Cartagena de indias - Colombia
Martes 27 Junio de 2017

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La Palangana

La Palangana es el espacio para relatar historias, anécdotas, crónicas, opiniones y temas de actualidad bajo una óptica caribe.

El closet de la doble moral

Si de algo ha servido la muerte de Fidel es para que muchos salieran del closet de la doble moral.

Si de algo ha servido la muerte de Fidel es para que muchos salieran del closet de la doble moral. Es, nada menos, que la conducta de los fanáticos acérrimos que consiste en tomar los logros de sus líderes, cogerlos de caballito de batalla, y pretender entonces que con eso queden exculpados de todas sus faltas.

Arrázola tenía razón

A todo incrédulo, como a Santo Tomás, tarde o temprano le llegan las evidencias.

Hace unas semanas traté de explicar las teorías del pastor Miguel Arrázola; aquellas que permiten hacerse millonario con el salario mínimo. Confieso que en aquel momento estaba un poco desconfiado porque los métodos que el pastor proponía no sonaban muy verosímiles. Pienso que eso se debía en parte a ese pesimismo natural que los colombianos tenemos ante las buenas ideas que, además de sencillas, suenan atractivas. Pero a todo incrédulo, como a Santo Tomás, tarde o temprano le llegan las evidencias.

Cambiar el mundo

Sueño, en definitiva, con tener el tiempo suficiente para hacer las cosas que me gustan. Ese sería mi éxito.

Sueño con ser el propietario de un bar. Uno pequeño para que no me dé muchos dolores de cabeza, pero lo suficientemente próspero como para matar las culebras del día. Las mismas culebras que todos tenemos; ya sabe usted: un techo, cotizar salud, la educación de los hijos, ropa cómoda, las tres comidas. Y que además me permita uno que otro gustico: un asado con cervezas cada tres domingos, un viaje ocasional a los pueblitos cercanos, una parranda con mis amigos cada primero de enero. No necesito mucho.

Una digna aclaración

Una digna aclaración.

El reloj aún no daba las diez y un sol fatigado ya calaba por los surcos de las frentes radiantes. Un hombre, sudoroso y aturdido por el calor de treinta y seis grados, se subió al primer taxi que pasó. En lugar de acordar la tarifa por adelantado, como es la costumbre, empezó a dar instrucciones desesperadas: bájele a la música, súbale al aire acondicionado y lléveme al cementerio central. El conductor —gafas oscuras, camisa de flores y anillo de plata en el meñique— solo atendió a las dos últimas.

Como caballo cochero

Lleva parches en los ojos, anda con la cerviz agachada, solo camina por la urgencia de la fusta, y el cansancio de los cascos ya se le asoma por la crin.

Manolo Duque ha dicho en una entrevista reciente, con el estilo popular que lo identifica, que anda como caballo cochero. Que si se aprende los detalles de una agenda de trabajo se vuelve loco. Y hay que admitir que el hombre no miente: lleva parches en los ojos, anda con la cerviz agachada, solo camina por la urgencia de la fusta, y el cansancio de los cascos ya se le asoma por la crin.

Hágase millonario con el mínimo

Hágase millonario con el mínimo.

Hace poco vi una conferencia que me hizo dudar de la aritmética básica que creí haber aprendido de niño. Hizo que replanteara los conceptos matemáticos que me impartieron durante mi tortuosa formación de ingeniero. Hizo que examinara la efectividad de mi sentido común. Y qué equivocado estaba; todo este tiempo había vivido engañado.

Instrucciones para un pantallero

Siga estas instrucciones y conviértase en un mejor pantallero.

No sin razón algunos dirán que este texto no es más que una copia raquítica y barata de Manual de Instrucciones del gran Julio Cortázar. Espero, a pesar de ello, que estas pocas líneas puedan contribuir, así sea poco, al duro quehacer de los valientes pantalleros. Sin más preámbulos empecemos.

Instrucciones para comer con palitos chinos:

No somos iguales

Sin embargo la naturaleza sigue su curso a pesar de nuestras opiniones; solo nos queda aceptarla o seguir de tercos

El 21 de mayo atravesé la ciudad para ir con mi hija a ver un concurso juvenil de porristas. O mejor debo decir de cheerleaders porque fue en un colegio de corte y nombre norteamericano, y porque en una valla gigantesca del coliseo se podía leer en letras coloridas: Cheerleading Contest.

Una pregunta de rutina

Esto que voy a contar sucedió en noviembre del año pasado y el testimonio que escuché, que apenas fue de veinte minutos, cada cierto tiempo regresa y me da vueltas en la cabeza.

Esto que voy a contar sucedió en noviembre del año pasado y el testimonio que escuché, que apenas fue de veinte minutos, cada cierto tiempo regresa y me da vueltas en la cabeza.

Esa vez, a eso de las siete de la mañana, tomé un taxi en el aeropuerto de Barrancabermeja. El conductor, de unos treinta años, me hizo una pregunta de rutina: ¿qué tal el vuelo? Nunca imaginé que mi respuesta fuera a desencadenar el relato que voy a intentar resumir a pesar de mi mala memoria. La respuesta que le di al taxista fue: la verdad es que me dormí apenas me subí al avión.

Pequeña postal de un amor citadino

Pequeña postal de un amor citadino.

A lo lejos veo una silueta amplia que va flotando por la carrera 50. Por causa de la hora y de mis ojos gastados, al principio me costó determinar si se alejaba o si se acercaba. Por eso me paré aquí, en lo alto del puente, para tratar de verla mejor. Y ahora, aguzando la mirada, puedo decir con alguna certeza que se viene acercando.

El bendito celular

La triste soledad de nuestro tiempo es elegir estar solos aunque estemos junto a otras personas.

Antes del smartphone yo solía mirar por la ventana. Cuando me subía a un autobús, por ejemplo, desde antes de pagarle al conductor ya mis ojos buscaban con desespero algún asiento junto a la ventana para distraerme durante el viaje. Hoy, en cambio, eso es irrelevante porque, sea que me toque ventana, pasillo o de pie, igual voy a tener la mirada clavada en la pantalla del celular durante todo el trayecto.

Problemas reales para un alcalde ficticio

Problemas reales para un alcalde ficticio

Conozco a una señora que tiene la férrea convicción de que con Vick Vaporub se puede aliviar la mayoría de los males del cuerpo. Por esa razón suele usarlo para despejar las vías respiratorias, curar erupciones cutáneas, combatir el insomnio, aliviar el dolor de cabeza, desinflamar golpes, ablandar callos, destensar contracturas o bajar el nivel de estrés, entre muchas otras. Esto, en últimas, no es más que la versión doméstica del postulado de Maslow que dice que si la única herramienta que se tiene es un martillo, todos los problemas parecen clavos.

Un minuto de silencio

Era un romanticismo de frentes sudorosas y mejillas compartidas; un acople hermético entre pelvis y pelvis; un vaivén acompasado; un fino preludio de un deseo horizontal.

A los trece años fui a una caseta por primera vez. Era una pista de baile improvisada en un piso de tierra. Tenía un área aproximada de diez metros de ancho por veinte de fondo, y estaba limitada por sucesivas láminas de latón de dos metros y medio de altura. En una de las esquinas sonaba un picó, en la esquina opuesta había un kiosco de bebidas, y el resto del espacio era un caos de banquillos y mesitas de madera rústica donde a duras penas cabían dos botellas de cerveza.

Artilugios de la lengua

No supimos en qué momento los negros dejaron de ser negros para convertirse en afros.

No supimos en qué momento los negros dejaron de ser negros para convertirse en afros. No supimos en qué momento decir negro se convirtió en ofensa y pecado mortal. No supimos tampoco en qué momento la fuerza y resonancia de tan gentil vocablo transmutaron en lo impreciso y estrambótico del término afrodescendiente.

Breve desagravio a una dama roja

Breve desagravio a una dama roja

Antes de saber a qué sabía, fue el rojo lo que me atrajo. Un rojo de satín bajo una piel de cristal. La nota precisa en el pentagrama de colores: un rojo eterno y elemental.

Pero los tiempos que corren no admiten demora, y la demanda es inoportuna y feroz. Así que se hizo necesario trasquilarle la cabellera a la prosa y dejarla de un trágico estilo militar; porque el tendero no sabe sino de urgencias menudeadas. Un mercachifle insolente que no ve más allá del vidrio y las letras blancas.

Las lecturas del insomnio

En mi infancia al internet se le conocía con el nombre de Lexis 22.

En mi infancia al internet se le conocía con el nombre de Lexis 22. Era una enciclopedia de veintidós volúmenes de pasta roja y títulos dorados donde se hallaban, en orden alfabético, todas las cosas del mundo con ilustraciones a color. Solía usarse, principalmente, para las consultas académicas. Para el ocio, en cambio, había otro internet más divertido y didáctico: El mundo de los niños, que eran quince libros llenos de historias, plantas, animales, maravillas, poesía y juegos.

La historia de W

La historia de W

En enero del 98 llegamos a Bucaramanga W y yo. Llegamos de Cartagena para cursar nuestras carreras universitarias. Mientras yo me dedicaba al inútil pasatiempo de la nostalgia, W estudiaba sin tregua. Por esa razón nadie imaginaba que aquel muchachito silencioso y aplicado pasaría a ser un intrépido personaje en unos pocos años.

Héctor Abad: un caso de arrogancia

El camino de las letras está plagado de egos.

Es bien sabido que el camino de las letras está plagado de egos. Hemingway, Capote, Shaw o Cortázar, por dar una muestra, fueron ególatras irredimibles. Pero la lista es extensa y en ella caben genios y escribidores por igual. Hace pocos días en un documental transmitido por televisión nacional un autor se quejaba de que «ya los escritores no tienen la última palabra porque ahora cualquier idiota escribe cualquier estupidez en Facebook o Twitter y se cree Dios».

A la salud de las cachorras

Son mujeres en la plenitud de su desparpajo y se lo gozan sin ataduras ni complejos.

Frente a mi mesa hay tres mujeres tomando cerveza ligera y fumando cigarrillos mentolados. Dos de ellas me dan la espalda; la otra me queda de frente. Solo unos pocos pasos nos separan y es por eso que el humo reciclado de sus pulmones me pica en la nariz.

Retrato de un pesimista

Justo cuando cerré la puerta del taxi, y antes de que pudiera articular alguna palabra para anunciar mi destino, el conductor me preguntó a quemarropa: «bueno hermano, ¿por cuál trancón nos vamos?»

Justo cuando cerré la puerta del taxi, y antes de que pudiera articular alguna palabra para anunciar mi destino, el conductor me preguntó a quemarropa: «bueno hermano, ¿por cuál trancón nos vamos?»

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Imagen de guidopolonule

Ingeniero más amante de las letras que de los números.

Últimos comentarios

Nobody

Ojalá los barranquilleros no te lean., te podrían nombrar persona no grata por su tierra y publicar tu foto en el parque Washington para escarmiento público y prohibirte el acceso al C.C....

Instrucciones para un pantallero
sk8erfer

Viejo Guido, opina igual en esa parte final. A veces hacemos las cosas no por los demás sino por nosotros mismos, para decir que ayudamos y creernos mejores personas de lo que en realidad somos....

No somos iguales
papo 1

Viejo Guido eso me recuerda esa salsita que dice:

...

Artilugios de la lengua
papo 1

Viejo Guido eso me recuerda esa salsita que dice:

...

Artilugios de la lengua
papo 1

Excelente escrito, nunca vi tan acertada descripcion de un funeral costeño. Asi mismo recuerdo los de mis muertos pero nunca hubiese sido capaz de describirlos.Con respecto a las instrucciones...

A la memoria de los muertos