¡ La Tragedia de Mocoa era Evitable: La de La Popa También lo es!

03/04/2017 - 11:53

¡La Tragedia de Mocoa era Evitable: La del Salto del Cabrón de La Popa También lo Es!
Duele el alma de nuevo al perfilar estas notas, al comprender como más de cuatro centenares de colombianos, habitantes de Mocoa, capital del marginado Departamento de Putumayo, entre muertos y desaparecidos abandonan este mundo terrenal, como se producen centenares de heridos y miles de damnificados y queda en emergencia ambiental una ciudad, un departamento, a causa de un desastre de la naturaleza, que bien pudo haberse evitado, usando sólo el sentido común, que de manera desafortunada es el menos común de los sentidos.
Hoy, cuando la tragedia sigue cobrando mayor número de víctimas, se repite el interminable cuento del Gallo Capón: Las lamentaciones de quienes no hicieron nada por evitar el desastre, pudiendo haberlo hecho , la declaratoria del estado de calamidad pública para agilizar recursos oficiales ante la emergencia, recursos que muchas veces toman otros rumbos y las condolencias a los familiares sobrevivientes.
Mas también vienen las advertencias del ahora sí! Alerta para que no se repita en ninguna otra parte del país! las cuales llegan a oídos de funcionarios sordos e indolentes y de escasos saberes sobre el ambiente y el riesgo, continuando así la ola de la absurda pérdida de humildes y excluidas comunidades de la nación.
Es el triste cuento del Gallo Capón en su versión completa que escuchamos a raíz de los nunca dejados de lamentar sucesos trágicos de Armero (1985) y Gramalote (2010).
Es el “mismo” cuento del “mismo” gallo, casi completo ante las inundaciones que vivimos los cartageneros con el Johan en1988, luego las inundaciones de 1999, 2010 y otros años que la memoria obvió por cuestiones de salud mental, más no así los miles de damnificados, a quienes en su gran mayoría nunca se les ha resuelto su situación.
Continúa siendo la misma historia del gallo ante el derrumbe de varios centenares de viviendas en el marginado y excluido Barrio San Francisco y continuará este canto hasta cuando los anhelos de cambio social, sean catalizados por representantes legítimos de los humildes, que tarde o temprano han de llegar a las esferas gubernamentales y centros de poder, diciendo por siempre no a los lobos vestidos con piel de oveja, y que me excusen los lobos y las ovejas por esta odiosa comparación.
¡Que la tragedia que hoy enluta el alma del pueblo humilde, de clase media de Colombia y de pequeños círculos de los poderosos era evitable, no cabe duda alguna! Todas las condiciones que se dieron eran previsibles por los entes estatales, quienes desde todas las esferas debían garantizar los beneficios de Estado Social de derecho, construyendo el bienestar comunitario y ejerciendo sus funciones de planeación, control y el ejercicio simple de la autoridad.
Sin embargo, los entes nacionales, regionales y locales permitieron que una ciudad fundada en las antiguas terrazas de un rio creciera de manera desordenada, sin planificación alguna a lo cual se suma la cercanía de quebradas, y otros ríos, además del Mocoa, como El pepino, Sancoyaco y Mulato.
A lo anterior se suma la deforestación del entorno, producto de asentamientos ganaderos, explotación minera, y la falta casi total de control de la erosión y deslizamientos permanentes de tierra, en una zona afectada por este fenómeno, producto de la lluviosidad extrema y de la falta de control de los taludes circunvecinos.
Como si no bastara lo anterior hay que agregar los errores cometidos en la construcción de vías , que desestabilizan las montañas, al igual que los efectos, también extremos, que genera el cambio climático que impacta de manera negativa las selvas, los llanos, las montañas los ríos y nuestro Mar Caribe, cambio climático, cuya adaptación ni siquiera se vislumbra aún en el Putumayo y en el resto de la vasta región amazónica.
Ante esta dolorosa situación, y compartiendo criterios con el ambientalista Rodrigo Botero, de quien se ha tomado la información ambiental, además de las medidas humanitarias y de reacción inmediata ante la tragedia, es necesario aprender bien esta enseñanza:
“La lección es clara y se necesita intervenir en varios frentes: cambio drástico en la planificación del desarrollo urbano de Mocoa, lo cual implica reasentamientos definitivos para varias zonas. De otra parte control real y efectivo del uso del suelo en las zonas de las cuencas que circundan la ciudad, lo cual implica además la aplicación de laley,una revisión profunda del ordenamiento del suelo rural y una presencia efectiva en el territorio, en las goteras de sus oficinas principales y finalmente una adecuación a los eventos extremos climáticos que tiene efectos sobre los diseños y ubicación de ciudades, infraestructuras y manejo de áreas de riesgo en ríos y laderas , entre otros.” (Semana .com.Abril 2. 2017).
¡Es esta la lección que necesita aprender también la comunidad cartagenera; la pobreza material, no puede continuar siendo la excusa para destruir ecosistemas, en cuya habitabilidad se arriesga la vida de los humanos, y de manera especial, la de niños y niñas, quienes son como siempre las víctimas más inocentes de los errores crasos de los adultos¡
Más corresponde al Estado y a los poderosos detener con medidas eficaces la creciente pobreza que azota sin piedad a los cartageneros, generando más trabajo decente en las empresas privadas y públicas, (que aún sobreviven) poniendo fin a la corrupción desaforada que se traga las arcas de algunos entes, a costa del bienestar comunitario, y en una palabra redefiniendo las políticas de bienestar del gobierno en todos sus niveles, en una de las ciudades de mayor desigualdad y pobreza de Colombia
De igual forma es necesario controlar los asentamientos subnormales, las invasiones, el uso inadecuado del suelo urbano, ejerciendo la autoridad correspondiente sobre los invasores de todo tipo, (cuello blanco y de camiseta barata)lo cual debe estar acompañado de un proceso fuerte de educación ambiental sobre el riesgo natural, para que nuestras comunidades habitantes de los cerros y colinas, caños, lagunas, ciénagas, playas e islas, sepan y comprendan que la naturaleza merece respeto y que no puede ser desafiada, por muy grande que sea la pobreza, la injusticia de los poderosos y la desidia estatal: ¡La vida es el valor supremo de la humanidad!
Sin embargo, la necesidad más urgente que debe ser satisfecha a la comunidad cartagenera es la de los reasentamientos en zonas de cero riesgos ambientales.
En esta coyuntura, cuando la desaparición de una gran parte de Mocoa y de sus habitantes, obliga a mirar nuestras propias y lamentables realidades socio ambientales, hay que continuar repitiendo que una tragedia de gran magnitud, provocada por el derrumbe total del Salto del Cabrón de La Popa, es totalmente evitable.
La gravedad de la situación, si bien es cierto que necesita la socialización sobre la amenaza inminente que pende sobre la vida de las comunidades circunvecinas, lo inmediato es la reubicación de las familias, algunas de las cuales se juegan a diario la vida, argumentando, cosa absurda, pero real: no tener que pagar costosos servicios públicos en otro sitio, con mayor dignidad donde le ha ofrecido el gobierno.
Hoy, las comunidades del Cielo y La Quinta asentadas en la base y en la misma garganta del Salto, deben ser favorecidas con la reubicación urgente, antes que los centenares de toneladas de piedra sólida y roca suelta las sepulten, antes que se genere una nueva tragedia parecida a la de Mocoa, por sus magnitudes de posibles pérdidas de vidas humanas, aunque cada cual en su contexto ambiental.
Pero El Salto del Cabrón, es ahora la cara más visible de la crisis ambiental de nuestro emblemático cerro; sin embargo, desde hace muchos años atrás La Popa se cae a pedazos con cada fuerte aguacero, las invasiones de los necesitados y de los avivatos y delincuentes que se roban lo público se han multiplicado por doquier, mientras la fauna se extingue y la deforestación se hace más aguda cada día.
Es necesario, entonces aplicar de inmediato el “plan de recuperación ambiental integral”, al cual está obligado el Distrito de Cartagena por reciente fallo judicial, pero más urgente aun es la aplicación del plan de salvación del Salto, la ejecución de las medidas técnicas de salvamento, propuestas por los expertos antes que se desplome por completo, con la consiguiente pérdida de vidas en todas sus manifestaciones, para evitar las consabidas lamentaciones inútiles y la presentación de querellas judiciales con repetición contra las autoridades civiles y ambientales , por no actuar a su debido tiempo.
Que la Virgen de la Candelaria ilumine la mente y sensibilice la voluntad de nuestros gobernantes de la Nación, el Departamento y el Distrito, para que pronto muestren acciones efectivas en la solución de este grave problema, el cual de manera desafortunada, no es el único de una de las ciudades más afectadas por la crisis ambiental en la cuenca del Gran Caribe.
¡Paz en las ultimas moradas de nuestros hermanos y hermanas de Mocoa, soluciones humanitarias urgentes para los damnificados, protección inmediata e integral para nuestros niños y niñas desamparados y que Dios permita que jamás volvamos a repetir esta oración por ninguna comunidad de Colombia, porque las autoridades colombianas usarán el sentido común de hoy en adelante!


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