que verte conmigo cuando salgamos, como hombres».

Abogado

De acuerdo a los principios fundamentales de la democracia, la retórica y las normas básicas de un debate cualquiera, la naturaleza de los ciudadanos en el plano social y político se encuentra constituida por el trato cordial y el uso de la razón en todos los aspectos de la vida, sobre todo, en la práctica jurídica. El lenguaje decente, formal, es un supuesto en el marco de la discusión intelectual, política o académica. Cualquier especialista o doctor en Derecho debe ser consciente de la diferencia entre premisas y falacias, así como saber que dejarse dominar por la rabia e incurrir en ataques a la persona y no a las ideas constituye una falacia inaceptable en cualquier sociedad que se considera inteligente y civilizada. Es bien sabido entre todos los que han pisado una universidad más allá de un pregrado que quien recurre a la violencia y la provocación cuerpo a cuerpo durante un debate lo hace porque carece por completo de argumentos racionales con los que pueda defender su postura, este factor es absolutamente independiente de cualquier ideología, es un principio lógico objetivo. Dicho de forma resumida, las emociones tergiversan nuestros juicios.

Por el contrario, De La Espriella entiende la función de los hombres de una forma muy diferente a lo que implica la actividad del Derecho y los principios de una sociedad civilizada (tal vez el abogado también deba volver a leer la teoría política de Hobbes, Rousseau y Kant, si es que en algún momento lo habrá hecho). Para el Dr. De La Espriella la función de hombre se desempeña por medio del enfrentamiento físico, cosa que dice de forma implícita con la expresión «tendrás que verte conmigo cuando salgamos, como hombres». Al final, cuando dice «como hombres» puede sugerir que sí el enfrentamiento físico por medio de la violencia constituye la naturaleza del hombre, entonces el diálogo racional es opuesto a todo aquello que podría indicar el concepto de hombría.

Botando el chupo

Olvidando por un momento el lenguaje inclusivo y recordando el léxico de los pensadores modernos, el hombre del estado civil se diferencia del hombre en estado de naturaleza porque acepta con mayor estima la razón como herramienta para enfrentarse a los demás, silenciando la violencia y acatando los postulados de la ley. Para los combates cuerpo a cuerpo están los espacios deportivos de artes marciales, boxeo, entre otros, espacios donde De La Espriella podría demostrar sus niveles de hombría, porque es muy fácil hablar y amenazar, por lo general quien mucho habla poco hace. «Tendrás que verte conmigo cuando salgamos», frase magnánima de quienes no logran debatir con templanza.

Más allá de las implicaciones políticas y los intereses de los lectores, es una decepción profesional manifestar semejante comportamiento ante los medios. En términos costeños, «botó el chupo».   

Twitter: @jpvalderramap

 


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