Los hombres que no amaban a las mujeres

12/05/2010 - 10:20

No se dejen intimidar por el largo y truculento título, ni porque sea sueca o porque no conozca a ninguno de los actores; Los hombres que no amaban a las mujeres (2009) es una excelente adaptación del libro homónimo escrito por Stieg Larsson, un éxito en ventas a nivel mundial con una controversial historia detrás de su autor.

Lograr que un best seller se convierta en un éxito en taquillas y que al mismo tiempo deje satisfechos a sus seguidores no es una tarea fácil, muchos realizadores han fallado en el intento.
Cuando me enteré que Hollywood andaba detrás del libro de Larsson para hacer una adaptación “a su manera” me asusté. Me imaginé a Tom Hanks interpretando al periodista Mikael Blomkvist y a Keira Knightley como Lisbeth Salander, y todas las escenas crudas que aparecen en el libro censuradas para no ofender al público más delicado, es decir, la receta para un desastre.
La versión Hollywoodense la habrían rodado en Canadá y los nombres de los sitios cambiados para que los espectadores no se enredaran con esos complicados títulos suecos.
No tengo nada en contra de las grandes producciones gringas, las consumo con el mismo gusto con el que me como un chocolate, pero hay historias que deben ser inalterables.
Afortunadamente los suecos se adelantaron e hicieron su versión, con sus actores, en su idioma y en los sitios donde se sitúa la trama del libro. Un total acierto.
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El suspenso y la incertidumbre que mantienen a los lectores pegados a las más de seiscientas páginas del libro se trasladan a la pantalla, la historia atrapa.
Mikael Blomkvist, un periodista que atraviesa por una crisis en su carrera debido a una publicación que lo llevó a ser juzgado y condenado a tres meses de cárcel por calumnia, es contactado por un retirado millonario, Henrik Vanger, perteneciente a una de las familias más influyentes del país, quien desde hace 40 años carga con la incógnita de saber qué le pasó a su sobrina, desaparecida durante una reunión familiar.
Henrik Vanger le encarga a Blomkvist averiguar quién de sus familiares mató a su sobrina. Algo que ni él ni la policía pudieron resolver durante esos años.
A regañadientes Blomkvist acepta el trabajo y termina metido en una serie de intrigas que lo llevarán a descubrir una retorcida historia familiar en la que hay nazis, padres abusivos, madres descuidadas y una variedad de personajes que se pueden encontrar en cualquier familia disfuncional, pero que en este caso se convierten en potenciales asesinos.
Quien lea el libro o vea la película no dejará ni por un segundo de especular sobre la identidad del asesino y, como en las mejores historias de misterio, el final no decepciona.
Los hombres que no amaban a las mujeres moderniza el viejo y desgastado empaque de las clásicas historias de misterio agregándole elementos contemporáneos que hacen que la trama sea acorde con una realidad que vemos y leemos a diario a través de los medios, a pesar de desarrollarse en un país europeo fácilmente podría estar pasando en cualquier lugar del mundo.
El tema de fondo, el abuso del que son víctimas las mujeres en Suecia, es abordado desde una óptica local, como un problema que se presenta en la sociedad sueca moderna y que es visto por la misma comunidad con indiferencia y hasta con complacencia.
Al igual que en la película, en Suecia, como en tantos otros países, las altas cifras y los testimonios sobre abuso a las mujeres son un oscuro secreto que a nadie sorprende cuando salen a la luz pública pero de las que nadie habla y prefiere mandar al olvido rápidamente, es una realidad incómoda.
Larsson plasmó en el libro esa realidad universal de una forma que resulta atractiva, intrigante y que penetra en el lector /espectador sin perder su responsabilidad como periodista de denunciar.
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Su heroína, Lisbeth Salander, una oscura y conflictiva joven que tiene una cruzada personal contra los hombres que, según ella, odian a las mujeres, es la encargada de ayudar a Blomkvist a resolver el misterio sobre el asesino de la joven de la dinastía Vanger.
A primera vista pareciera ser que Blomkvist es el personaje central de la película pero el verdadero corazón de la historia es Lisbeth.
Blomkvist es lo viejo, el misterio, los secretos, los conflictos; Salander con su aspecto infantil queriendo ser intimidante por la forma en que se viste y su actitud adolescente de “no me importa nada y yo puedo sola contra el mundo”, llega para desenredarlo todo a punta de tecnología.
Lisbeth, la hacker desprendida de todo y cuya única motivación parece ser poner en evidencia a los hombres abusivos que se cruzan en su camino, es en el fondo la personificación de la pérdida abrupta de la inocencia y el hilo conductor que enlazará las historias que conforman la trilogía.
Lástima que Larssen muriera de un ataque cardiaco antes de terminar las siete entregas de esta historia que había planeado.
El autor sospechaba que tenía una gran historia entre manos, pero tal vez, nunca se imaginó que el éxito iba a ser de la magnitud que ha alcanzado y que ha llevado a sus familiares y a la compañera que estuvo con él durante muchos años a enfrentarse por las jugosas regalías que la obra está acumulando.


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