Cartagena de indias - Colombia
Viernes 18 Agosto de 2017

Ediciones anteriores


Iniciar sesión

Origen y hervor de la plebedad

Alguna razón “mal nacida” hizo que, durante las primeras décadas del Siglo XX, a ciertos sectores de la Cartagena popular se le endilgaran los resabiados nombres de Huevo Pelúo, Pepita en Mano y Chucha Raspá. Por sólo mencionar algunos de los más antiguos, pues en la actualidad, nombres con énfasis vulgar han surgido de numerosos barrios marginados de las grandes decisiones de la ciudad.

En aquel entonces, tal como ahora, se trató de nombres referidos a rincones “sucios” o a los orificios y miembros del cuerpo. Todos nombres llamativos con altos contenidos simbólicos. Lo curioso era (y es) que surgen al lado de las calles que llevan nombres de próceres y dignatarios. Al lado de nombres como Olaya Herrera, Pedro de Heredia, Daniel Lemaitre o Crisanto Luque, surgieron nombres como Chapundún, Por Mis Cojones, La Candela, El Pozón, La Cuchara, Tripita y Media, Calle de la Lengua, El Salivón.

En cuanto a Huevo Pelúo se trató (en ese entonces) de una nutrida población de pescadores artesanales asentada entre las playas de Marbella y el ancestral barrio de Canapote. La zona llega hasta la Casa Presidencial de Rafael Núñez de donde empezaban los linderos de las tierras cedidas a los descendientes de su servidumbre (algunos nietos de esclavos manumisos) por parte de su esposa Soledad Román de Núñez.

La historiografía nunca ha abordado en serio los pasajes de la leyenda negra del Regenerador que durante décadas se gestaron. La tradición oral de Cartagena recuerda los célebres baños de playas que éste personaje (cuatro veces presidente de Colombia) realizaba desnudo, sus andanzas con mujeres “públicas”, sus enconadas batallas vulgares de quien escribió nuestro himno nacional y quien escandalizó a la sociedad capitalina de la época.

Esta zona de Huevo Pelúo fue el epicentro de la vida popular y de festines, no obstante se constituyó en margen así como los sectores de Pekín, Pueblo Nuevo y Boquetillo, ubicados por fuera del recinto amurallado.

Hay unos códigos de moralidad que emparentan a lo religioso con el poder social. Y por tanto lo grosero y burdo, o chabacano, no estará en la posición de quien domina. La plebeyez está en la boca y en la corporalidad de los subordinados. Esta plebeyez de alguna manera se rebela en grosería, en esperpento; se afila, se afina y se convierte en riposta social.

Por ello, los vulgares, los de abajo, la escoria, “la baja estofa”, debe habitar sus recintos; de ahí la imprecación del nombre impuesto a Huevo Pelúo para hacer referencia al miembro viril del hombre habitado acaso por ladillas y aires insalubres, aires de desecho.

El origen exacto del nombre de Huevo Pelúo se le debe a una conocida matrona de Cartagena llamada Olga Cardona, que para referirse a los tres barrios marginales de la Cartagena de Indias de 1885 (Pekín, Pueblo Nuevo y Boquetillo) se refería con ese nombre a estos márgenes. Fue famosa su frase: “De aquí para allá Canapote, de aquí hacia adentro es Huevo Pelúo”, según me lo contó mi amigo filósofo e investigador Enrique Muñoz.

Cartagena de Indias, por su configuración: una pequeña villa cercada por murallas, podía darse el lujo de márgenes como tal y además como obstáculo físico resultó ser una eficiente manera de segregación sutil que configuró dos ciudades en una; la una hermosa, llena de blasones, con historia oficial y decimonónica y nombres ilustres; y la segunda con terrazas y calles curtidas para el goce popular, una intensa historia aún sin contar y con calles con nombres de plebedades.

Lo anterior permanece vigente hasta en la mentalidad de los cartageneros, incluyendo a los ilustres. Los intelectuales que tratan de definir la Cartagena de hoy se encuentran con el escollo de esta dualidad. El investigador Frank Patiño (2010) al momento de hacer una historia de la música champeta dentro del marco del Festival de Música del Caribe, señaló:

<<Eduardo Lemaitre escribía alguna vez: “Como primera medida, es totalmente falso, que Cartagena sea una ciudad caribe o ‘caribeña’… la vieja Cartagena… es una ciudad hispánica… Otra cosa es la cultura caribe de nuestra época y en tal sentido ya puede decirse que hay una música caribe, una arquitectura caribe y una literatura caribe o ‘caribeña’, pero la vieja Cartagena no tiene, ni tener podía, nada que ver con esto”>>.

Esta cita resume lo que los intelectuales de las élites pensaron siempre de la ciudad: que quienes no pertenecían a ella no eran cartageneros ‘raizales’ y que, en cierta forma, pervertían su autenticidad.

Quedó claro así lo que los intelectuales e historiadores de la vieja ciudad entendían: una ciudad escindida desde su nacimiento y que por derecho natural las élites dominantes tenían su espacio mientras que en los extramuros las clases populares desplegaban su esencia y enriquecían la vida en la plaza pública.

Volviendo a  Huevo Pelúo --con el paso del tiempo-- por una razón de dignidad, la ciudad enmendó la afrenta y a mediados de los 80s empezó a llamarle con el eufemismo histórico de “La Calle de La Plebedad”. Así siguió llamándosele hasta hace sólo seis años cuando, nuevamente en aras del desarrollo, las autoridades expropiaron a cerca de trescientas familias pescadoras del lugar para enviarlas a vivir arrinconadas en barrios ubicados al otro extremo de la ciudad.

De esta manera estos descendientes de los portadores de la sabiduría del mar perdieron sus modos de vida y su playa, no obstante su “plebedad” fue llevada a esos nuevos recintos como si se tratara también de una prenda del baile que llevaban junto a una vigorosa tradición de convivencia.

Hablo de convivencia porque este fenómeno de migración interna se extendió por toda la ciudad y con ella se trasladaron también sus formas de goce y sus narraciones de plebeyez, narraciones que hoy se insertan en la música champeta y otras expresiones. Ese espíritu sigue vivo. Nadie te "mama gallo" sino te estima. En Cartagena de Indias las expresiones vulgares antes que constituirse en una agresión verbal es una invitación a la convivencia en el ámbito de lo festivo. Es la palabra como juguete, la palabra que recrea la vida y la dimensiona de manera crítica. Toda alusión es enhebrada con acepciones dispares.

Es claro pues que “lo plebe” es indisoluble y que además sobrevive permeando cada rincón donde se explaya. No hay decisión de poder que pueda disolverle y que impone su presencia en los recintos íntimos y públicos. Ahí está y estará, aunque no le cuadre a muchos.

Por eso el análisis de una pieza musical o una canción de carácter “plebe” nos brinda la posibilidad de hallar relaciones históricas, tal es el caso de El baile de la pluma o de cualquiera de las de la Niña Emilia, o de las actuales de Mister Black.

Así como se hallan relaciones intrínsecas de desquite social en los versos de poetas como “El tuerto” López o Raúl Gómez Jattín, en las novelas de Cabrera Infante, de Roberto Burgos Cantor o en las del mismo Gabo, se pueden encontrar elementos contrapuestos al poder en una fotografía de anuncios en el Mercado de Bazurto, o en un aviso de fritangas.

Se trata de una resistencia ejercida desde los habitantes marginados por siglos a una vida espuria. Así lo bien dicho versus lo mal dicho nos narra una historia inédita.

 

Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin y no reflejan la posición u opinión de www.eluniversal.com.co.
Este es un espacio de participación de los usuarios Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Blogger

Imagen de juancarlosguardela

Periodista y cronista. Comunicador social y documentalista. Docente universitario. Magister en Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana.

Últimos comentarios

Está en la promesa.

Un buen pastor

Lectura exquisita para un viaje a la conciencia.

La sombra es cosa seria

Excelente texto muchachón...quiere decir que escribir es una razón excelsa, una exquisita dedicación...para seguir vivos.

El reino de la tienda