200 Mejores Orquestas Salseras del Mundo(3).

22/12/2016 - 10:18

200 Mejores Orquestas Salseras del Mundo (3).
En las Brumas de mis Recuerdos.
Después de un largo peregrinar por la música de antaño con las orquestas pioneras de la salsa, acompañado de los sones inmortales del Trío Matamoros, de la Gran Banda de Benny Moré, la Orquesta Aragón de Cuba y la Sonora Matancera, continúo ahora con el último grupo de los grandes de ayer, que todavía viven en mi mente, aunque sea en la bruma de mis recuerdos:
La Orquesta Casino La Playa se inmortalizó en mis recuerdos perecederos en este mundo con canciones inolvidables como Bruca Manigua, Mis Cinco Hijos, Cachita, Bacosó, Taboga y Rumba Blanca, entre otras.
Aunque la Casino de la Playa, o Casino La Playa como la llaman algunos productores de sus discos (Yoyo Músic USA.) nació en 1937 y dejó de actuar al final de los años 50 del siglo pasado, recuerdo que sus canciones sonaron hasta en los primeros años de la década del 60 y mis hermanos y amigos quedamos fascinados con las notas y letra de Bruca Manigua en la voz de Carlos Díaz y el Gran Miguelito Valdés.
Rumba Blanca es una de las canciones que hizo historia con La Casino en los años referenciados, a través de las emisoras radiales de Cartagena y en nuestras fiestas familiares en esos lejanos años.
Hoy, la tecnología permite agregar un disco compacto a mi colección con algunas de las canciones referenciadas, y aunque el CD, no incluye estas canciones recuerdo fragmentos en su orden:
Yo soy Carabalí, negro de nación,
sin la libertad no puedo vivir,
tu queré acabar con mi corazón,
tanto maltratá a mi corazón.
¿Que quiere bruca maniguá ¿aé,
esa negra a mí me engaña bruca maniguá, aee!
Rumba Blanca es otra deliciosa canción de antaño:
No hay que ser un negro lucumí,
ni tampoco, un esclavo ya,
para sentir ansias de gozar,
cuando resuena un bongó…
Rumba blanca, llevas siempre los recuerdos,
de verdes palmeras y un cielo azul,
rumba blanca,
cuanto quiero a mi Cuba bella
volver a ver…
Es evidente el sello afroamericano de la letra de las canciones, al igual que sus melodías, las cuales hacen recordar, tiempos no mejores, tal vez, pero si llenos de alegrías y de ese goce celestial que sentimos los humanos con los ritmos del Caribe.
A los Guaracheros de Oriente los conocí en el Barrio Las Delicias, La Esperanza en los bailes de las casetas novembrinas de los años 60, cuando los picós se nutrían también de esa música, de forma inevitable, porque se convertía en éxito a través de las emisoras radiales y los muchachos de entonces con los” viejos gozones”, los disfrutábamos “mamándole gallo” a nuestros compañeros menos agraciados por la naturaleza.
Ahora recuerdo a El Nenito y a Zacarías dos personajes mayores del barrio, pesos pesados en esta categoría, a quienes en voz baja les cantábamos:
La fiesta va a comenzar,
y tengo una orden severa:
el que venga como sea ,
no dejarlo entrar,
póngase un saquito para que pueda gozar…
¡Ud. no puede pasar
la fiesta no es para feos!
Ay! Váyase pa’ otro lugar,
la fiesta no es para feos!
“Échale Tierra y Tápalo, y El pregón de los Chicharrones” son otras dos canciones que alcanzaron altos niveles de popularidad en esta ciudad por su ritmo picante y por la picardía de sus letras; todavía su recuerdo perdura en la mente de muchos cartageneros, al punto que en los recurrentes casos de corrupción de la administración pública que vive la ciudad, el refrán popular de la gente convencida de la impunidad es este: échale tierra y tápalo, échale tierrita y tápalo…
Los Guaracheros de Oriente iniciaron su vida artística en 1940 y estuvieron activos hasta el año 2006 sin su creador; Antonio Fernández, más conocido como Ñico Saquito fue el líder fundador de esta gran agrupación de la música cubana; sandritocubanito.blogspot.com.co dice de Ñico:
Discreto como cantante y guitarrista, Ñico es el mejor compositor de guarachas que haya producido Cuba: Un reportero de nuestra vida cotidiana, un maestro de nuestra idiosincrasia. Ñico se movía entre Santiago y La Habana siempre componiendo y formando grupos según se le presentaba oportunidad.
La continuidad-en este ensayo- del sello afroamericano en la música del Caribe la da el Conjunto de Arsenio Rodríguez: “El ciego maravilloso” quien en sus varias décadas de músico innovó el son Cubano y el guaguancó e introdujo un nuevo formato de orquesta, que sentó los cimientos de la salsa de nuestros días, y fue un magistral intérprete del tres, ese maravilloso instrumento de cuerdas.
Sólo hasta hace poco se dio mi encuentro con las canciones de Arsenio salvo: Fuego en el 23 y Se
Me perdió la Cartera interpretados por salseros contemporáneos de gran calidad.
Jairo Grijalba Ruiz en la Gran Revista musical del Caribe: La Lira -en la cual escribe con mucha sapiencia mi amigo Kike Muñoz- explica que:
Las claves del son y el guaguancó, así como la estructura del conjunto que Arsenio consolidó en la década del 40 en Cuba, se expandieron por toda Latinoamérica en un explosivo reguero de sabrosura a través de las orquestas de salsa de los años 60 y 70 que relanzaron sus pimentosos montunos, en una escalada de sandunga sin precedentes en la historia de la música latina, convirtiendo al “Brujo de Macurijes” en la figura central del nacimiento de la salsa como la expresión más viva del nuevo barroco latinoamericano.
Con el gran Tito Rodríguez y su orquesta mis afectos son mayores y el acercamiento más estrecho: En la compañía del” Inolvidable”, aprendí también a gozar del bolero y a enamorar con las letras de sus canciones; mi hermano Rafael y yo, a menudo hacíamos dúo en las fiestas cantando las canciones que con facilidad aprendíamos escuchando las emisoras de radio; eran los sublimes años de la adolescencia cuando el amor y las pasiones corren a raudales y Tito fue nuestro mejor aliado para enamorar a las chicas del barrio y para rememorar los amores idos.
Mis contactos con la música caliente de Tito, a pesar de su gran repertorio y los valiosos aportes que hizo a esta, fueron muy escasos y lo son hasta el presente, al punto que únicamente puedo reseñar a Descarga de Timbal y Pachanga Baby: un par de petardos de esos de los buenos, que jamás se olvidan.
Sin embargo, pese mi adoración por la salsa, me quedo con Tito el bolerista y de todas sus canciones seguiré cantando “Inolvidable”:
En la vida hay amores,
que nunca pueden olvidarse…
He besado otras bocas,
buscando nuevas ansiedades
y otros brazos extraños
me estrechan llenos de emoción,
pero tan sólo consiguen hacerme recordar los tuyos,
que inolvidablemente vivirán en mí…
Aunque Tito comenzó a grabar desde el año 1939, continuó cantando hasta 1973; hoy lo hace desde el cielo de los artistas, en los LP. que ahora comienzan a revivir a precios exagerados, en los CD. remasterizados y en nuestras voces cada vez que escuchamos sus canciones y cantamos a solas o a dúo con él.
Finalmente, no podía olvidar al Trío La Rosa (1947-1979 aprox.) -con sus canciones: Adiós Compay Gato, No, No que Va, Huérfano Soy y la célebre María Cristina - y a los centenares de grupos que hicieron el trabajo pionero de la salsa de hoy pero que sin embargo no logro recordarlos; a todos ellos mis reconocimientos de este humilde melómano, a quienes sus amigos de la U. un día, años atrás llamaron El Trovador, precisamente por ese gran goce de cantar nuestra música, esa que hoy todavía vive en mis recuerdos después de más de 60 años de vivirla. CONTINUARÁ…


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