¡Están matando a las mujeres!

02/06/2013 - 15:59

En lo que va corrido de este año han sido asesinadas y muertas en accidentes de tránsito más de 1.170 mujeres en Colombia. En promedio son asesinadas cuatro mujeres diariamente, según Medicina Legal. En Cartagena la cifra llega a tres (3) mujeres asesinadas en lo que va del 2013. La Costa alcanza 40 casos y Córdoba aparece con la cifra más alta, lleva once (11) casos. Los celos es el indicador detonante de esta conducta.

Los casos más sonados a nivel nacional han sido los de Rosa Elvira Celis y ahora el de la abuelita Emperatriz Romero, ambas empaladas por sus atacantes. Esto es abominable y espantoso. Hay más casos, pero estos dos, son de mentes enfermas y diabólicas. Merecen la muerte.

¿Qué nos pasa a los hombres? ¿Será que hemos entrado en un trance maléfico y diabólico de machismo ancestral que lo sacamos a relucir en cualquier momento?

¿Cuándo pasará esta tormenta para las mujeres? Que nunca han sido el sexo débil. Débil somos los hombres que no somos capaces de aceptarlas como son ellas. Y si pretendemos que nos acepten como somos nosotros.

Es una carrera de apuestas por la hegemonía del macho sobre la hembra, realidad parecida al comportamiento del reino animal. Los animales entran en celos y se aparean, los hombres están dispuestos en cualquier tiempo, mostrando su actitud machista. Las mujeres también sienten ganas, pero, por una condición social lo hacen de maneras diferentes y muy reservadas. ¡La mujer no hace lo que no quiere!

Es una verdad de apuño. ¿Si los hombres actuamos así, habrá algún problema que también lo hagan las mujeres? Ellas no nos matan…. Nos dejan, nos perdonan y hasta es motivo de reconciliación.
Tenemos que civilizarnos. No importa los títulos, la condición social, el color de la piel, su inclinación sexual y hasta la religión; las mujeres hay que amarlas, consentirlas, cuidarlas, protegerlas, mimarlas y sobre todo respetarles sus derechos. Tienen protección constitucional.
Seguir así, podríamos acabar con el momento sublime como es “hacer el amor”. El temor puede apoderarse de ellas, aumentar su desconfianza, seguir fingiendo como mecanismo de defensa, y lo más aterrador, que terminen aborreciéndonos.

Culturalmente los hombres son educados con la potestad de ser el jefe del hogar. Eso ya no es verdad. Hay que vivir la realidad. Las mujeres son más independientes y han asumido el rol de ser jefa o madre cabeza de hogar. Esa independencia la han conseguido a fuerza de luchas populares en todos los centros de poder.

Las inequidades sociales, laborales y sexuales son macartizadas por el poder dominante de los hombres. Son estigmatizadas en la sociedad por su género. Tienen establecidos unos roles sociales que salirse de ellos, significa entrar en el terreno de la vulgaridad y de mal vistas.

En lo laboral siguen sufriendo la discriminación y desigualdad salariales. Cumplen las mismas funciones que los hombres y son remuneradas por debajo, la razón, otra vez su género. Y en lo sexual, es donde existen más tabúes, limitaciones machistas y sumisión por ser el sexo débil.

Por ejemplo, Mirar a un hombre que no es su pareja y reconocer sus atributos y hasta desearlo, no le está permitido. Los hombres sí pueden mirar y desear a otras mujeres, e incluso, comentar su hazaña. ¡Que desconsiderados somos!

Y sobre las intimidades. Estudios recientes lo demuestran, para el caso de Cartagena, muchas mujeres son violadas y acosadas en su propio hogar. Tienen que acostarse con sus maridos, venga como venga, así ella no tenga ni pisca de ganas. ¡No sean tan pendejos, eso no es hombría ni mando! Eso es abuso con su compañera, amante o esposa.
Esa acción, en términos sicológicos y sociales es una violación. Callar es su comportamiento…. Al fin y al cabo es su mujer. Siente que le pertenece, que es suya. Otra vez la dominación. Que tan equivocados estamos., tratándose de relaciones sexuales.

¡Por favor no más mujeres asesinadas! El orden jurídico debe recomponer su espectro al momento de aplicar la ley con perspectiva de género y no como hasta ahora que sigue sesgada y ciega ante tantas atrocidades contra las mujeres.


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