Gore. Colombia

El show de la violencia en los medios tradicionales y en Internet

06/10/2014 - 16:16

Imagen libre de derechos. Pixabay.com

Hace tiempo que no espanta a nadie  ser testigo de situaciones donde hay sangre, muertos y maltratos. Por el contrario, al aviso de algún hecho donde haya algunos de estos componentes, se agolpan los transeúntes para ver la escena.

Hasta ese punto es entendible, como también es entendible que desde el cine, que en muchos casos lo que pretende es vender, se hayan producidos películas que buscan satisfacer a los habidos de este tipo de entretenimiento o desviación. Por eso se han hecho películas “snuff”, que castellanizando su significado se refiere a escenas donde hay muertes. De ahí que se hagan recreaciones que se venden como grabaciones reales de asesinatosviolacionestorturas y otros crímenes.  Ejemplos de esto son películas como “Holocausto Canibal” de Ruggero Deodato, o la serie de filmes japoneses “Guinea Pig”.  Por el fuerte contenido de estas obras incluso fueron requeridos judicialmente sus productores para demostrar el caracter ficticio de las grabaciones. Pero como siempre se quiere más y el morbo vende, hace tiempo se comercializan grabaciones de muertes reales  que circulaban de forma clandestina. Y "circulaban" de forma clandestina, porque hoy en día están a la orden de cualquiera.  

Y ahí la razón de que lo que a continuación denuncio y que para mí ya no es entendible.

Hoy los mismos medios de comunicación y también las redes sociales son espacios de propagación de estas prácticas aberrantes, ya no cinematográficas (simuladas) sino reales donde las muertes, las torturas, las violaciones, los maltrato infantiles y de animales, y cualquier otra aberración se comercializan sin ningún control.

Tesis, aquella película de Alejandro Amenábar y que causó furor y le dio un aire fresco al cine español por adentrarse en este mundo de la cinematografía snuff, hoy en día es ínfima e irrelevante en su temática si vemos los vídeos de los decapitados por ISIS; serie de muertos que se nos venden en la dinámica de un próximo capítulo, siendo que esa próxima escena es la muerte de un ser humano, como usted o como yo, y no una representación.  Ya no es un mercado clandestino para psicópatas o traumatizados por este tipo de contenidos.  Por el contrario, parece que los medios tradicionales (televisión, radio y prensa escrita y su portales web) quieren educarnos en la cultura de la muerte y la insensibilidad.

¿O es que acaso necesitamos en este mundo ya cruel ver como es torturada una mujer en Río de Janeiro por un grupo de marginales que cobran sus deudas de pandillas, grabando sus vejaciones? ¿ O es que nos complace ver como un niño en la India es atacado y devorado por un tigre?

Podrían nombrarse las torturas en Oriente, las muertes de periodistas aquí y allá, los abusos de fuerzas de militares que hacen ver como un lugar común una muerte a sangre fría. Incluso la proliferación del abuso casi patológico contra indefensos animales ( perros y gatos, principalmente) que son torturados y aniquilados sin censura.

Lo más grave de este asunto es que estos contenidos están sin ley ni regulación propagándose. Habrá que preguntarnos si la restricción que tiene Youtube, la principal red de videos en el mundo con escenas de sexo también las tiene para la violencia. Habrá que preguntarnos qué filtros, sobre materiales violentos, aplican los medios de comunicación. Parece que se ha dado una luz verde a vender estos productos insensibles, que nada le aportan a la sociedad. ¿Por qué se quiere validar la violencia como partera de nuestra sociedad?  ¿Es que…acaso no se puede denunciar sin caer en la provocación y lo chocante? ¿Acaso se debe vender la noticia al precio que sea?

Como broche de cierre, imagines sangrientas y viscerales no son los ríos de tinta sangre del cine gore de zombies de George Romero o el de karatecas del Kill Bill de Tarantino. Tampoco es un video aislado del ahorcamiento de un vil Sadam Husein.  Hoy imagenes de este tipo nos llegan de seres comunes y corrientes que son grabados en el momento de su muerte; seres que podríamos ser nosotros (el video del hombre que se quemó en un accidente de tránsito, las fotos de la mujer que fue violada, el ultimo decapitado por ISIS, y así y así cada día), y a los que nos los muestran como si fuesen un show de un circo romano, un show trasmitido por los medios tradicionales de comunicación y por supuesto, por la World Wide Web.

 

 


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