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El hijo de Pablo Escobar pide perdón al país por los pecados de su padre

El Colombiano conversó en exclusiva con Sebastián Marroquín Santos, un hombre que lucha cada día para ser reconocido como un ciudadano del común, como un arquitecto apasionado, como un hombre de familia, y no como el hijo de Pablo Escobar Gaviria, una referencia que le ha costado persecuciones, amenazas, exilio, miedo, escándalos y hasta meses en prisión.

- El año pasado usted volvió a Colombia luego de 15 años de exilio. ¿A qué fue?
“Fui por invitación de los senadores Rodrigo Lara y Juan Manuel Galán, y de Claudio y Carlos Galán con el ánimo de reencontrarnos por la carta que yo les había escrito acerca de la reconciliación y la paz que me parecían tan necesarias para nuestras familias y el país. A eso fui, a encontrarme con ellos, a conversar, a dar la cara, a pedirle perdón a toda una nación por los actos de mi padre”.

-¿Qué motivó esa carta donde usted les pide perdón por lo que hizo su padre?
“La motivó un deseo de vivir en paz y en tranquilidad para todas las familias. Que la paz no fuese un derecho exclusivo de quien ostente uno u otro apellido sino que sea un derecho irrevocable de todos los colombianos”.

-¿Por qué pedirles perdón si usted no hizo parte de la guerra?
“Yo estoy pidiéndoles perdón porque soy la única persona viva que representaría la memoria de mi padre. En cabeza mía quisiera pedirles perdón a ellos por los actos de mi padre, es ese deseo de buscar una paz y una tranquilidad o hasta quizás de poner en boca de mi padre las palabras que yo hubiese querido que él dijera o el país que yo hubiese querido que él construyera.
Me pareció que yo tenía que contribuir de alguna forma a que se buscara un perdón y una reconciliación desde ese lugar, había pasado el tiempo prudente y eso también ayuda a calmar los ánimos, a ampliar más los horizontes, a ver mejor las cosas, está uno menos apasionado, menos contaminado de muchos sentimientos de rencor o de venganza que no sirven absolutamente de nada y que lo único que hacen es enfermarnos a nosotros y a nuestra sociedad”.

-¿Cuáles han sido las consecuencias que ha tenido que asumir el país después del asesinato de Luis Carlos Galán?
“La falta de dirección, la falta de nuevos estándares políticos, de un proyecto de país en serio y de verdad donde se recuperaran todos los valores que se perdieron en esa época. Creo que le hizo un gran daño al país no tenerlo vivo y no haber podido tener la experiencia de disfrutarlo como presidente porque supongo que habría sido uno muy bueno o de los mejores”.

- ¿Cómo se entiende que usted tenga esa visión de un hombre que se enfrentó tanto a su padre?
“Porque yo no me pongo a mirar los intereses personales de mi papá y a defenderlos, o los de Galán y a defenderlos, sino desde el bien común y el bien común era que Galán llegase a la Presidencia y nos orientara a todos los colombianos en la nueva Colombia que queríamos tener”.

- ¿Dónde estaba usted el día que lo mataron?
“No recuerdo. Eso fue después de la bomba del Mónaco... Creo que estaba viviendo en Medellín. La consecuencia para nosotros fue el encierro absoluto. No podíamos salir, completamente quietos esperando que el tiempo pasara indefinidamente sin un norte concreto y sin saber qué iba a pasar. Generalmente cada que ocurrían esas cosas las represalias que se venían sobre la familia eran las más fuertes”.
“Cuando mataron a Lara tuvimos que salir del país inmediatamente, al día siguiente, por orden de mi papá, no podíamos dormir en nuestras casas sino en un lugar donde nadie nos hubiera visto. Al día siguiente nos madrugamos en helicóptero hacia Panamá y allí estuvimos meses. Mi mamá estaba en embarazo y allá nació mi hermana. Luego nos fuimos a Nicaragua. Los dos gobiernos le ayudaron mucho a mi papá con protección y refugio”.

- ¿Cómo ve al país veinte años después de la muerte de Galán?
“Lo veo con la esperanza de un futuro mejor y tangible, que se puede palpar pero que aún no está consolidado, que todavía hay mucho por hacer y mucha conciencia por tomar. Mientras persista el hambre y la falta de oportunidades dignas y de educación, habrá excusas para la violencia”.
Después de dos décadas los hijos de Galán siguen confiados en que el asesinato de su padre se va a esclarecer algún día.

-¿Usted lo cree?
“Yo comprendo muchísimo la búsqueda de justicia que la familia Galán tiene y se merece sin ningún tipo de restricciones, como se la merece cualquier colombiano víctima de este conflicto, cualquiera que sea, del bando o familia o grupo al que haya pertenecido y cualquiera que hayan sido las circunstancias en las que se terminó acabando con su vida. Creo que todos tenemos derecho a la justicia, pero creo que hay un bien superior para mí que es la paz. Muchas veces algunos países como Colombia se ven abrumados por la cantidad de delitos y crímenes que se han cometido dentro de su territorio y no se les puede dar justicia absoluta a todos los crímenes que aquí sucedieron.
Es lógico que muchos de ellos queden en la impunidad porque es abrumadora la cantidad de homicidios y de magnicidios de los que hemos sido testigos en el país. Pretender que todos los casos se van a esclarecer me parece ingenuo. Me parece bien que se trabaje en la búsqueda de la verdad pero creo que muchas veces también es importante estar dispuestos, antes de la búsqueda de la paz y de la justicia, es a perdonar y a reconciliarnos sin resignar a esa búsqueda. Si aparece, bienvenida la justicia, y si no aparece creo que también, desde mi experiencia personal, me doy por bien servido si a cambio de esa ausencia de justicia por lo menos está reinando la paz. En todo caso hay una justicia divina a la que ninguno podrá renunciar y allá arriba nadie escapará de su propio juicio”.

- ¿Y usted cree que la paz sea posible?
“Totalmente. Las sociedades latinoamericanas están llenas de ejemplos de reconciliación y de paz, y esas sociedades han sanado sus heridas, han salido adelante. Yo no veo por qué nosotros no podamos hacerlo. Me parece que es una ceguera cultural, somos los más lentos para comenzar estos procesos de perdón, Colombia está rezagada en eso. Tenemos todas las herramientas para que reine la paz en Colombia.

-¿Cómo fue el encuentro con los Galán?
“Yo no tenía ninguna referencia sobre los hijos que iba a conocer ese día. Solamente iba acompañado por el prejuicio, por las imágenes que había podido observar. Pero no tenía una opinión formada acerca de ellos así que me fui a ese encuentro dando lo mejor de mí para irme liberando de todo tipo de prejuicios, permitiendo que todas esas incógnitas fuesen resueltas a lo largo de las conversaciones. Pensaba que Juan Manuel era un tipo frío pero me pareció muy cálido, una gran persona, los prejuicios rápidamente fueron desapareciendo.
Me imaginaba que iba a haber mucha más distancia, mucho más frío en esa reunión si bien lo hubo por el dolor que todos de alguna manera llevábamos dentro, pero realmente me encontré con grandes personas, con unos jóvenes igual que yo con ganas de tener un mejor país y desde ese lugar creo que es la mejor idea que podemos tener en común”.

- ¿Qué quedó de esa reunión?
“Yo quedé con mucha tranquilidad, quedó paz, quedó perdón, reconciliación, mucha esperanza para el país, para las familias de ellos, para mi familia, para mí. Como poder mostrarnos a nosotros mismos que si le ponemos una genuina voluntad es posible limar las asperezas más grandes y acabar con ese deseo de vengarse que mantenemos los colombianos”.

- ¿Usted se identifica más con su papá o con las ideas que defendieron personas como Lara y Galán?
“La gran paradoja es que mi padre creía firmemente en las ideas de Galán y en las de Lara, de hecho intentó y estuvo al lado de ellos cuando pudo y cuando nadie sabía nada de su historia real. Lo triste de esta historia es que aún coincidiendo en miles de visiones acerca del país que querían, terminaron enfrentados por los intereses que generaba el narcotráfico, su prohibición y la extradición de colombianos”.

- ¿Pero en qué podían coincidir Pablo Escobar y Luis Carlos Galán?
“Mi papá apoyó todas las ideas y la visión política que tenían Galán y Lara sobre el país, en un inicio. Después terminaron con una enemistad y mi padre se sintió ofendido y humillado por ellos por la forma como fue tratado, de manera merecida porque él los estaba engañando con su pasado, él no fue claro con ellos...”.

- ¿Cuáles eran esas ideas en las que coincidían?
“Ahí hay un choque en los deseos de mi padre: una búsqueda del bien común que lo invitaba a reflexionar sobre un país que coincidía en lo que querían Galán y Lara, pero por el otro lado tenía sus intereses personales y económicos mucho más arraigados y al final terminaron pesando más que los intereses del bien común. Así terminaron todos muertos, y ahora somos todos huérfanos”.

-Frente a las dudas que existen sobre el proceso de Justicia y Paz, ¿cree realmente que pueda haber un proceso de reconciliación entre víctimas y victimarios?
“Absolutamente. Así lo creo. Yo he experimentado la liberadora sensación de reconciliación, de paz y de perdón no solamente con la familia Galán y con la familia Lara, si no con muchas otras familias que por motivos del pasado estuvieron enfrentados a mi padre y han sido experiencias en las que uno quizás no pueda ser muy explícito en cuanto a nombres y demás pero que para mí han sido todavía más enriquecedoras porque se siente la posibilidad de que se puede lograr una paz genuina, auténtica, sincera, posible. Hemos llegado a comprender que es imposible que haya un futuro para nuestro país y para nosotros si continuamos aferrados a ese odio y resentimiento.
Si continuamos aferrados a ese odio el país seguirá siendo exactamente el mismo, obviamente ya no habrá un Pablo Escobar jodiendo la vida, pero de que la paz es absolutamente posible doy fe. Con mi actitud y mi deseo de paz he podido lograr que otras familias se sumen, no porque yo las impulse, sino porque entienden un mensaje genuino y sincero que busca la paz desde lo más profundo”.

-Pero a pesar de que usted ha demostrado a la justicia que está dedicado a la paz y a su profesión como arquitecto, todavía siente reservas para viajar a Medellín. ¿Por qué teme volver?
“Temo volver a Colombia porque no quiero caer en las redes de los oportunistas que desconociendo mi filosofía de vida pretendan engañar a sus patrones con mentiras acerca de mí y de lo que busco en Colombia. Temo por la sencilla razón de que allí hay una industria muy peligrosa que es la industria del chisme donde se pueden generar comentarios que terminan generando violencia y un negocio detrás de todo eso, como se han nutrido toda la vida los bandidos inventando un chisme para poder ir a matar a otro y cobrar su parte. Temo porque aún no se conoce mi filosofía de vida.
Yo pienso diferente, yo aprendí la lección de esta historia, no la quiero repetir ni en la primera coma siquiera. Ese es el mensaje del documental, el otro es aprender a perdonar, aprender a reconciliarnos por mucho dolor que nos dé, aprender a buscar un bien común, ni siquiera quedarnos patinando en nuestros propios odios sino que el bien común también es pensar en el futuro de nuestros hijos, pensar que nuestros hijos no tienen por qué continuar con ese karma que se viene prolongando entre tantas familias colombianas, porque la nuestra en definitiva, y la de los Galán y la de los Lara es un pequeño ejemplo de todo lo que ocurre en Colombia, somos una muestra de a lo que se puede llegar en Colombia si no se le pone un freno y conciencia, donde se puedan construir las ideas sin temor y que se puedan abrir debates con tranquilidad, discutir sobre el país que queremos sin que por el simple hecho de opinar diferente se genere una guerra más”.

-¿Cuál es el principal problema de Colombia, la guerrilla, la corrupción, el narcotráfico...?
“Creo que somos todos porque tenemos una cuota de responsabilidad queramos o no. Porque hemos sido en varios momentos de la vida nacional tolerantes con muchas acciones violentas, no hubo la firmeza necesaria en el control del Estado como para que estas cosas no llegaran a estos extremos. Creo que los colombianos tenemos que empezar a aceptar que hubo una corresponsabilidad de toda la sociedad en todos los problemas en los que estamos metidos, desde la guerrilla, el paramilitarismo, el narcotráfico y las guerras que ha generado su prohibición, como la población que no denuncia, que no participaba ni protestaba o que no defiende el bien común, la falta de solidaridad...
Pero no es una corresponsabilidad en la que yo busco culpables o condenas, no, sino un cambio en la conciencia colectiva. La justicia que yo espero, la deposito en las manos de Dios y no en las de los hombres.”

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