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Casamiento e hijos biológicos para pareja gay hispana de EE.UU.

Tienen dos cunas. Se han inscrito en una tienda de ropa de bebé. Les han regalado libros sobre paternidad, juguetes y ositos de peluche.

Farid Ali Lancheros, un colombiano de 46 años, y su novio, George Constantinou, un estadounidense de 35 y de madre costarricense, ya están listos para ser padres.     

Luego de dos años de averiguaciones, de gastar miles de dólares, de frustraciones y de agotadores viajes en avión y automóvil, la pareja gay tendrá gemelos en noviembre, concebidos usando un vientre alquilado.     

Los gemelos Gustavo y Milena llegarán al mundo para ser criados por una pareja homosexual hispana que superó algunos estereotipos y planea casarse en el estado de Nueva York, donde recientemente se legalizó el matrimonio entre personas de un mismo sexo. Esperan hacer una vida normal, con un matrimonio legalmente constituido e hijos biológicos. Una vida que probablemente no podrían hacer en Latinoamérica, según ellos.     

“Todo es posible en esta vida”, dijo Lancheros. “Pero mis tías aún no lo acaban de entender. En Latinoamérica la gente no es tan abierta de mente. Yo creo que podemos cambiar percepciones”.     

La pareja, dueños del restaurante colombiano “Bogotá”, en el barrio neoyorquino de Brooklyn, compró en marzo 20 óvulos a una mujer venezolana criada en Colombia. Después de que especialistas de una agencia de fertilidad en Connecticut insertaran el esperma de Farid en varios de ellos y el de George en otros, dos óvulos fecundados fueron introducidos en otra mujer estadounidense que alquila su vientre.     

Al igual que otras familias, Lancheros y Constantinou esperan tener más hijos, así que conservan 11 embriones congelados para usar en el futuro.     

Según datos del censo del 2009 las mediciones más recientes disponibles, en Estados Unidos hay unas 581.300 parejas del mismo sexo, de las cuales un poco más del 18% tienen hijos.     

Se calcula que el total aproximado de niños criados por parejas homosexuales en el país es de 210.000, dijo Gary Gates, demógrafo del Instituto Charles Williams sobre Derecho en Orientación Sexual de la Universidad de California en Los Angeles, que analiza este tipo de datos.     

De vivir en Colombia, a Lancheros y Constantinou probablemente les resultaría más complicado tener hijos porque allí, como en muchos países latinoamericanos, “todavía hay mucho perjuicio” hacia los homosexuales, dijo Marcela Sánchez, directora de la organización Colombia Diversa, con sede en Bogotá. El grupo trabaja para el reconocimiento y ejercicio de los derechos de los gays y personas transgénero.     

“La gente sigue todavía creyendo erróneamente en el instinto materno y, cree que eso se da por naturaleza. Para los hombres está todavía mucho más alejada la posibilidad de que se vea como algo normal y natural de los seres humanos, primero, el hecho de querer ser padre y, segundo, querer serlo con otro hombre”, dijo Sánchez. “Eso está más allá de los horizontes que, en realidad, en Latinoamérica son bastante limitados”.     

Argentina y México son dos de los países que llevan la delantera en la región en cuanto a los derechos de los homosexuales: en ambos, las parejas gays pueden casarse y adoptar niños. En Uruguay está permitida la unión civil y la adopción.     

Sánchez indicó que en Colombia no se puede negar la adopción de un hijo debido a la orientación sexual de una persona. Sin embargo, las parejas gay no pueden adoptar.     

“Se da una situación muy ridícula y ambigua. Se adopta como un individuo”, pero no como pareja, dijo Sánchez. La activista explicó que hay mujeres lesbianas y homosexuales que tienen hijos biológicos por reproducción asistida o por relaciones heterosexuales previas.     

En la mayoría de países de Latinoamérica, el nacimiento a través de un vientre de alquiler no está legislado o incluso está prohibido, según “Un Hijo es Posible”, una agrupación de personas que tuvieron hijos mediante vientres alquilados.     

Por estos motivos, algunos opinan que la historia de Lancheros de padre palestino  y Constantinou de padre griego sólo podía ocurrir en Estados Unidos.     

El colombiano nació en Bogotá, pero su familia se trasladó a Nueva York en marzo de 1965 en busca de mejores oportunidades laborales. Lancheros tenía tan sólo tres meses de vida.     

Él y Constantinou se conocieron en el 2001. La pareja viaja con frecuencia a Colombia, donde Lancheros pasó recientemente tres meses.     

“Al principio uno no opina, y luego lo acepta. Se nota que se quieren mucho”, dijo en entrevista telefónica Teresa Lancheros, la tía de 72 años del colombiano, quien vive en Popayán.     

La anciana, madre de cuatro hijos, dijo que le “dio mucha alegría” saber que Farid sería padre.     

“Aunque ellos son diferentes, necesitan ser felices”, expresó la colombiana. “Creo que es maravillosa esta tecnología. El hecho de que sus hijos son propios, son de ellos”.     

En el 2005, la pareja abrió “Bogotá”, en el barrio de Park Slope, donde viven. El restaurante, con paredes de colores y música tropical, ofrece platos como chicharrón con aguacate, sancocho, arepas o chipotle, acompañados de mojitos.     

Hace dos años, Lancheros y Constantinou empezaron a hablar de paternidad.     

“Al restaurante empezó a venir una pareja gay con hijos. Yo nunca había visto eso. Les tenía miedo”, recuerda Lancheros. “Sin embargo, más tarde conocí mejor a uno de los padres y me contó la historia de la adopción. Le vi como se manejaba con sus hijos... Me di cuenta que todo eso era posible”.     

El camino hacia una familia empezó con la idea de adoptar e incluso contrataron los servicios de la agencia de adopción, pero finalmente decidieron tener sus propios hijos biológicos.     

“Sentí que en la adopción había incertidumbre respecto a tu futuro hijo... Con un vientre de alquiler uno tiene más control sobre el tema y ese es tu hijo biológico”, explicó Lancheros. “Además estábamos invirtiendo ya mucho dinero...”.     

Durante una sesión informativa en junio del 2010 organizada por el grupo “Men Having Babies” en el Centro Comunitario de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgéneros de Manhattan, los futuros padres oyeron hablar de la agencia Circle Surrogacy. Lancheros y Constantinou se reunieron con representantes de la agencia en el Hotel Peninsula de la ciudad ese mismo mes.     

Allí acordaron un primer pago de 50.000 dólares a la empresa con sede en Boston para que ésta les encontrara un vientre de alquiler, es decir, una mujer dispuesta a quedarse embarazada con el esperma de ellos y los óvulos de una donante.     

Constantinou tiene una familia extensa y desde el principio quiso tener dos hijos de una vez. Lancheros, quien al principio era reticente a la idea de gemelos, se dio cuenta de que financieramente tenía más sentido tener gemelos ahora, en lugar de sólo un hijo y, quizás años después, otro.     

El paso siguiente era encontrar a la donante de óvulos.     

Lancheros y Constantinou querían a una mujer de herencia hispana, para así tener algo en común con ella.     

“La queríamos alta, latina y con una educación universitaria”, dijo Constantinou.     

Ni Surrogate Circles, ni la agencia Connecticut Fertility lograron encontrar al modelo de donante que buscaban. Hasta que Rite Options, en Long Island, les mostró el perfil de una mujer anónima, con el nombre falso de “Andrea”, nacida en Venezuela pero criada en Colombia. La donante de 28 años, que vivía en Long Island, cobró entre 6.000 y 8.000 dólares del total de 25.000 que la pareja pagó a la agencia, dijo Lancheros.     

La donante no puede ser contactada pues tienen protegida su anonimidad, dijo una representante de Rite Options, con sede en Garden City, Nueva York.     

“Andrea” produjo 20 óvulos. Diez de ellos fueron fecundados con esperma de Lancheros y los otros 10 con esperma de Constantinou. Este último produjo siete cigotos u óvulos fecundados por un espermatozoide, mientras que Lancheros produjo seis.     

Al cabo de cinco días, en los laboratorios de Connecticut Fertility, los dos cigotos más fuertes uno con esperma del colombiano y otro con esperma del estadounidense  fueron introducidos en Jeny Denhof, una mujer estadounidense de Denver dispuesta a gestar el embarazo.     

La pareja conoció a Denhof en noviembre del 2010 y estableció automáticamente una relación de amistad con ella.     

“Ellos querían estar involucrados en el embarazo. Lo están, y eso me encanta”, dijo Denhof a la AP. “Hemos desarrollado esta especie de relación de familia extensa. No puedo imaginar más mi vida sin ellos. Decidimos que este sería un camino personal para todos, no una estricta relación laboral”.     

Denhof creó un blog, http://lovemakesafamily2011.blogspot.com/, donde donde coloca imágenes de la evolución del embarazo y que incluye fotografías de Lancheros, Constantinou, el marido de Denhof y sus dos hijas.     

Lancheros y Constantinou decidieron pagarle a Denhof clases de yoga para mujeres embarazadas y cubren todos sus gastos médicos. En total, ser padres ha costado a la pareja unos 150.000 dólares, una cifra que no incluye los viajes a Denver para ver a Denhof. Los pagos son casi todos sus ahorros y el valor de un apartamento del que Farid era dueño.     

Circle Surrogacy calcula que aproximadamente unas 2.000 mujeres alquilan sus vientres cada año en Estados Unidos. Un 70% de los casos que lleva la agencia son para parejas homosexuales, dijo John Weltman, presidente y fundador de la empresa.     

Aunque Circle Surrogacy trabaja para personas que viven en 50 países, sólo han trabajado con media docena de clientes que viven en Latinoamérica, dijo Weltman.



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