El amor se fue ‘encajetao’

04/04/2013 - 17:58

Esta es la historia de un amigo para quien la vieja disyuntiva de la mujer o los amigos le salió muy costosa porque parte de la culpa de que hoy no duerma en su cama radica en la complicidad y la atracción por la parranda.

Pensó que el castigo sería pasajero pero al regresar a los dos días el mensaje fue más contundente: ésta vez no era sólo una bolsa sino varias cajas con toda su ropa, debidamente clasificada por camisas, pantalones y calzoncillos.

La decisión parece irreversible -le dije- pero por lo menos te la dejaron lavada, planchada y organizada. Entonces respiró profundo y contó hasta diez: -es la mejor terapia para estos casos... pensar con cabeza fría pero con dignidad- dijo.

Hoy, como “El general en su laberinto”, se encuentra refugiado en una hamaca hospedado por su familia paterna, pero eso no es lo que más le duele: -es la ropa encajetá papá...nunca lo había hecho, el amor le cupo en unas cajas...

Conversador e ingenioso, apenas normal en un abogado, prepara en el exilio la estrategia para recuperar a su esposa: -Ya estoy yendo a almorzar y hace poco me cortó las uñas porque eso sí, ese es un momento especial... puede pasar lo que sea, pero la cortada de las uñas es sagrada.

Su principal alegato es que no hubo dolo, pues todo se reduce a la parranda; por mujeres no ha habido problemas: -Fíjate papá... esos que son calladitos, que no parecen hacer nada son los peores, no parrandean pero son mujeriegos.

Ahora espera que esa "ventaja", junto a la vieja premisa de que lo mejor de las peleas es la reconciliación, sea tenida en cuenta por ella a la hora del juicio final.

Termina el fugaz desayuno que por estos días le toca en la calle y mira hacia la placita de la Universidad de Cartagena a ver si ya llegó, como todas las mañanas, un anciano venerable pensionado del litigio que lo vive regañando por todo: -Fijo me va a decir que siempre le dé la razón a ella así no la tenga.

Mientras tanto, la ropa sigue en las cajas porque confía en que el veredicto sea pronto y favorable. De no ser así está decidido a regalarla toda, como ya lo hizo en otra ocasión, para exorcizarse del fantasma del desamor: -¡esa ropa está poseída por el rencor... papá!


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