Cartagena de indias - Colombia
Martes 26 Septiembre de 2017

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Escrito a mano

Blog de artículos acerca de hechos cotidianos, algunos costumbristas y otros de actualidad tratados con sátira, humor y crítica. También se publicarán trabajos académicos relacionados con cultura política y ciudadana, medio ambiente, ecoturismo y comunicación para el desarrollo.
(www.gonzaloposadaviana.blogspot.com)

El tiempo ya no es natural

-¡Lista la llamada a Bogotá!, decía la operadora telefónica, unos 15 ó 30 minutos después de habérsele pedido el servicio desde la casa.

Si había que esperar se esperaba porque la gente tenía tiempo para esperar: el que llamaba y el destinatario y por supuesto, la operadora. Todos esperaban porque el tiempo era diferente, su medida era natural, obvia, espontánea.

Una ola sin mar

En una de las entrevistas a Rafael Escalona, retransmitida hace dos años con ocasión de su muerte, el compositor decía que la llamada “nueva ola” del vallenato es “un montón de cosas que no dicen nada”, que sólo sirven para vender, y que no se imaginaba a los grandes juglares componiendo “tanta pendejá”.

Cierto es, especialmente porque estas nuevas canciones (no vallenatos) no dicen nada, pero la apreciación de Escalona fue considerablemente escueta porque ese vacío al que se refería tiene su razón de ser.

La vida se complicó

No es que todo tiempo pasado haya sido mejor. Lo cierto es que lo mejor del presente es mucho más complejo y menos simple que lo mejor del pasado.

El “hoy” es complejo porque es más condicionado. Todo tiene condiciones: la amistad, la educación, la salud, la superación personal, la alimentación. Solamente el hecho de vivir tiene demasiadas condiciones; escapar de la violencia desde el nacimiento mismo es una de ellas.

Una locura auténtica

De día o de noche, con sol o con lluvia, un viejo, flaco y curtido de tierra y sal, le cumple la cita a la locura, absolutamente todos los días de su propio e invertido calendario, en el lugar de siempre: avenida Santander, sector El Cabrero, en Cartagena.

Con una mano en la oreja y la otra señalando siempre al mar, el hombre lleva quién sabe cuánto en su túnel del tiempo hablándole a los fantasmas de su pasado, como esperando que de un momento a otro el mar le responda y pueda morir tranquilo.

Cita con el dolor

La genialidad de la cuentería popular, acrecentada por el fragor de las fiestas novembrinas, me ha traído noticias del Doctor Regular, un médico al que le pertenecía la mitad del cementerio de un pueblo de la Costa atascado en el tiempo y resignado a las curaciones con aspirina y “vipvaporú”.

El Doctor Regular debía su apodo a la infaltable respuesta con la que daba el diagnóstico de sus pacientes una vez pasaban por sus manos: -¡está regular! Pues bien, en esta ocasión su extrema sinceridad no sólo acabó con un paciente sino con la poca intuición que le quedaba.

Lecciones (mágicas) de democracia

Pudo haber sucedido en cualquier pueblo de nuestra mágica Costa Caribe. En medio del bullerengue electoral y a pesar de los años, una señora trata de hallar su puesto de votación y recurre a un oportuno “guía” de una campaña política cualquiera, quien a su vez le propone que teniendo en cuenta la precariedad de su salud, finja ser ciega para poder ayudarle a votar. Ella acepta con tal de salir pronto del caos.

Qué fácil se muere

Todos los días estamos escudriñando en la muerte, en sus números, en sus causas, en su sevicia pero muy poco en la facilidad con que se muere en este país, en esta ciudad, y sobre todo, en el apego que le hemos llegado a tener.

Hace unos dos años, en Bogotá, una señora detuvo su carro en el semáforo. Llevaba mil cosas en la cabeza, menos la posibilidad de morir. Las mil cosas, la cabeza e incluso la muerte misma terminaron retorcidas entre los hierros del carro, debajo de un bus escolar cuyo freno terminó siendo la vida de los dos conductores.

Cien años de ruido

“El político amateur es la verdadera maldición del país”. Esa era una de las impresiones que de la política colombiana tenía la delegación diplomática británica en nuestro país hace poco más de cien años, y que fue analizada por Marco Palacios, ex rector de la Universidad Nacional, en un libro en el que esboza un perfil de la cultura política colombiana a comienzos del siglo XX, y que se titula “La clase más ruidosa”, aludiendo a la clase política.

¿Infidelidad heredada?

Un amigo cercano ya entrado en los 60 y con varias sociedades conyugales a bordo, me confesó haber descansado el día en que la ciencia descifró el genoma humano y abrió la posibilidad de que la infidelidad fuese hereditaria.

Desde que engañó a su entonces esposa, aún en plena luna de miel, llevaba consigo un remordimiento que parecía no tener fin hasta que el bendito genoma le dio la absolución.

El entrañable “chocorazo”

Para quienes desconocen la mecánica electoral, la palabra “chocorazo” no es más que pegarle a alguien con un chócoro, generalmente en la cabeza, y un chócoro puede ser cualquier cosa. Es uno de esos nombres que le cabe a todo, como decir “esa vaina”.

Una cruzada anti light

¡Nada qué hacer; estamos rodeados! Fue lo primero que se me ocurrió cuando vi en televisión el comercial de una pastilla de vitamina C con una sugestiva invitación: ¡ahora light!

Gaseosas, helados, mantequilla, café, chocolate, leche, hamburguesas y cuanta comida y bebida hay en el mundo se convierten de la noche a la mañana en la exclusiva debilidad del abdomen plano gracias a la inclusión de la palabrita mágica del siglo XXI: light (o ligero, para quienes preferimos el castizo provincial).

La casa sí, la ciudad no

¿Qué hace que una persona arroje deliberadamente un papel o el resto de algún alimento a la calle? Suponiendo, con alto margen de error, que esa persona sea consciente de lo indebido de ese acto, ¿qué le impide detenerse, pensar y esperar hasta encontrar una caneca?

¿Educación, solidaridad, pertenencia? Esos tres valores que le hacen falta en la calle, en un sitio público, seguramente le sobran en su casa. ¿Y entonces qué es… autoridad?

¡Buena esa, cogiste periódico!

Contrario a lo que uno podría pensar, desde hace mucho tiempo es motivo de orgullo para la delincuencia, el que sus hazañas sean publicadas en los periódicos.

Tanto es así que en algunas salas de las casas de los propios delincuentes están enmarcados los recortes de los periódicos con la foto del muchacho al momento de su captura, con mucho más valor si éste tiene una expresión de satisfacción por la “hazaña” y la fama lograda, y claro está, por la confianza de hallarse libre en pocos días.

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Magangué-1970. Espec. en Comunicación para el Desarrollo y Ciencia Política.
Artículos acerca de hechos cotidianos, costumbristas, de actualidad y de cultura política y ciudadana.

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