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Turistas en busca de un destino de libre de maltrato animal

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Hace unos meses Madhu Anderson llegó a Cartagena procedente de Estados Unidos. Por boca de sus amigos había escuchado sobre la belleza y embrujo de Cartagena.

Soñaba con visitar y tomar muchas fotos en el Centro histórico, ir a las islas del Rosario y pasear por el sector turístico, pero sus planes cambiaron horas después de haber llegado, cuando vio un vehículo de tracción animal halado por un burro que llevaba en una carretilla dos vigas que triplicaban su peso.

Su primera reacción fue tomar su cámara y grabar mientras que su traductora insultaba a los seis hombres que descargaban las vigas. Con la esperanza de hacer algo, llegó al Hotel  Santa Clara, donde descargaron la pesada carga, y mostró el video a la recepcionista, pero dice que no le prestaron mucha atención.

Por la noche salió a pasear por el Centro histórico y para su sorpresa se encontró a varios caballos cocheros flacos halando una carreta con varios turistas. No pudo contener las lágrimas y tampoco podía creer lo que estaba viendo.

“Jamás me hubiese imaginado que en Cartagena existiera tanta crueldad con los animales. Nadie me dijo sobre esto, de haberlo sabido no hubiese venido. Yo he viajado por muchas partes del mundo y nunca había visto algo como esto. ¿Dónde está la autoridad? ¿Por qué nadie hace ni dice nada?, dijo a El Universal, a donde también llegó con el video.

Tras la denuncia pública de Madhu el Hotel explicó que el contratista era el directamente responsable, por lo que se tomaron medidas para evitar que algo similar volviera a ocurrir.

El no saber español no fue impedimento para quedarse otros días más de los programados y empezar a hacer algo. Con la ayuda de la traductora, que también siente un afecto especial por los animales, buscó a las fundaciones protectoras de animales para  ver de que manera podía ayudar a que las cosas cambiaran.

En menos de una semana se hizo voluntaria de la Fundación para el Rescate de Animales Desamparados (FRAD). Se olvidó de las hermosas playas y lugares turísticos de los que le habían hablado sus amigos y de la idea de visitar  otros países, y se dedicó a la atención de perros y gatos.

Todos los días se iba a la fundación a bañarlos y a alimentarlos. También asistió a varias conferencias y manifestaciones a favor de los animales.

Su amor por los animales era tan grande que lo único que le importaba era su bienestar. Lloraba cada vez que veía un burro con una carreta llena de escombros, o cuando en el Centro, los perros callejeros y famélicos deambulaban en busca de comida”. Poco a poco Madhu fue conociendo la otra ciudad, pobre e indiferente.

Por las noches antes de llegar al hotel, recorría el Centro histórico para observar el estado de los caballos cocheros y el trato que le daban sus dueños.

En inglés, si importar si le entendía o no, insultaba a algunos cocheros que llevaban sobre cupo, y llamaba a la policía para denunciar el abuso a los caballos. Algunos policías ya la reconocían y no le prestaban atención.

Algunas veces recibió amenazas, pero eso no la asustaba, por los animales estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para defenderlos.

Persistente con su causa, redactó una carta en inglés, y por el revés en español, para entregarla a los turistas, en algunos restaurantes, hoteles y el Aeropuerto. En ella advertía sobre el estado físico y anímico de algunos caballos, que según decía, no estaban en condiciones para trabajar y resaltaba algunas recomendaciones para tener en cuenta antes de tomar un coche, entre las que se contaban las condiciones físicas y anímica del animal.

Pasaban los días y Madhu no paraba. Quiso encontrar respuestas entre los entes ambientales como el EPA y la Umata, pero la reacción de las autoridades no la convenció.

“Esas entidades no están realmente comprometidas con sus funciones. Uno acusa al otro de tener la responsabilidad y es muy poco lo que hacen”, decía.

Cada vez que podía hablaba con los turistas que se encontraba en la calle sobre el trato que recibían los animales y recogió firmas entre ellos. A sus familiares y amigos les contaba por teléfono lo que estaba viviendo.

Después de casi un mes en Cartagena, Madhu regresó a Estados Unidos y prometió buscar ayuda entre los organismos de protección animal de ese país, para apoyar a las fundaciones en Cartagena.

NO ES LA ÚNICA

En julio de 2009, Miriam Russo, turista argentina, también llegó a Cartagena atraída por las bellas fotografías del sector turístico que encontraba en Internet.

Cuando llegó, todas sus expectativas sobre la ciudad se vio opacada por la presencia de caballos cocheros flacos, maltratados, con sobre cupo en su carruaje. La presencia de los burros que deambulan por las callecitas del Centro con escombros y cargas pesadas y los perros callejeros, la dejaron muy decepcionada.

Russo,  una mujer amante de los animales y defensora de sus derechos, no aguantó mucho tiempo viendo esa realidad. A los tres días decidió regresar a su país, pero antes buscó a las autoridades de protección de los animales, pero nadie le daba razón.

Algunas personas le hablaban de Damarena, de Incoder, de Parques Nacionales y de Cardique, pero no sabían los teléfonos ni las direcciones. Llegó al Hotel, pidió información al respecto pero tampoco sabían nada. Preguntando y preguntando a todo el que veía en la calle se enteró de que el EPA y la Umata eran los entes encargados del tema.

Antes de irse a su país, escribió una carta al director de la Umata, Luis Magín Guardela en la que expresa su indignación ante la negligencia de la autoridad para tratar el tema de los caballos cocheros, “(...) Quisiera saber qué medidas están tomando para acabar de una vez por todas con esto y con el maltrato de todos los animales, porque muchos turistas como yo lo ven y lo comentan, y es necesario que hagan algo al respecto lo más urgente posible”.

pero no conforme con ello también escribió una carta al buzón de El Universal http://www.eluniversal.com.co/cartagena/buzon/salven-los-caballos que se titulaba “Salven a los caballos” y en la que decía: “El maltrato que padecen varios caballos de los que se usan para conducir los coches que hacen paseos turísticos por Cartagena están mal alimentados, extremadamente delgados y trabajan varias horas tirando del coche con cinco pasajeros o más. Soy Argentina, y estuve de visita en Cartagena me encantó la ciudad y la cordialidad de su gente, pero me dolió mucho ver a varios caballitos extremadamente flacos trabajando tantas horas ¡Por favor hagan algo! Muchos turistas al ver a los caballos se preguntaban como yo ¿Por qué el Gobierno o alguna entidad protectora de animales, no hace algo al respecto?

Desde su país seguía escribiendo y diciéndoles a todos sus amigos y conocidos lo que había visto.

AUTORIDADES

UMATA

Luis Magín Guardela, director de la Unidad Municipal de Asistencia Agropecuaria (UMATA) es consciente del problema y de algunas de las denuncias por parte turistas y personas del común, y aunque el problema continúa, se empiezan a ver muestras de cambio. Hace varias semanas este ente, junto a entidades ambientales y de tránsito se reunieron con algunos cocheros para tratar el tema de maltrato animal y la responsabilidad que tienen con su bienestar. También trataron algunos apartes del Estatuto de Protección Animal (Ley 84 de 1989).

Según datos de la Umata, en Cartagena existen aproximadamente 600 burros y caballos de tracción animal.

COTELCO

Mónica Mass, directora ejecutiva de la Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco), dice que nunca ha recibido una queja por maltrato animal por parte de los turistas, por lo que no cree que esto pueda afectar al turismo.

“El maltrato animal no tiene nada que ver con el turismo, es un problema de ciudad. En el caso específico de los caballos cocheros es responsabilidad de la Corporación de Turismo velar porque los contemplado en la norma que los reglamenta se cumpla”.

CORPOTURISMO

La Corporación de Turismo Cartagena de Indias, no se pronunció al respecto a pesar de la insistencia de este medio.

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