Cartagena de indias - Colombia
Domingo 26 Marzo de 2017

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Una mirada desde la misma orilla del Hay Festival.

Sin duda Cartagena de Indias ha demostrado hasta la saciedad, y por fortuna, que es la meca de los grandes y mejores eventos. El festival de música clásica, el festival internacional de cine, además de ser la cuna de grandes congresos, simposios y todo tipo de celebraciones hacen de esta mágica ciudad del caribe colombiano la favorita en la agenda de organizadores y creadores de festivales.

En los primeros días de 2014, y luego de despedir con éxito el festival de música clásica. El Hay Festival llegó para celebrar su novena edición. Escritores, editores, actores, músicos, y hombres y mujeres con pasaporte cultural de todas las nacionalidades, engalanaron por cuatro días las callecitas de la ciudad vieja. Sin embargo, nuestro lado crítico exige se de una mirada a este festival de origen Galés, que lejos de sembrar cizañas, busca generar conciencia sobre la importancia de este festival para Latinoamérica, y la necesidad de seguir en pro de mejorarlo. Entonces, en ese orden de ideas, y tratando de hacer esta reflexión lo más pedagógica posible, enumeramos algunos puntos que considero se deben ahondar, fortalecer y en lo posible reestructurar.

1. La organización: Por supuesto Cartagena de Indias es el marco predilecto por los creadores de este tipo de eventos. Su belleza innata, su olor propio, hacen de esta ciudad el sitio ideal. Cualquier toma de cámara queda perfecta. Entonces, debo reconocer, que en este aspecto, no hubo mayores complicaciones. Los organizadores del evento saben aprovechar la gran fuente de inspiración que es la ciudad. Es cierto, existieron detalles menores como pequeñas tardanzas en la entrega de escarapelas, para la prensa e invitados, y en ocasiones exagerada sobre-atención por parte de los trabajadores de los sitios escogidos para cada uno de los eventos, en especial, los colaboradores del Hotel Santa Clara, quienes no te quitaban el ojo de encima ni por un instante, sobre todo, si eras cartagenero extra murallas. Pero nada que afectara la buena logística del evento.

2. Los eventos más interesantes: Sobre el papel, como en todo festival o feria, existían algunos eventos que por la calidad expresada anteriormente de los protagonistas del mismo, y por supuesto por su experiencia, fama, o recorrido pintaban mejor que otros. Sin embargo, cuál fue mi sorpresa, al entrar a eventos que sobre el papel no decían mucho, como por ejemplo la presentación de “La Ciencia del Sexo” de Pere Estupinyà, autor español, que fue polémica, entretenida y llenó la cabeza de la audiencia con miles de interrogantes. O la conversación entre Piedad Bonnett y Oscar Collazos sobre el lanzamiento del libro de este último “Tierra Quemada”, el cual confiesa el autor, es una continuación de dos de sus libros anteriores. Y para cerrar esta gama de eventos que menos interés despertaron pero que lograron sacar más de una exhalación entusiasmada, me quedo con una de las charlas más polémicas de todo el Hay Festival 2014. Me refiero a la que sostuvieron Héctor Abad Faciolince y David Reiff, en la que se discutió un tema álgido por estos días de negociaciones de paz, y ese es precisamente el dilema entre olvidar, reconciliar, o simplemente hacer justicia por cualquier medio. ¿Hasta dónde ese recordar permanente puede contribuir a que nunca se alcance la paz? ¿Qué tan necesario se hace dejar atrás los odios que quedan, perdonar para comenzar de nuevo e iniciar un proceso de convivencia pacífica? Las respuestas los dos escritores las dejaron al libre albedrio del auditorio.

3. La asistencia: Bien, aquí si no podemos tapar el sol con un dedo. La asistencia del Hay Festival, en un 90% y creo que me estoy quedando corto, es foránea. Turistas nacionales en su mayoría de ciudades como Bogotá y Barranquilla, y extranjeros que se reparten sin afanes entre europeos, mexicanos, peruanos, estadounidenses y gentes del sur del continente, son los participantes más asiduos de esta fiesta literaria y cultural. Las causas son tan variadas como justificables. En Cartagena de Indias, al cartagenero típico, el de a pie, el de buseta y frito de la esquina, no es que le llame mucho la atención pagar 20 mil pesos por ir a ver a dos personas “echando cuento” en una tarima. En conversaciones, con varios compatriotas de esta pequeña tierra del norte de Colombia, me encontré que a muchos aunque les gusta la literatura, el arte y todo el combo intelectual que representa el Hay Festival, prefieren invertir su dinero, sobre todo a inicios de año en la universidad, el colegio, y la diversión la reducen a inversiones más tradicionales como el cine, la rumba, entre otros. Sin embargo aquí se plantea un interrogante, y es que a pesar de que el Hay Festival ofrece credenciales para estudiantes y eventos públicos y gratuitos, estos tampoco se llenan de residentes cartageneros y vi, lamentablemente, a muchos estudiantes que no ingresaban a los eventos o simplemente ingresaban a derramar su adicción digital, o se salían antes de terminar el conversatorio. Entonces, ¿Es el Hay Festival un evento excluyente, o somos los cartageneros, víctimas de la auto-exclusión? En mi opinión, y sin ánimos de convencer a nadie. Pienso que es cuestión de gustos. Me explico, las veces que pagué por entrar a un evento, lo hice con ánimos, de buena gana, pagué con alegría los 15, 17 o 20 mil pesos que llegará a costar la boleta, pues no tengo otro motivo de divertimento más allá de un buen libro, para mí la literatura es mi único escape.

Conozco personas que se gastaron unos 2000 dólares, entre el pago de eventos y estadía (Es un evento caro, lo sé) sin embargo, esas mismas personas me decían, que lo volverían a pagar, una y diez veces más si era necesario, pues es su naturaleza, son sus gustos, es lo que los apasiona. El arte, la literatura, conocer la opinión de los invitados.

Y eso es lo mismo, y estoy absolutamente convencido de ello, que haría o que hizo un fanático de Beyonce por verla actuar en Medellín el último noviembre. Tengo entendido que algunos llegaron a pagar hasta 10 millones de pesos solo por verla. Por eso opino, que lejos de haber una exclusión, o ánimos segregacionistas, son cuestiones que puramente obedecen a nuestros deseos.

Y ya hablando en términos generales, la asistencia, sin importar sus componentes de origen, me pareció excelente. Todos los eventos se llenaron, salvo uno o dos en los cuales se dejaron ver algunos claros entre las sillas, pero nada que revistiera mayor importancia para la imagen de la asistencia en general.

4. Duración: Definitivamente si, el Festival de las letras, la música y el arte debe durar más de cuatro días. En reuniones, y tertulias esporádicas que sostuve con personas que llevan las nueve ediciones invictas llegamos a la conclusión de que se podrían aprovechar más algunos eventos si se contaran con más días disponibles para efectuarlos. Por ejemplo, la poesía, la madre natural de la literatura, la musa de cualquier literato que se considere, no tuvo tanta participación como en otras ocasiones. Esperemos que la organización haga eco de esta iniciativa y considere aumentar los días de fiesta.

5. Lecturas: Y para terminar estos cinco tópicos que a bien me propuse para resumir la “experiencia Hay” los dejo con un par de lecturas que gracias al Festival estoy leyendo y que considero apropiado compartir con vuestras mercedes. La primera, de la escritora Piedad Bonnett: “Lo que no tiene nombre”. Es un desgarrador relato, que necesitará que usted, además de leer la novela, como lector, haga uso de las herramientas informáticas e investigue un poco acerca de esta autora colombiana. Y la segunda, del hombre de las Tierras Bajas Cees Nooteboom, “En las montañas de Holanda”. En las montañas de Holanda es una pequeña obra maestra, un cuento de hadas cuyo protagonista es la lengua, creadora de palabras, diversificadora de sentido, desentrañadora de misterios. El lector es como el público de un espectáculo de magia, alguien que se sabe engañado y que se deja engañar; el autor es el creador de ilusiones, el hechicero todopoderoso; la literatura es un circo, un teatro, en esta novela que le valió, además de los merecidos premios, el hecho de que un próximo festival de letras de Holanda lleve su nombre.

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Imagen de C.J. Torres

Mi nombre es C.J. Torres, tengo 33 años, soy natural de Cartagena de Indias, Colombia, soy administrador industrial de profesión, pero en palabras de Chejov, la literatura es mi amante.
Web site: www.cjtorres.com.co
Twitter: @literaturashow
Instagram: cjtorresescritor

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