Cartagena de indias - Colombia
Jueves 08 Diciembre de 2016

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El Gabo que todos conocimos; personalmente o no

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Gabriel García Márquez y Victor Nieto, fundador de El Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. Foto: Gonzalo Restrepo Sánchez. 

Gabriel García Márquez hacía muchos años en vida ya era una leyenda; casi una figura idolatrada a los que muchos soñaban con ver, estrechar su mano, y la tapa si se tomaban una foto a su lado. Antes de él, Colombia era si acaso una nación identificada en el mundo. Al menos se presentía que era un país en el mapa del globo terráqueo. Hay una anécdota que Gabo a comienzos de los años setenta se encontraba en  un recinto  en España o México y alguien nombró que se encontraba allí el colombiano más reconocido internacionalmente; y él en su humor caribeño preguntó ¿ Y dónde está Pambelé? Para los que no conocen a este último, se llama Antonio Cervantes “Kid Pambele”, otro colombiano que puso a este país en el mapa al convertirse en una figura del boxeo mundial, ganando el campeonato en la categoría de los welter junior en 1972. Lógicamente, aquello era una exageración como la de sus libros del escritor, porque ya para esos incipientes o mediados años setenta García Márquez era un fenómeno de reconocimiento y virtuosismo, sobre todo desde que fue publicado “Cien años de Soledad” en 1967.

Por incontables razones se ganó ese aprecio. También tuvo contradictores, pero todos juntos no hacían ni sombra a los que lo admiramos. Por el contrario era (o es) una minoría bastante fuera de la lógica. Sobre todo por su falta de argumentos.

También es cierto que la muerte del icono y mayor referente de todo un país en el mundo era el cierre total de un ciclo de vida que se fue acabando poco a poco; su elocuencia perspicaz dejó de resonar con su frecuencia habitual desde comienzos del nuevo siglo y cada año que pasaba se fue haciendo cada vez menos latente. Sus apariciones en público mermaron también, y esto produjo que las veces que se le viera ya fuera en México D.F, Cartagena de Indias o en cualquier parte del mundo causará un aura mística en el ámbito.

De verlo en  ambientes donde más se sentía a gusto como en el festival de Cine de Cartagena o el de La Habana, pasó a ser solo anecdotario de todos lo que alguna vez compartieron con él una conversación en esos espacios; que si uno  iba a un conversatorio con Juan Gossaín,  y el viejo periodista no podía dejar de contar sus recuerdos con su gran ídolo; que si leías los “Tres encuentros cartageneros” de Juan Carlos Ensuncho-Bárcena con el Nobel; que si veías las fotos de la vez que Gonzalo Restrepo Sánchez le entregó en sus manos el libro “Gabriel García Márquez y el cine ¿Una buena amistad?” Y así incontables anécdotas más de barranquilleros, cartageneros, chilenos, franceses, y de seres humanos de cualquier nacionalidad; que esta foto fue en Barcelona, que yo lo conocí en México cerca de su casa en El Pedregal de San Ángel; que yo apenas lo vi una vez y fue en Cartagena; que yo lo vi a los lejos a la otra acera pero no más; que yo lo vi dos veces, es el caso de Miguel Iriarte, que hoy se lamenta porque no le quedó un recuerdo fotográfico de esos momentos históricos. Para algunos una foto vale más que mil palabras, pero… ¿Quién nos quita lo bailado?

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 Gabriel García Márquez y Gonzalo Restrepo Sánchez. Foto: Gonzalo Restrepo

Pero también queda en la memoria de muchos otros, el García Márquez no conocido personalmente, pero que no lo hace menos allegado de aquellos que sí tuvieron esa oportunidad. Aquel polaco que solo se identificó con el Marqués de Casalduero en “Del amor y otros demonios” o alguna sufrida portuguesa que encontró consuelo en Maria Dos Prazeres en “12 Cuentos peregrinos”; el dominicano, brasilero, haitiano o iraní que no pudo evitar encontrar coincidencias con el dictador de su país que el colombiano universal plasmó en “El Otoño del Patriarca”.

Cada cual hizo su interpretación de García Márquez. Es un claro ejemplo de semiótica viva, de “semiosis infinita” al mejor estilo peirceano, porque sobran los interpretantes.

También estamos los que nunca lo vimos ni desde lejos en cuerpo presente, pero que nos acercamos aún más a él en sus entrevistas audiovisuales o escritas. Lo encontramos en “La escritura embrujada”, el documental de Yves Billon, o alguna confesión a la TVE, o en los testimonios que les rasgó el periodista también fenecido Ernesto McCausland. Algunos lo buscamos más que otros en los vericuetos de la Internet y Youtube para arrancar algún pedazo de genialidad del colombiano más ilustre. Caminamos cualquier feria callejera de libros para encontrar alguna joya olvidada o que mal vendió algún necesitado a un librero que se daba el lujo de ofrecerla a altos precios a sabiendas de lo que tenía del gran escritor. Era una dicha hacerse a “Cuando era feliz e indocumentado”, magullado y destartalo en alguna biblioteca sub utilizada de algún familiar ignorante. O de pronto encontrar como un prodigio una versión antiquísima de “Relato de un náufrago”.

Así en menor o mayor intensidad cada quien lo conoció a su modo y a su estilo. Cada quien lo puede seguir haciendo. Allí están sus libros, que es su vida concreta, allí están sus textos periodísticos, allí sus entrevistas, las fotos, las anécdotas, La Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano que creó, y en términos generales, su vasto legado.

Por último, para todos, “Gabo” es uno solo e irrepetible, valeroso como muy pocos, incluso para aquellos que solo supieron de él, al leer en la solapa de “Cien años de Soledad” o “El amor en los tiempos del cólera” que este señor genial que había escrito ese libro había nacido en Aracataca, Colombia el 6 de marzo de 1927.

Texto recomendado: “Tres encuentros cartageneros” de Juan Carlos Ensuncho-Bárcena.

http://ensuncho.blogspot.com.br/2011/07/garcia-marquez-tres-encuentros.h...

 

 

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Imagen de juanquinteroherrera

Amante de la cultura en todas sus expresiones. Periodista apasionado. Con mis deseos puestos en el horizonte de la literatura.