Cartagena de indias - Colombia
Jueves 19 Octubre de 2017

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Que no se te salga el blog

Un espacio para escribir sobre temas que tienen que ver con la música y las artes en general, sin dejar de lado los asuntos comunitarios y personajes del alma popular.

Barú, de penas y nombres

Cuando esta crónica fue publicada, Nicolás Curi Vergara era alcalde de Cartagena por tercera ocasión.

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Viajar por mar desde Cartagena hasta el corregimiento de Barú no es tan difícil: sólo hay que esperar la mañana para trasladarse a la parte trasera del mercado de Bazurto, cruzar hasta la ciénaga de Las Quintas, caminar por uno de los muelles de tablitas que penan en la orilla y embarcarse en una lancha motorizada por doce mil pesos el pasaje.

A veces llegaban cartas

Durante 18 años, Elisa Hernández Flórez envió cartas desde Venezuela a sus familiares residentes en Cartagena.

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Durante 18 años, Elisa Hernández Flórez envió cartas desde Venezuela a sus familiares residentes en Cartagena.
Sus escritos volaban todo el año, desde Caracas hasta La Heroica, envueltos en el envelope fondo azul que lucía rombos azules y rojos en las orillas, y que todo el mundo usaba en esa época. En esas líneas venían las promesas del pronto regreso que muchas veces terminó aplazado.

Sol de lluvia

Este texto considérenlo como un homenaje al maestro Eduardo Herrán Garavito, el hombre de la foto precisa. Su ojo poético debe estar captando imágenes curiosas en los paisajes del cielo.

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Yuri Buenaventura: “Mi maestro es el pueblo”

Es uno de los cantantes latinos más famosos en Europa y, al mismo tiempo, otro de los más desconocidos en Latinoamérica, especialmente en su patria colombiana, en donde los coleccionistas de salsa son los únicos que parecen tener en claro de quién se les está hablando cuando se les pronuncia en ese nombre.

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Aunque fue quien utilizó menos palabras para presentar una conferencia, el salsero vallecaucano Yuri Buenaventura fue el más esperado y aplaudido durante el “Encuentro iberoamericano agenda afrodescendiente en las Américas”, que se realizó en Cartagena.

Sergio Rivero: volvió El Haitiano

Hubo que explicar nuevamente que el cubano era el autor de la canción Anita tun tun y el intérprete del tema Llueve que llueve, pues del Sergio Rivero que apareció en la carátula de Llegó El Haitiano, el LP que los cartageneros conocieron en 1982, queda muy poco.

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Sergio Rivero llegó a Cartagena la noche del 2 noviembre. Su arribo se venía anunciando semanas atrás.
El comentarista radial Cheo Romero lo recibió en el aeropuerto Rafael Núñez y lo invitó a la taberna Areíto, de la Calle Larga, en donde un modesto público lo esperó sin tener muy claro a quién pertenecía la estampa en cuestión.

Los Lebrón en concierto

La música de los Lebrón no tiene definición, porque nunca se quedaron con un solo estilo. Su idea era siempre mezclar cosas, escribir de esta forma o de la otra, hacer coros nuevos, etc. Pero no quedarse en el mismo asunto.

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El sábado 26 de octubre fue la primera vez que los cartageneros vieron actuar a la orquesta de Los Hermanos Lebrón; o The Lebron Brothers, como la rotulaba la casa disquera norteamericana con la cual el conjunto puertorriqueño se dio a conocer en el mundo.
Ahora tienen 35 años de estar tocando esas fusiones extrañas, pero sabrosas, que les abrieron un lugar en el inmenso álbum de los intérpretes de música afroantillana que fundaron la llamada Salsa en el Nueva York de los años 50.

Emiliano Ramírez, una guitarra en las esquinas

Este amigo, quien se nos fue repentinamente, en realidad nunca se ha ido. En San Diego, en Getsemaní, en Marbella o en Bocagrande siguen sonando su guitarra, su voz y la conversación, que era su mejor música.

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La voz de Emiliano Ramírez se pasea como zumbido nocturno a través de las calles del Centro Histórico de Cartagena, mientras su guitarra sonríe melodías que elogian al bolero, la samba brasileña, el bossa nova o el jazz de todas partes.
Él también sonríe.
Siempre se ha valido de su sonrisa oscura, pero diáfana, para orificar el corazón de quienes terminan siendo sus amigos, solo por el gusto hacia la música y las buenas conversaciones.

Mbilia Bel: “Me dicen la abogada de las mujeres”

Sabíamos que algún día tendría que reencontrarse y cantarnos al oído, y en una mezcolanza de idiomas, las historias que bailábamos los fines de semana sin saber qué era lo que contaban, aunque teniendo la plena certeza de que algo en común nos aguardaba detrás de esas pronunciaciones.

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Traducción: Nadia Nascimento

El rostro de Mbilia Bel podría ser una luna llena.
Pero una luna que alumbre con su parte oculta, allí donde lo único que brille sea el incendio del talento con que le pone dulzura a las canciones que la han hecho famosa.
Eso quedó más que demostrado en el barrio Chiquinquirá. Casi podría asegurarse que no hubo quien no sintiera por dentro el cosquilleo y la emoción que la congoleña transmite con el filo de esa voz, entre veces hiriente y alborozada; y entre veces contundente y acariciadora.

Diblo Dibala: Soukus con mar de fondo

Diblo Dibala, "La guitarra más rápida del oeste", llegó a Cartagena y embrujó la Plaza de Toros con sólo cuatro músicos y dos cantantes. El sonido fue monumental.

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Traducción: Nicolás Contreras

La expectativa no era por él.
Más bien, la atención de los viejos y nuevos champeteros de Cartagena estaba centrada en la visita de M'bilia Bell, la desconocida intérprete de un listado de canciones que nadie en Olaya Herrera o Membrillal sabe de qué hablan. Pero se bailaron (y todavía se bailan) a todo lo largo de los años ochenta en los estaderos y picotódromos que se organizaban, improvisadamente, cada fin de semana para sacarle humo a los pisos de tierra.

Celio González en pocas palabras

He aquí un magnífico recuerdo de la última vez que el bolerista cubano Celio González, una de las voces gloriosas de La sonora matancera, estuvo en Cartagena.

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Lo primero que impresiona en el encuentro con Celio González son sus manos incompletas y dobladas como garfios, manos que no tiene inconvenientes en extender para saludar, pero impresionan. Y él lo sabe. Aún así, nunca las oculta en sus bolsillos.

Rafael Ithier, el grandes ligas que no llegó al béisbol

El pianista Rafael Ithier, creador y director de El gran combo de Puerto Rico, cuenta cómo terminó siendo músico, aunque desde pequeño siempre soñó con ser una de las grandes estrellas del mundo beisbolero de los Estados Unidos.

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El viernes 28 de febrero, en las horas de la mañana, Rafael Ithier Natal estaba sentado en la terraza del Hotel Costa del Sol conversando ruidosamente mientras la brisa del mar del barrio Bocagrande empañaba sus anteojos de abuelo casi octogenario.
Esa fecha sería la enésima en que el director de El gran combo de Puerto Rico vendría a Cartagena a cumplir con un espectáculo musical que había sido reclamado por los aficionados a la salsa, gracias a la versión en vivo de “Hojas blancas”, que estaba sonando en las emisoras con la voz de Gilberto Santarrosa.

Ismael Rivera, ese sonero del barrio

Ismael Rivera siempre era nuestro vecino en cualquiera de los barrios populares de Cartagena. Nunca lo vimos pasar emitiendo un grito de saludo. Nunca lo vimos comprando en la tienda. Nunca lo vimos leyendo el periódico en la terraza o mamando gallo con los camajanes del parque, pero su canto lo invadía todo, su presencia era ineludible. Por eso era nuestro mejor vecino.

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El barrio quedó de luto festivo cuando las emisoras anunciaron que Ismael Rivera, “El sonero mayor de Puerto Rico”, había fallecido en su casa de la Calle Calma: su corazón se negó a seguir tamborileando bajo esa piel de guerrero dahomeyano que lo cubrió durante 56 años.
Y durante un día entero las emisoras de ese gran barrio poblado de esquinas y de esquineros, que es el Caribe, programaron toda una lista de canciones famosas y poco conocidas de quien fuera uno de los más grandes intérpretes de la música popular latinoamericana.

Cuco Valoy, el cantor de Manoguayabo

El maestro Pupo Valoy Reinoso, más conocido como Cuco Valoy, me concedió esta entrevista en uno de los balcones del Hotel Capilla del mar. Espero que les guste.

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Hace 24 años, en los estudios Latin Sound de Nueva York, la orquesta Los Virtuosos se preparaba para grabar el que sería su tercer trabajo discográfico compuesto por diez canciones: cinco serían interpretadas por Henry García; y el resto, por Cuco Valoy, el fundador del grupo.
Al tercer día de grabaciones, Henry García —en ese entonces, un joven y prometedor cantante dominicano— ya estaba terminando su sesión de voces, cuando Cuco le comunicó a Ramón Orlando Valoy, el pianista y arreglista del conjunto, que acababa de componer la última canción de su repertorio.

"Las buenas historias son después de la tragedia": David Lara

La firma Collage Editores lanzó en días pasados el libro de crónicas periodísticas "El dolor de volver", del periodista barranquillero, David Lara Ramos, quien suma con su trabajo nuevos registros históricos sobre la historia colombiano de las últimas décadas.

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Por este libro corre el casco de una lancha deslizándose sobre el río, pero también la intimidación que produce una boxeadora mal encarada, aunque sensible ante ciertos recuerdos que prefiere esconder tras la primicia de sus bárbaros puños. Se llama Ana Pascal.

Pacheco te invita a bailar

Un recuerdo de la última vez que el salsero dominicano Johnny Pacheco visitó Cartagena.

Desde la noche del miércoles nueve de noviembre, un grupo de músicos cartageneros, en compañía de dos antillanos residentes en Estados Unidos, comenzó a practicar las canciones más famosas de Johnny Pacheco.

La salsa también fue periodística

Hay canciones salseras, mediante las cuales, sus compositores no sólo incursionaron en la crónica, sino también en la nota editorial, cuando el espíritu de la canción era meramente subjetivo y surgido de las impresiones personales del autor; y en la noticia escueta, cuando simplemente se contaba el hecho, pero sin opiniones ni descripciones intensas.

I

Siempre, desde que estaba muy pequeño, me ha parecido interesante lo que se dice respecto a que muchas de las expresiones musicales de nuestro Caribe Colombiano tienen carácter periodístico, en cuanto a los mensajes que guardan en sus piezas literarias.
Con el tiempo, cuando empecé a prestarle atención a cada una de esas expresiones musicales, fui comprobando la veracidad de tales afirmaciones, aunque debo confesar que fue esa música que ahora llamamos vallenato la que más me impactó, respecto a las implicaciones periodísticas que una cancionística pueda tener.

Ciudad inmóvil, salsa inmóvil

Aunque nos cueste trabajo aceptarlo, la pequeña Ciudad Inmóvil de Medina también está seriamente reflejada en el gusto por la salsa, esa música que, como buenos caribeños, acogimos desde hace cuarenta años, cuando el movimiento que la impulsó se levantó como el grito furioso de los latinos en Estados Unidos.

(...)La misma mierda con distinto mojón(...)
El Pachanga-David Sánchez Juliao

Debo empezar ofreciendo excusas al escritor cartagenero Efraín Medina Reyes, por haber tomado el nombre de Ciudad Inmóvil —el escenario en donde se desarrollan sus cuentos y novelas— para titular esta lectura, que espero sea lo más fiel posible a la discusión que intentaré plantear hoy ante ustedes.

Ciudad inmóvil, salsa inmóvil

Aunque nos cueste trabajo aceptarlo, la pequeña Ciudad Inmóvil de Medina también está seriamente reflejada en el gusto por la salsa, esa música que, como buenos caribeños, acogimos desde hace cuarenta años, cuando el movimiento que la impulsó se levantó como el grito furioso de los latinos en Estados Unidos.

(...)La misma mierda con distinto mojón(...)
El Pachanga-David Sánchez Juliao

Debo empezar ofreciendo excusas al escritor cartagenero Efraín Medina Reyes, por haber tomado el nombre de Ciudad Inmóvil —el escenario en donde se desarrollan sus cuentos y novelas— para titular esta lectura, que espero sea lo más fiel posible a la discusión que intentaré plantear hoy ante ustedes.

Periodismo y cultura: otra forma de evitar la exclusión

Texto leído en el Festival de la Cultura de Arjona, Bolívar.

Es muy probable que un porcentaje significativo de esos ciudadanos que a veces despectivamente llamamos “gente común” crea que los conceptos “cultura” o “periodismo cultural” tienen que ver únicamente con las galerías de arte y los conciertos de música clásica, por mencionar solo esos dos casos.
Y puede que el término “periodismo cultural” sea de reciente invención, pero no debe impedirnos reconocer que quienes lo asumimos como una buena opción personal y laboral, nos hemos encargado —consciente o inconscientemente, de una u otra forma— de reforzar el equívoco.

Hugo Alandete, el sonero mayor de Cartagena

El Hugo Alandete que conocí en los años ochenta todavía era veloz, bailarín, improvisador, gracioso y sustancioso en cada una sus intervenciones.

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A finales de los años 70 del siglo XX, el venezolano Oscar D’ León, uno de los cantantes más aplaudidos del ambiente salsero de la época, abandonaba La dimensión latina, orquesta con la que se abrió paso no solo en Venezuela sino en todo el orbe caribeño.

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Imagen de ralvarez

Rubén Darío Álvarez es periodista de la Universidad Autónoma del Caribe, de Barranquilla y redactor de planta del diario El Universal. Ha publicado tres libros: “Noticias de un poco de gente que nadie conoce”, “Crónicas de la región más invisible” y “La fuga del esplendor: conversación con la música cartagenera de los años 80”. Es uno de los conductores del programa “Música del patio”, que se transmite todos los domingos por la emisora UDC Radio, 99.5 FM, de 8 a 10 de la mañana.