Lo del boogaloo, eso pasará

16/04/2010 - 19:37

De los ritmos que conforman el género de la salsa el que más me gusta es el boogaloo.
Para mí tiene un encanto especial. Cuando oigo un boogaloo no puedo evitar sentir las ganas de sacar a una pareja a bailar. Las notas del piano, liderando la parte rítmica, y el sonido de las palmas como acompañantes, le dan a este ritmo un sabor especial.
Recuerdo que cuando era un niño, en los pick up de esa época colocaban muchos boogaloos. El tema “El Avión” (A Good Feeling, nombre original) de Joe Bataan, el cual la gente bailaba y bailaba sin cansarse, era uno de los más preferidos en los bailes. En ese momento yo no comprendía su esencia, solo sabía que me incitaba a mover todo el cuerpo.
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Con el paso del tiempo me enteré que el boogaloo se convirtió en uno híbridos de la salsa más controvertidos. Fue querido por muchos y odiado por otros. Se convirtió un fenómeno musical de la juventud desde la segunda mitad de la década del sesenta, comparado en la actualidad con la fiebre del reggaetón.
El boogaloo nació en los barrios populares de Nueva York, donde la música latina se escuchaba mucho. La fiebre del rock and roll entre la población norteamericana hizo que las orquestas latinas tuvieran que inventar un producto que le gustara también a los norteamericanos. Y qué mejor combinación, rock and roll, guajira, soul y montuno.
El boogaloo fue creado por los latinos en EE.UU. antes de que la salsa hiciera su aparición definitiva en la escena musical. En Colombia, en ciudades como Barranquilla, Cali y Cartagena, el boogaloo fue muy apetecido y aún se escucha en los tradicionales estaderos de salsa de estas ciudades.
Los pioneros de este ritmo todavía se disputan su creación. El fallecido Joe Cuba dijo que él fue el primero en tocar boogaloo con su famoso tema “Bang, Bang”. Anteriormente, Ray Barreto había grabado “El Watussi”, el cual fue todo un suceso en ese tiempo y que lo dan los entendidos como el pionero.

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Ricardo Ray, uno de los mayores exponentes del boogaloo, destacó que con el tema “Lookie Lookie, le dio el sello de identidad a este ritmo. Ricardo Ray popularizó los temas “Que se rían” y “Colombia’s boogaloo”, este último dedicado a Colombia después de visitar por primera vez a este país en el año de 1965.
Otros éxitos fueron: “At the party”, de Héctor Rivera; “Boogaloo blues”, de Johnny Colón; “In the middle the night”, Frankie Nieves”, entre otros.
Pero fue el pianista Pete Rodríguez, con sus temas “Micaela”, I like it ike that y “Soy el rey”, quien convirtió el boogaloo en todo un suceso y lo popularizó en Latinoamérica.
Pete Rodríguez y su orquesta La Magnífica grabaron un LP titulado I like it like that (Me gusta así), que se convirtió en uno de los más vendidos y populares en la historia de la salsa.
Detrás de Pete Rodríguez había un músico que debió tener mayor reconocimiento, ya que para algunos —y me incluyo— es el verdadero “Rey del boogaloo”: Tony Pabón.
Tony Pabón fue un trompetista excepcional y un extraordinario compositor y cantante. Es el autor de “Mi-caela” y “I like it like that”, y “Soy el Rey”, “El Bobby” y otros temas que inmortaliza-ron este ritmo.

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Pabón participó también en el proyecto de Latin souls, un grupo de cinco cantantes latinos, quienes, teniendo como base a la orquesta La Magnífica, grabaron el famoso éxito “La Banda”, compuesto por Pabón, uno de los boogaloos más sonados en Colombia.
“El boogaloo no lo inventó nadie. Nació como una necesidad del pueblo, del público norteamericano y latino que querían algo diferente, algo moderno y nosotros acomo-damos eso”, dijo Pabón en una entrevista que encontré en una página de Internet.
Este trompetista puertorriqueño, quien desde hace tiempo es pastor evangélico, quedó tan frustrado por la falta de reconocimiento, que decidió hacer “tolda aparte” y creó la orquesta “La Pro-testa”, la cual grabó temas como “El buen samaritano”, “Va a llover”, “Lo voy a matar”, “El fumón” y “Capitán” , entre otros.
El boogaloo hizo millonarias a muchas agrupaciones. Pero a otras, principalmente las orquestas grandes, las dejó en la ruina. Y eso ocasionó que se orquestara un complot para dejarlo fuera de combate. Con la fiebre del boogaloo, el público prefería a los combos pequeños y la consecuencia no fue otra que las grandes orquestas tuvieron que despedir a sus músicos por la falta de contratos.
Y así sucedió. El boogaloo fue sacado de escena por los músicos tradicionales (Machito, Tito Puente, Joe Quijano, Johnny Pacheco, los Palmieri, algunos dueños de disqueras y productores mu-sicales) que nunca lo aceptaron, ni dejaron de tocar montunos, mambos, guarachas y guaguancós, los ritmos con raíces afrocubanas. Fue así como pocos años después entró la Salsa como tal, a finales de los sesenta; y el boogaloo desapareció.
Johnny Pacheco, el famoso director de la Fania All Star, nunca gustó del boogaloo por considerarlo “la repetición de la repetidera”. Sin embargo, en uno de los trabajos de la Fania incluyó un boogaloo llamado “KiKapoo Joy Juice”, cantado por Héctor Lavoe, con una majestuosa interpretación de Charly Palmieri en el piano.
También, al principio, Rafael Ithier fue renuente a grabar boogaloo, pero tuvo que hacerlo, porque no le sa-lían contratos al Gran Combo, puesto el boogaloo estaba de moda. Ithier grabó varios LP de boogaloos donde destacan los temas “Clap your hans” y “Boogaloo del Gran Combo”, cantados por Andy Montañez y Pellín Rodríguez.
Joe Quijano criticó al boogaloo con un tema que decía: “lo del boogaloo, eso pasará, yo sigo con mi montuno para gozar”. A su vez, Ricardo Ray y Bobby Cruz le contestaron a Quija-no con la canción “Que se rían” de esta manera: “... Y que se ría la gente de Richie Ray (coro)/ Se reían del boo-galoo y mira ahora qué/Lo del boogaloo, eso pasará, ¡eh! (en alusión a Joe Quijano)/ sigue tú con tu montuno que yo te espero allá/ que yo te voy a decir pobrecito de ti”.
En Suramérica la fiebre del boogaloo se vivió con intensidad. Agrupaciones colombianas, peruanas y vene-zolanas grabaron boogaloos, entre ellas: Nelson y sus Estrellas, Federico y su Combo Latino, Aníbal Velásquez, la Sonora Carruseles y Alfredito Linares.
Ahora que estoy viviendo en Cartagena extraño mucho al boogaloo porque en los es-taderos a donde he llegado lo ponen muy poco. Aquí prefieren más los ritmos cubanos como la pachanga, el son, el son montuno, guaguancó y la guaracha. En Cali, en las academias de salsa, todavía enseñan cómo se baila el boogaloo.
En Barranquilla, por su parte, la fiebre del boogaloo parece que nunca se hubiera terminado. Creo que el tiempo se detuvo allí, y para mi alegría, espero que siga así en mi Curramba la bella.

Hasta pronto.


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