Cartagena de indias - Colombia
Jueves 14 Diciembre de 2017

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Desde el arrabal

Leí en cierta parte que “una opinión no puede cambiar el mundo” pero es peor quedarse callado, así lo que digas no genere un cambio inmediato. En este espacio plasmaré mi visión, a partir de mis vivencias y experiencias como cartagenera de a pie, respecto a algunos temas de ciudad que han llegado a causarme inquietud, rabia, algunos hasta risa (irónica), o en el otro extremo, alegría, satisfacción, orgullo, y que me parece ya es hora de sacarlos de mi rincón mental de las quejas,  reclamos y felicitaciones, para compartirlos y tal vez encontrarme con personas que defiendan estas mismas causas. 
Decidí nombrar este blog “Desde el arrabal”, pues lo que aquí escribo se “cocina” desde las entrañas de lo que antes fue conocido como el arrabal de Getsemaní, mi barrio, mi cuna y la de muchos cartageneros, que por supuesto  será tema de muchos de mis escritos, pues representa la lucha de toda una ciudad convertida en marca, en ícono, una Cartagena “fantástica”, pero con un trasfondo de muchas tristes realidades, que no debemos olvidar ni seguir escondiendo.

EL REGALO

Más allá de lo acostumbrado cada primero de junio, este año hay un gran regalo que le podemos dar a Cartagena, uno de esos contundentes, que se agradecen toda la vida. Lo mejor es que es gratis, no requiere el mayor esfuerzo, pero sí de toda nuestra voluntad y conciencia.

¿Qué le vamos a regalar a Cartagena en su cumpleaños 482? En estos días en que la cartagenidad está a flor de piel, muchos nos hacemos esta pregunta.

Los regalos frecuentes: Izar la bandera, no tirar papeles al piso, firmar pactos por la ciudad, calles pavimentadas, parques remodelados, promesas de ser mejores ciudadanos en las redes sociales, conciertos abiertos a la ciudadanía, actos solemnes, entre muchos otros.

Érase una vez…Getsemaní

Érase una vez un barrio donde vendían cubetas y bolis de corozo, aguacate o mamón por doquier, hoy ya los avisos no dicen “Se venden bolis o cubetas”, hoy se venden nuestras casas.

Érase una vez un lugar, encerrado entre murallas y hoteles lujosos, pero que aún conservaba su vida de barrio.

La fiesta del arrabal

Es maravilloso ver cómo pasan los años, los siglos, pero la esencia permanece. Las fiestas de Cabildo nacen de la burla que le hacía un pueblo esclavizado a su realidad cruda y opresora. Hoy sigue siendo la forma como la población raizal del barrio más tradicional de Cartagena “le saca la lengua” al desarraigo, al desplazamiento y a la pérdida de su tejido social original.

Antes que ser famoso por su ambiente cosmopolita, hoteles o discotecas, Getsemaní era reconocido en Cartagena por su Cabildo. Hoy 25 años después, quedó comprobado que si hay una muestra de que Getsemaní está más vivo que nunca, es esta festividad, que sigue siendo uno de los mejores referente de las Fiestas de Independencia.

LA PLAZA

Se desvanece poco a poco la esencia del único barrio popular que aún sobrevive en pleno Centro Histórico de Cartagena, agonizando en contra de la modernidad y la “civilización”.

La Plaza

No hubo nada más getsemanicense que la Plaza de la Trinidad. Con decepción digo hubo, porque ahora sentarme en la Plaza de la Trinidad, me hace sentir en cualquier lugar del mundo, menos en Getsemaní.

INDOLENCIA

Casos como el del caballo desplomado y agonizante de El Laguito son la luz roja que nos dice que hay que hacer algo pronto, pero algo realmente contundente, y que beneficie a todos, al cochero que busca es ganarse la vida, al turista que quiere recorrer y conocer la Cartagena de las postales, a los animalistas que han emprendido una lucha férrea ante las autoridades para que al menos se procure un mejor trato a estos animales, y por qué no a los mismos caballos, ellos también sienten, por algo se desploman, desfallecen, con la gran diferencia de que no pueden gritar “Ya no más”, como tú o yo podríamos hacerlo.

Todavía tengo en mi mente, el video del caballo cochero que se desplomó en una calle del Centro Histórico hace unos meses.

El animal agonizaba y los turistas que llevaba, seguían montados en el coche como si nada.

Pensé: “Tal vez no hablan español y no entienden lo que pasa”, pero después me respondo a mí misma que el dolor no tiene idioma, que el cansancio tiene un lenguaje universal, que era evidente lo que ocurría con el caballo, y que hay que tener el corazón muy templado para que una situación de esta índole no nos conmueva.

¡Resiste Getsemaní!

Getsemaní está perdiendo lo que en verdad lo hace un lugar único y especial en Cartagena, y es su gente, su vida de barrio, sus vecinos sentados en la puerta, las cadenetas que atravesaban las calles en Navidad, sus rincones con salsa y champeta a todo volumen, su bola de trapo los domingos en El Pedregal, sus famosos salseros, sus niños jugando en las calles. Sólo espero que mi Get-set (como cariñosamente lo llamo) perdure, y no quede convertido solamente en recuerdos, inmortalizados en la memoria de quienes allí crecimos y en aquella pegajosa canción de Lucho Pérez y su Sonora Dinamita, que le rinde homenaje a un barrio alegre y popular, del que ya poco queda.

Era un domingo en la noche. Estaba sentada en una de las plazas de Getsemaní, mi barrio, esperando una comida rápida de un negocio instalado justo en uno de los andenes que bordea dicho lugar.

Había muchos niños del barrio jugando en esta plaza con un balón, lo pateaban y la pelota pasaba casi rozando las cabezas de unas señoras que estaban sentadas en unas mesas instaladas por este negocio. En sus rostros se dejaba ver cierta cara de incomodidad y por supuesto de prevención,  por el miedo a que el balón aterrizara en la mesa o peor, en sus moños altos.

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Imagen de francyscaballero

Ser getsemanicense de nacimiento y crianza es mi mejor carta de presentación. Hago parte de los pocos sobrevivientes que aún residimos en el barrio, y seguimos “en la lucha” por permanecer en él. Soy comunicadora social y periodista, egresada de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Seccional del Caribe. Especialista en Gerencia de Mercadeo. Enamorada de mis raíces, de todo lo que representa el ser cartagenero y caribe; apasionada por salir a caminar las calles, hablar con los personajes de nuestra cotidianidad, el que vende el plátano, el del tinto, la estatua humana, los que nadie conoce y tienen tantas historias por contar. No me gusta ver, me gusta observar, principalmente lo que pasa desapercibido para todos, pues allí se esconde lo realmente interesante.

Últimos comentarios

No se porque mezclas la cultura de las personas que nacieron en estos barrios con el tema cochero, pero quiero decirte que el caballo no se desplomo, se resbalo. Otra cosa, nosotros nos hemos...

LA PLAZA
Javier boy

Mis felicitaciones por el escrito. Getsemaní es un lugar para perderse y su plaza, que aun siendo pequeña es a la vez grande. Quizás para perderse y encontrarse, o quizás no, quién sabe. He...

¡Resiste Getsemaní!