Cartagena de indias - Colombia
Miércoles 07 Diciembre de 2016

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AQUÍ: BAJA A LAS NEGRAS Y A MARÍA FÉLIX

 

 

¿Qué aprendieron los cartageneros de los sectores populares, cuando vieron cine mexicano en los años cuarenta y cincuenta? Aprendieron estilos de ser pobres. El cine no sólo enseña qué desear, también enseña cómo desear. En la época de oro del cine mexicano (1936 – 1957) el público cartagenero, como el latinoamericano y caribeño, se expuso a ciertos patrones de identidad tanto en lo individual, como en lo colectivo.

 

El libro se llama “Cuando las negras de Chambacú se querían parecer a María Félix: Cine, cultura popular y educación 1936 – 1957” y lo pueden bajar gratis aquí:

 

http://cadecartagenainvestigaciones.blogspot.com/

 

Se consigue en físico en la Librería Ábaco. Y como dicen por ahí: “¿A cómo?” A cuarenta barras.

 

A nivel individual, el cine mexicano ofreció modelos de belleza y el público aprendió ciertos estilos del vestir, del maquillarse, del peinarse, del posar para las fotos. Se a prendieron ciertos comportamientos, como: besar, enamorar, galantear, bailar, reír, mentir, llorar. En general, se aprendió una nueva sensibilidad que venía con los grandes cambios que acaecieron en el mundo.

 

Cambios en la economía, la política, la cultura y la sociedad se dieron en el marco de la Segunda Guerra Mundial y su posterior período. Aprender el  deseo y sus estilos, se dio a través del cine, mientras el dinero llegaba a Cartagena. La llegada del dinero es la llegada de la ideología y de las prácticas del consumo, lo que se da en el marco de una sociedad muy tradicional.

 

De manera que “las negras de Chambacú se querían parecer a María Félix” porque deseaban cambiar: maquillarse, vestirse y peinarse en una sensibilidad urbana, donde las subjetividades se emancipan: las mujeres y los jóvenes principalmente. ¿Por qué se querían parecer a María Félix las negras de Chambacú? Porque querían dejar de ser negras, en un sistema socio-racial como el de Cartagena. En aquella época había unos 120 mil habitantes y más de un sesenta por ciento, era analfabeta. Chambacú, más que un barrio, más que un sector marginal, era una manifestación práctica del apartheid no declarado. De manera que en el sistema socio – racial, entre menos negro o negra seas, menos sufres los rigores de la exclusión y el desprecio.

 

 Dejar de ser negro era vestirse de otra forma, era mudarse de barrio, era cambiar de amigos y vecinos, era mejorar la raza y casar a los hijos con un mestizo, que no fuera tan negro, ni tan moreno. La gente aprendió a enamorar, a galantear, a bailar, a coquetear y a caminar de una nueva manera. Un estilo que se renovaba con cada moda, con la actualización de los deseos, con la aparición de nuevas costumbres y nuevos gustos.

 

El melodrama de las películas, más que un recurso narrativo, fue un recurso social, que sirvió para que la gente se explicara la fatalidad del destino, los esquemas sacrificiales de la vida, el valor de la abnegación y la paciencia. Este libro es producto de mi tesis doctoral en la Universidad de Cartagena. Se consultaron fuentes y archivos en la Cineteca Nacional de México, El Colegio de México, El Instituto Nacional de Antropología e Historia, El Archivo Histórico de Cartagena, El Archivo de la Universidad de Cartagena. Se consultaron periódicos como El Universal, El Diario de la Costa y El Fígaro. Se consultaron revistas como Muros, Revista Cultural Javeriana, Filmográfico y Cinema Reporter, entre otras. Se entrevistaron expertos en el tema tanto en México, como en Colombia y se obtuvieron testimonios de hombres y mujeres que vivieron el cine de aquella época en Cartagena.

 

La ciudad, para entonces, tenía 29 cines desperdigados por una geografía que se extendía a lado y lado de la Avenida Pedro de Heredia y alrededor de La Popa, en especial, hacia Canapote y Daniel Lemaitre. Se puede establecer una conexión social y urbana entre el barrio de Chambacú y el Mercado Público de Getsmaní: La gente de los barrios trabajaba, consumía y vivía en aquel mercado. Y el cine, siempre fue la principal forma popular de conectarse con el mundo y sus avatares.

 

En aquellos cines pasaba de todo. Se presentaron grandes artistas internacionales de la época. En el Teatro Cartagena, por ejemplo, se presentó Josephine Baker. En el Teatro Padilla de la Calle Larga, se presentó María Félix y también Pedro Infante. En el Teatro Laurina, en el barrio Lo Amador, se presentó Beny Moré. Fueron muchos los artistas españoles, cubanos, mexicanos y  argentinos que hicieron sus apariciones. En los cines se organizaron todo tipo de concursos como los de canto, variedades y baile. En los cines aparecieron los primeros bailes de picó desde mediados de los años cincuenta, en especial, en el Teatro Colonial del barrio La Quinta.

 

La élite bogotana y la élite cartagenera siempre manifestaron una posición ambigua y errática frente al cine mexicano y todas las modas que con él aparecieron. Ambas élites siempre manifestaron una actitud peyorativa hacia las expresiones de la cultura popular. En la prensa, en los documentos institucionales, en sus decisiones y pronunciamientos siempre hubo el regaño social y la expresión del fascismo social. Sin embargo, cada vez que uno de aquellos grandes astros del cine y de la música llegaba a Cartagena, eran los primeros en volcarse en los teatros y en el hall del Hotel Caribe. Hay fotos y comentarios de prensa que así lo atestiguan.

 

Estudiar la relación entre el público cartagenero y el cine mexicano, es tratar de desentrañar un misterio, porque se trata de enfrentar al olvido social al que condenaron la historia de los barrios de Cartagena.

 

El libro fue lanzado el 21 de mayo en Casa de las Américas en La Habana. Será presentado en Agosto próximo en varias universidades mexicanas. Y será presentado en la Universidad de Cartagena en la biblioteca de la Sede de San Agustín, este miércoles 8 de junio, a las 11 de la mañana. Quedan cordialmente invitados.

 

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Esto es lo que me inquieta: ¿Se puede interrogar el mundo desde aquí, desde esta periferia tan extrema, desde este reino de la peyés, de la hediondez, de la ignorancia, la desigualdad, el atraso, el abuso, la hipocresía, el cinismo, la petrificación, la exclusión, la hambrientud, la corrupción, el nepotismo, el chisme, la ordinariez, la mediocridad, el egoísmo, la pernicia, la flojera, el vicio, la indiferencia, la indolencia, la violencia, la intolerancia, el perreo, el serrucho, el arribismo, el racismo, la homofobia, la promiscuidad, la aguajería, la mondadera perpetua entre otros aspectos del desbarrancadero por donde caemos todos los días? Yo creo que si, pues, en Cartagena se sufre pero se aprende.

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Vamos a empezar porque no eres objetivo al hablar de parra Chacón porque es tu amigo del alma desde hace años de años, tan amigo eres de él que lo veneras como dices en tu propia columna. Así que...

Udeceísta: Te espero en clase

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