Cartagena de indias - Colombia
Viernes 09 Diciembre de 2016

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Las fiestas de la dependencia

Cartagena está al borde de una crisis. Y lo ha estado desde 1533. Por eso, ahora me sumo a quienes dicen que las Fiestas de la Independencia deberían aplazarse hasta marzo.

¿Quién podría imaginarse unas fiestas sin la carga histórica y cultural del Reinado Nacional de Belleza y el paternalismo de Raimundo Angulo? ¿Y el daño económico que se le cause al turismo? Por eso el Carnaval de Barranquilla, la Feria de las Flores, la Feria de la Caña y la de Manizales son inviables.

Basta con imaginarse la semana del 11 de noviembre sin la visita al Club Unión, sin la final del reto Oster, sin la elección de la figura Bodytech, ni el evento Julie de Vogue o la elección de la Zapatilla Real, para entender que el Concurso Nacional de Belleza no puede desligarse del jubileo de nuestra emancipación al yugo español. ¿Cuál emancipación? ¿Cuál independencia?

¿Qué sería de la ciudad si los focos se centran ahora en el desfile folclórico infantil: Ágeles Somos y no en la visita de las candidatas al Centro Comercial Caribe Plaza? ¿Qué pensarán los medios de comunicación si en lugar de cubrir el premio al mejor rostro o la elección de la Reina Madre tienen que lidiar ahora con el concurso Mi Calle Festiva de Independencia o la noche de fantasía en homenaje al realismo mágico de Gabriel García Márquez?

La cultura y la historia no venden y lo que necesitamos en Cartagena es vender. Vender para simular las fronteras de las dos ciudades que conviven en un mismo territorio. Vender para que los grandes empresarios se hagan más ricos y para que los informales, a quienes como ciudad somos incapaces de generar empleos, se rebusquen ingresos que a duras penas alcancen para llegar a diciembre.

A nadie le importa quién fue Germán Gutiérrez de Piñeres ni tampoco en qué fecha se firmó el Acta de Independencia o la importancia simbólica del Bando. Lo que sí importa es el color y el diseñador que viste cada día a la señorita Antioquia, Atlántico, etc.

Tal vez este año las Fiestas celebren su propia independencia. Tras 53 años en los que se convirtieron en una pequeña agenda que acompañaba al reinado nacional, el Distrito está ante el reto de hacerlas funcionar bajo el enfoque en que fueron concebidas.

Semejante reto se me hace demasiado grande. “Y ahora quién va a ir a la batalla de Flores si la gente iba para ver a las reinas y por eso se aguantaban las espumas y el desorden”, escuché decir a alguien al conocerse que el Reinado fue postergado para marzo. Y tiene razón. ¿Sin las reinas quién habría ido a los bandos de Las Gaviotas, Getsemaní o de San Diego en el pasado? Solo un ingenuo pensaría que ese tipo de eventos convocan porque hacen parte de la idiosincrasia cartagenera.

Sin el Reinado, la Alcaldía tendrá que lidiar, como todos los años pero de forma más visible, con el fenómeno social de niños que amenazan con 'agua o plata', una actividad que en casos de intolerancia aumenta la cifra de muertos y riñas durante las celebraciones.

Para no complicarnos con eso, mejor seguir a la sombra de Raimundo. Él sí sabe qué hacer con la cultura de la 'heroica', como separar a las candidatas de la música del pagano Mister Black y de canciones como el Serrucho.

Por fortuna, los respetados concejales de Cartagena lo tienen claro. Ellos, como todos los cartageneros, no conciben las fiestas de Independencia sin el Concurso Nacional de Belleza. Antes de debatir los proyectos decisivos del tercer periodo de sesiones ordinarias, se detendrán a pedirle explicaciones al mandamás del reinado, a quien Salim Guerra pidió declarar persona no grata por cambiarle la fecha al evento y a quien César Pión acusó de buscar “bajarle el voltaje a las fiestas al tomar una decisión de espaldas a la ciudad y que causará daños a la economía y al turismo” así Corpoturismo diga lo contrario.

Lo del voltaje es muy cierto si ya no estarán Laura Acuña y las demás presentadoras transmitiendo al lado de una piscina. Aunque sin el nuevo cónsul Carlos Calero en la ceremonia de premiación y coronación la empresa, ya de por sí, iba a pérdidas.

De nada sirve el Reinado de la Independencia si a la vez no están las candidatas de otros departamentos para ilustrarnos con sus creativas y repentinas respuestas.

Algunas ya hacen parte de la cultura general del país, como que “el hombre se complementa al hombre. Mujer con mujer, hombre con hombre y también mujer a hombre del mismo modo en el sentido contrario”. O la más reciente que identificó al sudafricano Nelson Mandela como el creador del Reinado Nacional. ¡Aporte al enriquecimiento cultural e intelectual!

Ojalá en el Concejo entiendan que ante todas esas pérdidas, la solución es correr las fiestas de la Independencia para marzo. Al final, bien dice el analista Omar Rincón que Colombia es el país de los goles, las balas y los reinados.

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Periodista y comunicador social de la Universidad de Cartagena. Amante de los deportes.