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Entrevista al Excomisionado de Paz Camilo Gómez, diez años después del Caguán

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Diez años después de que hubieran terminado en fracaso los diálogos de paz del Caguán con la guerrilla de las Farc, el entonces comisionado de paz, Camilo Gómez, hizo un balance de lo que fue su labor.

Tiene espacio para las anécdotas, pues cuenta que le tocó aprender a pilotear un helicóptero, pues la peligrosidad de las zonas en las que se desplazaba requería que en caso de que el piloto de la aeronave fuese herido, él pudiera tomar el control del aparato.

Gómez reconoce que se cometieron errores durante las negociaciones, pero sigue estando seguro de que la apuesta por la paz se debía hacer, no solo en aquel entonces, sino también ahora. Así mismo, asegura que no se le debe tener miedo a una negociación con la guerrilla.

Diez años después de que se acabó el proceso de paz en el Caguán, ¿qué balance hace?

—Hubo esfuerzos muy grandes por mantener el proceso, porque la paz lo ameritaba, pero el 20 de febrero de 2002 la situación era muy crítica. En enero yo había hecho el anuncio del rompimiento directamente en el Caguán y por petición de Naciones Unidas se mantuvo el proceso hasta el 20 de febrero, pero las Farc estaban en una decisión de no avanzar ni tomar la decisión final, que era hacer el cese de fuego, dejar de hacer acciones violentas y liberar a los secuestrados.

Uno de los planteamientos con los que ganó su elección el presidente Pastrana fue la promesa de paz, ¿hoy cree que sí se la jugaron bien en ese punto?

—No tengo la menor duda. Nos la jugamos porque la paz lo ameritaba y entre otras cosas porque a Pastrana lo eligen para buscarla. Las condiciones y circunstancias previas al proceso eran evidentes, teníamos un mandato por la paz que acababa de pasar, catorce millones de votos para que el presidente que llegara, cualquiera que fuera su origen, hiciera la paz y eso era motivo suficiente para hacer todos los esfuerzos necesarios para lograrla.

¿Cuál era la estrategia de la paz en aquel entonces?

—No era solamente la negociación con la guerrilla, era el Plan Colombia, la diplomacia por la paz, el fortalecimiento de las instituciones, el fortalecimiento del Ejército y la Policía y el fortalecimiento de la lucha contra el narcotráfico, esa era una estrategia completa, dentro de la cual un punto eran las negociaciones con la guerrilla.

¿Cómo recuerda usted el día de instalación, con la famosa silla vacía?

—Estaba prevista la posibilidad que ‘Marulanda’ no fuera; fue un gran error de él no hacerlo y una muy mala señal para el país. La disculpa que dieron en ese momento tampoco fue real, alegando que iba a haber un atentado. Después se supo que no asistió porque no quería dar una señal de que la paz ya se estaba alcanzando. Era la soberbia que caracterizaba a las Farc por ese entonces. El presidente Pastrana simplemente cumplió con su palabra, él se había comprometido a instalar la mesa de negociación y así lo hizo, a costa de todo su capital político, pero no importaba eso ni las encuestas, lo que importaba era buscar un proceso que llegara a la paz y cumplir una estrategia.

¿Cree que las Farc tuvieron ganas en algún momento de hacer la paz?

—Esa es una de las grandes preguntas del común de la gente y se la contesto con una anécdota: para desarrollar las negociaciones teníamos como asesores al profesor Roger Fisher y su equipo de Harvard, que son los grandes expertos en negociación de esa universidad. Le pregunté en uno de los entrenamientos: “¿Cómo saber si las Farc tienen o no voluntad de paz?” Me contestó que no me preocupara por eso y que mi oficio era crear y conformar esa voluntad hasta llevarlos a que se convenzan, eso fue lo que pasó. Las Farc del principio a las del final tuvieron un avance totalmente notorio, ellos nunca pensaron llegar hasta donde llegamos y les dio susto hacer la paz.

¿Por qué les dio susto?

—Sentían que tenían una gran capacidad política nacional e internacional y además capacidad militar y en ese lapso que duró el Caguán se dieron cuenta de que no era así. Vieron el mundo y no se encontraron dando pasos hacia una paz real. Internamente tuvieron muchas dificultades, así como a mí me decían que estábamos entregando muchas cosas que nunca entregamos, ‘Marulanda’ un día confesó que a él le decían lo mismo, lamentablemente las Farc no sabían, y hoy tampoco, qué hacer para llegar a la paz.

¿Cómo recuerda al ‘Marulanda’ de aquel entonces?

—Un hombre desconfiado, sagaz, muy astuto, no necesariamente muy preparado intelectualmente, era un campesino lector, con una capacidad curiosa de análisis político, le gustaba la política. Tuvimos largas horas de conversación, desde luego con unas posiciones diametralmente opuestas en muchos aspectos. Era un tipo frío con los temas de la guerra, el secuestro o los atentados; así como para nosotros son de un gran impacto, para ellos son del día a día.

¿Qué conversación en particular recuerda?

—En alguna ocasión nos habíamos reunido para hablar del acuerdo humanitario y de la liberación de 450 personas, la conversación había fluido muy bien y dos días después llegué a una reunión con él, casi convencido de que iba a funcionar de inmediato. Ese día ‘Marulanda’ tenía a 50 de sus comandantes detrás, para hacer un discurso muy fuerte contra el Gobierno y contra el Estado sobre el acuerdo humanitario. Me fui solo, por lo bien que venía de la reunión anterior. Pero me tocó aguantarme, en la mitad de la selva, en un lugar que se llamaba La Y, todo el discurso violentísimo de ‘Marulanda’, que duró 40 minutos. Cuando terminó, inicie el mío, igual o más fuerte y más largo. Le dije a ‘Jojoy’, a ‘Marulanda’, a ‘Reyes’, a los 50 comandantes y a todos los demás que estaban con él lo que significaba el secuestro y el narcotráfico y terminé señalándoles que mientras todos los que estaban ahí tenían sus manos manchadas de sangre, yo las tenía machadas de tinta, porque con esta tinta esperaba que se convencieran que íbamos a firmar la paz.

¿Qué le respondieron en aquella ocasión?

—Fue una discusión durísima con todos los términos y ‘Marulanda’ estaba muy bravo y muy molesto, porque nadie posiblemente le había hablado tan duro delante de todos sus hombres, hablé 45 minutos, no dejé que nadie más hablara... Luego hubo silencio absoluto  y alcancé a pensar que ahí podía pasar lo que fuera. Curiosamente quien rompió el hielo fue ‘Jojoy’, como a los tres o cuatro minutos, que a mí me parecieron una eternidad. ‘Marulanda’ tiró el asiento, palmoteo en la mesa y dejó hablar a ‘Jojoy’ y él simplemente le dijo: “Vaya viendo, comandante, quién fue el gallito que nos mandó Pastrana”. No tuve más remedio que soltar la carcajada y ‘Marulanda’ se volvió a sentar. Eso fue empezando mi cargo y ahí quedó sentada mi posición, que representaba la de todos los colombianos. No tuve ningún temor de decirles absolutamente todo.

¿En qué momento ve usted que ya no va más el proceso?

—Hubo momentos muy críticos en todo 2001 y empezando 2002. Hubo discusiones muy fuertes y rompí el proceso en enero porque ellos decidieron decir que no avanzaban porque no había garantías, lo cual era una mentira. Después de una discusión muy agria les dije que el Gobierno entendía que si las Farc no continuaban avanzando se levantaba la mesa. Eso lo repetí varias veces y ellos no creyeron. Convoqué a los medios y allá en el Caguán, delante de ellos, le anuncie al país que el Gobierno se levantaba de la mesa, eso fue en enero de 2002.

¿En 2001 en qué parte empieza a ver que las Farc estaban cambiando su posición?

—En 2001 hubo varios contrastes y hay que resaltar la liberación de los soldados, si no lo hubiéramos logrado, esos muchachos posiblemente estarían en la selva, fueron en total 450 personas liberadas, eso se hizo sin aspaviento ni aprovechamiento político y con respeto a cada muchacho y a sus familias. Buena parte de esas liberaciones se dieron en 2001 y me siento muy orgulloso por haberlo hecho, y triste de no haberlo podido hacer con los que quedaron.

¿Luego qué pasó?

—Se empezaron a dar circunstancias difíciles, ellos mataron a Consuelo Araujo y eso creó un problema muy grande. Ahí surge el acuerdo de San Francisco, en el que ellos aceptan el cronograma, aceptan el documento de los notables y entrar a negociar el cese de fuego y hostilidades, pero los hechos del proceso estaban muy difíciles. Cuando se rompe el proceso es importante recordar que tres días antes habíamos terminado la ronda de negociaciones en la que estábamos en casi 80 por ciento de la discusión al cese de hostilidades. Las Farc habían aceptado la liberación de los secuestrados y parar esa práctica. Después viene el secuestro del avión, que fue contradictorio a lo que estábamos discutiendo y se acabó el proceso.

¿Alguna vez se ha sentado a pensar qué pudo haber hecho diferente?

—Claro, mirar para atrás es facilísimo, mirar hoy diez años después hay muchas cosas que ajustar, cosas que de pronto hubiera cambiado, momentos de discusiones, pero muchísimas otras que las repetiría sin lugar a dudas. El trabajo por la liberación de esos 450 hombres lo realizaría siempre. Todos somos humanos y cometemos errores y posiblemente en esas circunstancias, que eran dos procesos simultáneos, con dos grupos guerrilleros en dos sitios, era una intensidad muy grande y funcionó. Errores siempre hay para corregir y hay que aceptarlos.

¿Cree que el Gobierno fue inocente en haber dado tanto a las Farc?

—Me pregunto qué les dimos a las Farc, me parece que logramos muchas más cosas. Prefiero pasar por inocente, porque hicimos el proceso con toda la honestidad del caso, de frente al país, abierto, todos los medios de comunicación estuvieron en el proceso y el país lo vio día a día, no hubo sorpresas. Agotamos todo el capital político y todos los esfuerzos humanos porque se justificaba hacerlo. Prefiero haber pasado por ingenuo y no por avivato.

¿Fue un error haber creado la zona de distensión?

—Fue un problema grande, las circunstancias en las que se dio en ese momento eran muy particulares, hoy la ley no lo permite y creo que una zona de distensión es imposible. Las Farc se encargaron de acabar con esa posibilidad, pero el proceso de paz no era el Caguán, el proceso iba mucho más allá, la zona de distensión era un instrumento, no era el proceso.

¿Cómo afectó el narcotráfico a las Farc?

—Las Farc se fueron involucrando cada vez más en el narcotráfico. Hicimos una reunión con ‘Marulanda’ porque habían aparecido unas primeras pruebas de reuniones entre personas de las Farc y narcotraficantes mexicanos. Él, con sus particularidades, hizo el encuentro un 24 de diciembre. Viajé con Juan Gabriel Uribe y estuvimos hasta las siete de la noche en la zona, casi no podemos despegar, nos tocó decolar iluminando la pista con un carro que estaba al final. Allí le dije que si se querían dedicar al narcotráfico o lo querían cortar, porque teníamos una información. Ellos no quisieron hablar del tema y tenían unas teorías que eran inaceptables desde todo punto de vista. Dentro del deterioro del proceso la gran pregunta era si las Farc querían seguir el camino del narcotráfico y el terrorismo o el camino de la vida política. Los hechos demuestran que optaron por el primero.

¿En este momento se puede hablar de diálogos de paz con la guerrilla?

—Esa va a ser la salida y algún día llegará por ese camino, el camino de solo la guerra es el que hemos seguido 50 años y al final de eso está la paz. Puede ser más rápida con un camino negociado o más lento y mucho más costoso a ritmo de mantener la guerra. Hoy las condiciones son distintas, sería una conversación completamente distinta, pero creo que no hay que tenerle miedo a una negociación con la guerrilla.

¿Cuál sería su recomendación en caso que se iniciara un proceso de paz?

—Los consejos se basan en trasmitir una experiencia que no solamente es mía sino de todo el país y desde luego en ese campo siempre es una obligación moral contar todas las cosas buenas y las malas.

¿Cómo ve la actitud de ‘Timochenko’, que se ha comunicado más de lo que hicieron sus antecesores?

—Son comunicados escritos con mucha más frecuencia, lo cual me parece que es una señal importante y positiva. Pero al mismo tiempo se quedaron incomunicados, parecen salidos de un monte jurásico, por el lenguaje y la forma que utilizan. Ellos tienen que ver que el país cambió y el mundo también lo ha hecho aceleradamente y les toca ahora el turno a ellos.

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