Cartagena de indias - Colombia
Lunes 22 Enero de 2018

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La Palangana

La Palangana es el espacio para relatar historias, anécdotas, crónicas, opiniones y temas de actualidad bajo una óptica caribe.

La historia de W

La historia de W

En enero del 98 llegamos a Bucaramanga W y yo. Llegamos de Cartagena para cursar nuestras carreras universitarias. Mientras yo me dedicaba al inútil pasatiempo de la nostalgia, W estudiaba sin tregua. Por esa razón nadie imaginaba que aquel muchachito silencioso y aplicado pasaría a ser un intrépido personaje en unos pocos años.

Héctor Abad: un caso de arrogancia

El camino de las letras está plagado de egos.

Es bien sabido que el camino de las letras está plagado de egos. Hemingway, Capote, Shaw o Cortázar, por dar una muestra, fueron ególatras irredimibles. Pero la lista es extensa y en ella caben genios y escribidores por igual. Hace pocos días en un documental transmitido por televisión nacional un autor se quejaba de que «ya los escritores no tienen la última palabra porque ahora cualquier idiota escribe cualquier estupidez en Facebook o Twitter y se cree Dios».

A la salud de las cachorras

Son mujeres en la plenitud de su desparpajo y se lo gozan sin ataduras ni complejos.

Frente a mi mesa hay tres mujeres tomando cerveza ligera y fumando cigarrillos mentolados. Dos de ellas me dan la espalda; la otra me queda de frente. Solo unos pocos pasos nos separan y es por eso que el humo reciclado de sus pulmones me pica en la nariz.

Retrato de un pesimista

Justo cuando cerré la puerta del taxi, y antes de que pudiera articular alguna palabra para anunciar mi destino, el conductor me preguntó a quemarropa: «bueno hermano, ¿por cuál trancón nos vamos?»

Justo cuando cerré la puerta del taxi, y antes de que pudiera articular alguna palabra para anunciar mi destino, el conductor me preguntó a quemarropa: «bueno hermano, ¿por cuál trancón nos vamos?»

No quiero morirme

No quiero morirme

Creíste que sería fácil, y mira en la que te encuentras. Todo porque no escuchas. Desde la orilla todo se ve sencillo, en la orilla nadie se ahoga. Pero no entendiste que ese miedo congénito a los yates, lanchas, botes, balsas, chalupas y casi todo lo que flote, no era gratuito.

Las manos de Rosina

Las manos de Rosina

En el camino que va de mi casa a la de Rosina, hace veinte años, se veía una tienda de barrio, un equipo de sonido gigantesco, un colegio mixto de educación básica, un cementerio de pobres, un mercadito en la calle, una esquina de drogadictos y un motel. Media humanidad resumida en menos de un kilómetro.

El derecho a la buena champeta

El derecho a la buena champeta

La buena música nunca ha sido un asunto de diplomacia ni lisonjas, sino una cuestión de calidad. Punto. Es inaceptable reclamar reconocimiento por el solo hecho de tener cierta antigüedad en un oficio, como si la mera cuenta de los años trajera por sí sola un caudal de talento. No; así no es como funciona. Primero hay que procurar hacer un buen trabajo, y solo cuando se insiste bastante en ello, con dedicación honesta, una y otra vez, es que la experiencia entrega sus frutos.

El Gabo que conocí

El Gabo que conocí

La muerte de Gabo me conmovió hasta la raíz del alma. No sé bien el porqué. Hacía varios años que Gabo había dejado de escribir y se encontraba en una edad donde morirse no es ninguna sorpresa. No éramos parientes, no fuimos amigos, nunca me firmó un libro, jamás lo vi en persona y tampoco conozco a nadie que lo haya conocido. Lo más cerca que estuve fue una vez que, entrando a un restaurante, mi mujer me dijo que creyó haberlo visto sentado y rodeado de varias personas todas vestidas de blanco. No me detuve y seguí derecho hasta las mesas del fondo.

Diatriba contra Juan Pablo Montoya

Diatriba contra Juan Pablo Montoya

Hace días me encontré una emotiva entrevista a Juan Pablo Montoya publicada en la revista Bocas. Parte de lo que me llamó la atención es que en la introducción que hace el entrevistador, sin pudor alguno, asegura que la carrera profesional de este piloto bogotano «es una de las más brillantes del automovilismo mundial». Y va más allá: dice que su historia —la de Montoya— empezó con una leyenda que se convirtió en mito. Tendré entonces que revisar a fondo esos dos términos: leyenda y mito.

El juego del Bate Tapita

El juego del Bate Tapita

La mayor preocupación de las madres era que a sus hijos les fueran a sacar un ojo. Los muchachos, por su parte, solo se preocupaban por completar la cuota de tapas para poder entrar al juego; que es una versión simplificada del béisbol; un juego caribe producto de la recursividad y que además es de una sencillez bellísima que encaja perfecta en el desparpajo popular. Es el juego del bate tapita.

Redes sociales: el triunfo del pantallero

Redes sociales: el triunfo del pantallero

Tenía yo unos nueve años cuando en una tarde de juegos, emocionado y buscando agradarle a una niña del barrio, en uno de los lances del juego de La Lleva me arrojé al piso como lo haría un beisbolista profesional. Al principio pensé que había logrado mi objetivo, pero pronto supe que no, pues allí, a sus pies, la chica me espetó una mirada de desprecio al tiempo que me reclamaba "tú sí eres pantallero". Para no confundirnos con otras acepciones, el pantallero al que me refiero es aquella persona que tiene una marcada tendencia al protagonismo excesivo.

Fútbol: escenario de riesgo

Fútbol: escenario de riesgo

Le decían Cabas, pero nunca supimos su nombre verdadero. El remoquete surgió automático de la similitud de su pelo alborotado con el del cantante Andrés Cabas. Es que en la gente del Caribe, rebautizar a otro con un apodo, es un arte que florece al primer golpe de vista. Él era un muchacho de unos veinte años, fuerte, de huesos largos, de vestimenta descuidada y zapatos rotos, de maneras toscas e hirsutos cabellos caóticos del color del óxido.

No tenemos todo el día; la tarde sí

No tenemos todo el día; la tarde sí

Para mí era una gran angustia que mi madre caminara tan rápido. Se me perdía entre el tumulto de gente en las callecitas estrechas del centro. Su afán no daba tregua. Por eso, siendo niño, mi mayor preocupación era pensar que un día se adelantaría tanto que ya no sería capaz de alcanzarla. Yo, que siempre he sido de paso lento, no entendía por qué todas sus diligencias tenían que ser con ese apuro. Me la pasaba esquivando transeúntes, portones y chazas de dulces para tratar de seguirle el ritmo; pero por mucho que lo intentara siempre iba rezagado.

Luces que son puentes

Luces que son puentes

Con las puntas de unas tijeras va rizando un trozo de cinta roja y dorada que poco a poco va tomando la forma de una flor. Ella me mira, sonríe y me corrige: no es una flor; es un lazo. Estimo que le tomará toda la tarde completar los que le faltan. Dice que le invertirá el tiempo que sea necesario. Entonces levanto los ojos y al verla a contraluz, seria y rodeada de cintas, escarcha, renos de felpa, guirnaldas y luces, noto que la navidad ha llegado este año a mediados de un noviembre frío que es ajeno a nuestra manera de celebrar.

De chismosas y borrachines

Hay dos elementos que no faltan en un barrio popular: un grupito de borrachines y una cuadrilla de chismosas.

Hay dos elementos que no faltan en un barrio popular: un grupito de borrachines y una cuadrilla de chismosas. Elementos que con frecuencia son complementarios. Cuando la agitada agenda de las chismosas se queda sin novedades, entonces recurren al inagotable comodín de criticar a los borrachitos de siempre; y cuando los borrachines se quedan sin trago, motor etílico de sus tertulias y sus noches, se consuelan achacando su mala fama a las viejas chismosas que han renunciado al noble propósito del buen vivir por el fin abnegado de entrometerse en la vida ajena.

Un asunto de memoria

Un asunto de memoria

Una tarde de diciembre caminaba por el Paseo de la Castellana. A varios metros, en una placita, vi un conjunto de unos veinte pupitres dispuestos en un amplio cuadrado. En cada uno había un muchacho silencioso, cabizbajo y pensativo. En el interior del cuadrado un señor corpulento iba de puesto en puesto en una ronda perpetua. Se trataba de una partida simultánea de ajedrez.

La leyenda del Tigre Leal

La leyenda del Tigre Leal

Cuando Abel Leal se salió un momento de la caja de bateo para tomar un respiro, su compadre Humberto Bayuelo, que era el bateador prevenido, se le acercó y le dijo: «compadre no se deje ponchar; hágalo por mi mamá». Era la tarde del sábado 30 de septiembre de 1972 y se jugaba la final del campeonato nacional de béisbol.

Oficinistas inconformes

Los oficinistas inconformes somos, por decirlo de alguna manera, gente extraña.

Los oficinistas inconformes somos, por decirlo de alguna manera, gente extraña. Impulsamos el progreso, pero somos infelices.

Oficinistas incoformes

Los oficinistas inconformes somos, por decirlo de alguna manera, gente extraña.

Los oficinistas inconformes somos, por decirlo de alguna manera, gente extraña. Impulsamos el progreso, pero somos infelices.

El viejo Mike

El viejo Mike

El progreso entró a la casa con un televisor a color. Antes de eso había uno a blanco y negro en el que solo se podía sintonizar el canal 2 y una emisora de canciones románticas. Con el nuevo televisor, en cambio, además del color y del canal 1, llegó también la señal de Telecaribe y, con ella, el béisbol de grandes ligas.

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Ingeniero más amante de las letras que de los números.

Últimos comentarios

Nobody

Ojalá los barranquilleros no te lean., te podrían nombrar persona no grata por su tierra y publicar tu foto en el parque Washington para escarmiento público y prohibirte el acceso al C.C....

Instrucciones para un pantallero
sk8erfer

Viejo Guido, opina igual en esa parte final. A veces hacemos las cosas no por los demás sino por nosotros mismos, para decir que ayudamos y creernos mejores personas de lo que en realidad somos....

No somos iguales
papo 1

Viejo Guido eso me recuerda esa salsita que dice:

...

Artilugios de la lengua
papo 1

Viejo Guido eso me recuerda esa salsita que dice:

...

Artilugios de la lengua
papo 1

Excelente escrito, nunca vi tan acertada descripcion de un funeral costeño. Asi mismo recuerdo los de mis muertos pero nunca hubiese sido capaz de describirlos.Con respecto a las instrucciones...

A la memoria de los muertos