Cartagena de indias - Colombia
Domingo 04 Diciembre de 2016

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Los sitios de Cartagena.Primera Parte: El Sitio del Bicentenario.

Los Sitios de Cartagena. Primera Parte: El Sitio del Bicentenario.

Cartagena de Indias, ciudad emblemática de Colombia y el hemisferio occidental, sin duda alguna, con el heroísmo de su pueblo y el liderazgo de  la dirigencia criolla construyó la nacionalidad de la actual Colombia convirtiéndose en paradigma para las luchas de liberación en América Latina.

Por estas valederas razones , es muy loable que entidades tan respetables como  el Banco de la República,  se dedique  a rememorar la significación histórica de uno de los sitios más sangrientos que registra la historia  nacional, acaecidos  hace 200 años   con la responsabilidad política del colonialismo español   bajo el mandato del rey Fernando VII.

Por otra parte es muy significativo que  el Parlamento Nacional de escritores recientemente reunido en la ciudad, dirigido por  Jocé Daniels, mediante manifiesto declare criminales de guerra al general Pablo Morillo y al rey Fernando VII  y  exija al actual rey de España,  Felipe VI, pedir disculpas a nuestro pueblo  por el genocidio de más de 6.000 habitantes de Cartagena y sus cercanías  en 1815 .

Sin embargo, el sitio de 1815 no es el único sufrido por el pueblo cartagenero a través de su historia; tal  como  lo registra la historia social y política de Colombia  seis  han sido los sitios que afectaron y afectan  el bienestar de los cartageneros, los cuales van desde 1815 hasta el presente.

 En nuestros días, cuando el pasado 20 de agosto del presente año se cumplió el bicentenario del inicio del  sitio que duró 105 días, se recuerda aún  con pavor las escenas que protagonizó el pueblo cartagenero, sin distingos  de clase social , todas  ellas llenas de un odio inmisericorde los “reconquistadores” contra todos aquellos que osaron:

Construir uno de los primeros estados soberanos, libre de la opresión del déspota rey de España,

 enarbolar la bandera cuadrilonga dela libertad,

 adoptar el escudo republicano de la india mostrando rotas las cadenas de la opresión,

adoptar una de las primeras constituciones democráticas de la naciente América Latina, aunque  incapaz  de abolir la esclavitud de los afroamericanos ,

en suma convertirse en adalides de la libertad y de la libre autodeterminación de los pueblos y en un ejemplo para todos aquellos quienes luchaban por  construir un mundo mejor.

Las memorias de los sitiadores y de prestantes  historiadores (Las fuentes documentales completas aparecen en mi libro en preparación Esbozo Documental de la Primera Independencia del Caribe Colombiano) narran sin ambages los horrores  del sitio:

Por ello en el mes de diciembre la situación era por demás de insoportable:

La falta de alimentos llevó al pueblo cartagenero a consumir no solo las mascotas (perros, gatos, aves) de la época sino también a las ratas, caballos, hierbas y cueros los cuales fueron insuficientes para calmar la hambruna desatada por la falta de víveres, acaparados también por la dirigencia criolla.

La falta de agua potable y los muertos insepultos desataron enfermedades y la peste que diezmaron aún más a los cartageneros.(Indalecio Liévano en los Grandes Conflictos sociales y económicos de nuestra historia, (2002) ,

Citando a O’Leary y Restrepo de manera respectiva, escribe:

… “Los primeros días de diciembre fueron horribles sobre toda exageración; la guarnición no era sino una sombra; los centinelas caían muertos en sus puestos y los oficiales ya no podían cumplir con el servicio”…

… “El 4 de diciembre llegó  a 300 el número de personas que murieron de hambre en las calles. Todas las guarniciones de los fuertes, castillos y baluartes se habían disminuido en extremo; en los hospitales se hallaban literalmente amontonados los hombres semivivos sin más esperanzas que la muerte, pues cada familia se hallaba reducida a igual estado. Sin embargo, no amaneraba la constancia de los sitiados que preferían morir antes que rendirse”… (p.p. 798, 799).

 

El ejército de Morillo tomó la ciudad, encontrando el escenario que a continuación narran varios testigos de los hechos, citados, por Eduardo Lemaitre (1983) en su “Historia General de Cartagena”  de la siguiente manera:

El pacificador decidió tomar posesión de la ciudad abandonada, donde hizo su entrada el día 5 de diciembre. He aquí el pavoroso cuadro de ruinas, muerte y desolación que encontró:

“la ciudad presentaba – le escribió él mismo al ministro de guerra de España – el espectáculo más horroroso a nuestra vista: Las calles estaban llenas de cadáveres que infestaban el aire y la mayor parte  de la plaza.

De su parte, el comandante de la escuadra española,  D. Pascual de Enrile, describió aquel mismo cuadro del siguiente modo: “no es posible que pueda expresar  a V.E. el estado horroroso en el que se ha encontrado la ciudad… han muerto de hambre más de dos mil personas, y las calles están llenas de cadáveres que arrojan una fetidez insoportable”.

 Por su parte, D. Francisco de Montalvo, a quien Morillo nombraría poco después virrey de la Nueva Granada, dejó dicho en su relación de mando, que:

 “el aspecto horrible que dejó la ciudad a nuestros ojos no se puede describir exactamente. Cadáveres por las calles y casas, unos, de los que acababan de morir al rigor del hambre, y otros de los que habían expirado dos o tres días antes, y que por ser en número considerable, parece no hubo tiempo para sepultarlos, otras personas próximas a fallecer de necesidad; una atmosfera sumamente corrompida que apenas permitía respirar; nada, en fin, se dejaba notar en estos infelices habitantes sino llanto y desolación”.

Y el capitán del ejército español  Rafael Sevilla,  refirió así en sus memorias aquel espectáculo dantesco:

“Morillo había mandado a sus oficiales de Estado Mayor a prevenir a todos los jefes del cuerpo que no se hiciese daño ni se maltratase a vecino alguno que no opusiera resistencia; únicamente exigían la entrega de las armas, bajo la pena de muerte. Pero no era menester esta amenaza para hacérselas entregar… pues no podían con ellas. No eran hombres, sino esqueletos; hombres y mujeres, vivos retratos de la muerte, se agarraban a las paredes para poder andar sin caerse: tal era el hambre horrible que habían sufrido.

Veintidós días hacia que no comían otra cosa que cueros remojados en tanques de tenería. Mujeres que habían sido ricas y hermosas; hombres que pertenecían a lo más granado de aquel entonces opulento centro mercantil de ambos mundos; todos aquellos sin distinción de sexo ni clases que podían moverse, se precipitaban, empujándose  y atropellándose, sobre nuestros soldados, no para combatirlos, sino para registrarles las mochilas en busca de un mendrugo de pan o de algunas galletas.

 Ante aquel espectáculo aterrador, todos nuestros compatriotas se olvidaron de que aquellos eran los  asesinos de sus compañeros, y no solo les dieron cuantos artículos de comer llevaban, los que devoraban con ansiedad aquellos desgraciados, cayendo muchos de ellos muertos así que habían tragado unas cuantas galletas, sino que se improvisó rancho para todos, y sopas para los que no podían venir a buscarlas”

Y prosigue así el Capitán Sevilla su horripilante relato: “El mal olor era insufrible como que había muchas casas llenas de cadáveres en putrefacción. El grueso de nuestro ejército no entró hasta el siguiente día 6 de diciembre. Las armas fueron entregadas sin dificultades, pero los cañones en número de más de mil, habían sido clavados, y la pólvora derramada en los pozos y cisternas.

 Lo primero  que dispuso el General Morillo, una vez en la plaza, fue que por la tropa y los paisanos que pudiesen trabajar, se abriese una gran fosa y enterrasen a aquellos montones de cadáveres que infestaban la población. Muchas carretadas llenas de ellos se sacaron de las casas, depositándolas en la fosa común; pero por grande que fuere el zanjón que se hizo, no pudo contenerlos a todos, y hubo que llevar muchos en piragua para arrojarlos al mar.

 El cirujano mayor mandó una vasija en cada casa donde se habían sacado los muertos, con varios ingredientes de fumigación; para desinfectar aquellas cubrió con el humo aquel sahumerio”

Y, en fin, para terminar estas patéticas relaciones de testigos de vista de lo que en Cartagena hallaron los  “reconquistadores” a su entrada en la ciudad, añadamos la versión que, años después, dio  de este episodio cierto súbdito inglés, el Sr. Michael Scott, quien habiendo naufragado por esos días cerca de Galera zamba, fue detenido como sospechoso por los españoles, y llevado a Torrecilla, y como tal, o sea en calidad de prisionero, entró con las tropas de Morillo a la ciudad sitiada.

Dice así Scott:

“apenas me había formado idea de los horrores de un sitio por las descripciones que habían oído, más la realidad de la escena, aun para mí, que acababa de pasar tan crueles penalidades, fue horrible.

 Entramos  por la puerta del arrabal ( o sea de la Media Luna) y desfilamos a través de lúgubres escombros; los acordes de las músicas marciales resonaron entre aquellas ruinas con fúnebres ecos… llegamos a la puerta principal (La Boca del Puente)   que hallamos también abierta y con el puente levadizo tendido; bajo el arco abovedado vimos a una mujer de aspecto al parecer distinguido , casi en los huesos, y débil como una criatura, recogiendo algunas basuras asquerosas cuya posesión le habría querido disputar un gallinazo. Un poco más adelante  estaba el cadáver de un mísero anciano.

Una vez tomada Cartagena de Indias,  los ejércitos chapetones continuaron  la reconquista del territorio del Nuevo Reino de Granada implantando el denominado “régimen del terror”, que eliminó a docenas de miles de luchadores populares, y a toda una generación de dirigentes políticos revolucionarios: los criollos.

Muestra de ello fueron los asesinatos de Antonio Santos y Policarpa Salavarrieta, Antonio Baraya, Liborio Mejía, Antonio Villavicencio, Francisco José de Caldas (El sabio) Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Camilo Torres, los denominados Mártires de Cartagena y centenares más de  luchadores populares cartageneros, algunos de cuyos nombres, hombres y mujeres están inscritos en el Camellón  de los Mártires, gracias a una iniciativa,  entre otros,  del arquitecto restaurador Alfonso Cabrera Cruz. CONTINUARÁ…

uellesq@hotmail.com

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Ubaldo José Elles Quintana es una persona estudiosa amante del periodismo; es ambientalista también y por ello considera que el mejor amigo de los ambientalistas es el periodista , por cuanto por misión y proyecto de vida luchan juntos por conservar el patrimonio natural y cultural de la humanidad. Es doc ente con maestría en educación e historiador por haber estudiado Ciencias Sociales y tener a su haber la autoría de 15 libros sobre el patrimonio natural y Cultural de Cartagena Es colaborador de El UNIVERSAL, hace más de 20 años y ha incursionado también en el periodismo ecológico con el programa LA TERTULIA ECOLOGICA ganador de un premio distrital.

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