Cartagena de indias - Colombia
Viernes 24 Noviembre de 2017

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El Legado de Carmencita Pernett

Por cosas de la vida, porque mi primer trabajo cuando era estudiante de la UNAM hace treinta años, en México Distritito Federal, era repartiendo revistas y periódicos, conozco cómo funciona el transporte público de aquella ciudad: metro, tren ligero, buses, metrobus y colectivo (que son microbuses y busetas).

Una noche de octubre del 2014 me subí a una de esas busetas, que iba tan llena como una de Bosque –Blas de Lezo, a esa misma hora por la Avenida Crisanto Luque. Me tocó montarme en el estribo. A esa hora, en cualquier parte del mundo, cunde la incomodidad y la impaciencia en el transporte público y privado. Y uno se acomoda, se resigna.

Allí junto al chofer y su correspondiente sparring (si, un ayudante que cobra pasajes, administra el nulo espacio al interior del vehículo y maneja la agenda musical del viaje) fuerte me agarré de un tubo, mientras subíamos por La Calzada de los Leones, Colonia Las Águilas. El sparring cambió el repertorio de música de banda, donde predominaba la canción, éxito de las masas: “¿Qué me vas a dar si vuelvo?”. Vean ustedes:  https://www.youtube.com/watch?v=XNiXrPh9AeY

Pues, si, pura música de banda, del norte de México, durante un trayecto de veinticinco minutos rumbo a casa. Cuando, de repente, el sparring cambió la banda sonora choferil a “Menea Tu Chapa” del cantante de género urbano Wilo De New, dominicano él. De ahí en adelante, fue un solo perreo hasta llegar a la parada de mi destino. Chofer y sparring, ambos muy jóvenes, de peircing en las cejas, tatuajes en pecho y antebrazos y hablando en caló (dialecto urbano de las clases populares de la capital mexicana, compuesto por muchos neologismos, tal como pasa en casi todas las ciudades medianas y grandes y su gente joven).

Por allá en los años cincuenta, ya el escritor costeño Manuel Zapata Olivella había llegado a México con un cargamento de acetatos recién grabados, de pura música tropical colombiana. Fue un veinte de julio, cuando Zapata circuló aquella música en una radio de aquella ciudad y, según lo reporta la prensa de aquí y de allá, se trató de una jornada memorable. El público del D.F. pedía más de la música del caribe. Hasta hoy. Eso sí, hay que tener en cuenta que tal y como dice la canción “Bonito y Sabroso” de Benny Moré: “No hay que olvidar que México y La Habana son dos ciudades que son como hermanas”.

De manera que muchos fueron los artistas populares que circularon entre ambas ciudades, desde la época colonial. Sin embargo, son los artistas del llamado género Teatro Bufo cubano, los que desde mediados del siglo XIX, tuvieron una repercusión en la vida de ocio y tiempo libre de la Ciudad de México. A tal punto fue el impacto, que acaeció una corriente migratoria de estos artistas negros y mulatos al país azteca, donde tuvieron una gran incidencia en la producción de contenidos del cine, la discografía, el teatro popular y la producción editorial de aquel entonces. Todo aquello tuvo una grandiosa época de unos veinticinco años, desde la década de los años cuarenta, hasta bien entrado los años sesenta. Buen ejemplo de ello, es la banda sonora de la película “El Revoltoso” (1951) con la coreografía del cómico mexicano Germán Valdés “Tin – Tan” y la canción “Dónde estabas tú” de Benny Moré. Vean ustedes: https://www.youtube.com/watch?v=wGC1GfAcW9o

Otro ejemplo, que nos sirve para ver cómo se asimiló la música colombiana en la industria cultural mexicana, es la canción “Se va el caimán”, adaptada por el cubano Kiko Mendive y en coreografía rumbera de la también cubana María Antonieta Pons. Vean, pues: https://www.youtube.com/watch?v=fDlhLJSfV4w

Son cientos y cientos de artistas que no se reseñan fáciles en un texto, por muy extenso que este sea.  

Por su puesto, la música colombiana tuvo una cuota muy relevante en toda aquella época de oro. Una de las estrellas más destacables es la cartagenera Carmencita Pernett, quien acaba de fallecer en diciembre de 2014, en la Ciudad de México. Ella, merece una mención especial.      

El verdadero nombre de Carmencita Pernett es Sidney Pernnet Trujillo y nació en Cartagena el 25 de octubre de 1925, pero, se crió en Barranquilla. Desde muy joven incursionó como bolerista en el ferry que comandaba su padre entre los puertos de Barranquilla y La Dorada en el río Magdalena.

En los años treinta eran comunes los concursos de canto en la radio y fue en ellos donde Sidney encontró su nombre artístico: Carmencita. Sus primeras grabaciones las llevó a cabo con la Orquesta Emisora Atlántico Jazz Band, entre las que se incluyeron canciones de su inspiración como “Marbella” y “Barranquilla, la sincera”. De acuerdo con lo establecido por los investigadores Enrique Muñoz Vélez y Álvaro Suescún (Revista Lira, N° 39) en 1939 Carmencita había cantado con la Orquesta A N°1 de José Pianeta Pitalúa, junto a Lucho Bermúdez en Cartagena. En virtud de lo anterior, aún se discute si Pernnet fue la primera mujer en Colombia en actuar en una orquesta de prestigio. De allí pasa a trabajar con la disquera de Toño Fuentes donde graba canciones como “Tus Besos”, “Borrachera”, “La Múcura”, “Prende la vela”, “Salsipuedes”, “Qué buena está la fiesta” y “Cállate corazón”.

Hacia 1942 Carmencita Pernett es la sensación en los carnavales de Barranquilla, es allí, al parecer cuando la postulan como La Reina del Porro, en razón de un género musical que ampliaba su aceptación en todas las capas sociales.  Pero, es desde La Habana cuando comienza su trayectoria internacional, estando casada con Fernando Arango, argentino productor de televisión.

De La Habana pasa a México D.F. donde se integra y forma parte de la poderosa industria cultural, liderada por el cine y la industria discográfica. Son varios los registros que se hacen de ella en la revista mexicana Cinema Reporter, donde el periodista Raúl Urueta la respalda con notas y perfiles que destacan su éxito en México, centro y Suramérica, Estados Unidos y Europa. 

De acuerdo con Urueta, Carmencita incursionó en la televisión en 1950 en las cadenas norteamericanas NBC y CBS actuando en los programas Brodway Open House y Uncle Jim Show.  De Nueva York regresa a La Habana contratada por la CMQ, para una serie de programas con Goar Mestre, titulados De Fiesta con Bacardí.

En La Habana también actúa en el Teatro Blanquita, exhibiendo varios elementos de la cultura popular colombiana, como son los trajes típicos, bailes y cantos. De allí pasó a Santiago de Cuba y Camagüey donde enloqueció al público con su repertorio musical, donde destacó la canción La Múcura. Es en Cuba donde Carmencita participa en la filmación de la película Cuando las mujeres mandan actuando en números musicales de samba y mambo, junto al mexicano Ricardo Montalbán.

Se sabe, por el reportaje de Urueta realizado en el apartamento de Pernett en Bogotá y publicado el 24 de febrero de 1951 en la mencionada revista Cinema Reporter, que Carmencita tenía dos contratos en Venezuela para participar en sendas películas con la productora Bolívar Films. 

En esta ocasión Urueta tituló el escrito como “Carmencita Pernett triunfa en México” y da cuenta de sus actuaciones en el legendario centro de espectáculos “El Patio”, para seguir con su rutilante carrera internacional por Brasil, Venezuela, España, Italia y Francia.

En mi opinión, Carmencita Pernett puede verse como un agente cultural que incide entre dos esferas como son la tradición y la modernidad, en donde la primera se reacomoda y se desplaza en la nueva sensibilidad colectiva que aparece con la comunicación de masas, sus estilos de vida y sus patrones de referencia; lo que facilita una conexión con un público ávido de contenidos, donde sus expresiones autóctonas y tradicionales encuentran un lugar en el repertorio de formas musicales, dramáticas, visuales y escritas que vienen con el cine y la industria cultural, donde México D.F. era la meca en aquel entonces.

Hoy por hoy estamos viviendo una gran transformación en la relación entre producción y consumo de mensajes. Un cambio que consiste en la posibilidad, gracias a las redes sociales y al poder de la tecnología en general, de que situaciones espontáneas y del mundo cotidiano, se conviertan en elementos de consumo masivo. Buen ejemplo de ello es el video de María Niño: “El tormento tuyo soy yo”. Es un asunto de sensibilidades, individuales y colectivas. Se trata de un saber que no está escrito en ningún lado, sino que se practica.

Y gracias al poder tecnológico, su masificación no necesita una industria cultural intermediaria. La gente tiene acceso directo al sabor, al vacile efectivo, al swing de las formas expresivas de María Niño, o de “La Cantúa Tongeo”, entre muchas otras como acontece en las busetas de México y de Cartagena, donde los esparrings programan una canción como “Menea tu Chapa”.

Estando en el Distrito Federal pregunté varias veces por Carmencita Pernett, en especial, por los lados de la sección de archivos de la Cineteca Nacional de México. Sólo se escuchaban rumores, razones mal dadas, nada confirmado. Eso sí, se sabía que estaba viva. Escuché que se la habían traído para Bogotá. Otros lo negaban, en virtud de su delicado estado de salud.  Unos cuantos días antes de la navidad, fallece.

Unos cuántos días antes de regresar a Colombia, me conmovió la cara de sorpresa de mis hijos, estando embarcados  en la línea tres del metro. Se abrieron las puertas del vagón. Acto seguido entró una diminuta y joven mujer, con un morral a sus espaldas, portando un bafle. Manipulaba en sus manos un pequeño reproductor electrónico y con rapidez pasaba de una canción a otra. Fue cuando comenzó a pregonar la venta de Discos Compactos, con “lo último” de la música colombiana. Y de una, sonó la canción “El Serrucho” de Míster Black. Mis hijos y mi sobrina, adolescentes, soltaron una sonrisa cómplice y con asombro se miraron las caras: ¿Cómo bailan champeta los mexicanos y cómo se apropian de la misma? Una buena pista la pueden encontrar aquí: https://www.youtube.com/watch?v=tZXJx5gHwtw

Al parecer pocas veces hemos sido conscientes del poder y el alcance social y cultural que tiene el talento colombiano en América Latina y el mundo. Es un asunto de memoria, de recordar siempre el legado de Carmencita Pernett, de creer en nosotros mismos y reconocer el devenir de la cultura popular colombiana. Van las canciones de Carmencita: https://www.youtube.com/watch?v=Xn-zt8pTaF4

 

   

 

 

 

 

 

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Esto es lo que me inquieta: ¿Se puede interrogar el mundo desde aquí, desde esta periferia tan extrema, desde este reino de la peyés, de la hediondez, de la ignorancia, la desigualdad, el atraso, el abuso, la hipocresía, el cinismo, la petrificación, la exclusión, la hambrientud, la corrupción, el nepotismo, el chisme, la ordinariez, la mediocridad, el egoísmo, la pernicia, la flojera, el vicio, la indiferencia, la indolencia, la violencia, la intolerancia, el perreo, el serrucho, el arribismo, el racismo, la homofobia, la promiscuidad, la aguajería, la mondadera perpetua entre otros aspectos del desbarrancadero por donde caemos todos los días? Yo creo que si, pues, en Cartagena se sufre pero se aprende.

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