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Indocumentados, dilema para Obama

Barack Obama aseguró que la reforma a las leyes de inmigración sería una de sus grandes prioridades para su primer año en la presidencia. Ya está en el segundo y las posibilidades de que firme una ley antes de las elecciones de mitad de término de noviembre son remotas.

Los impulsores de la reforma se sienten desencantados y planean
realizar una gran manifestación el domingo en Washington para
expresar su malestar por la demora.
Obama ha dicho que sigue comprometido con la reforma, pero al
mismo tiempo la Casa Blanca ha dado señales de que ya no es una de
sus grandes prioridades en la antesala de una elección en la que se
renovará toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.
Cuando se le preguntó al secretario de prensa de la Casa Blanca
cuáles eran las mayores prioridades del gobierno luego de la
reforma al sistema de salud, Rober Gibbs respondió que las
regulaciones financieras, la energía y la financiación de las
campañas políticas, además de la creación de empleos y la economía
en general.
Gibbs dijo que la reforma a las leyes de inmigración, que busca
resolver el tema de los indocumentados, no será aprobada si no hay
un fuerte apoyo de los dos partidos. "No basta con que el
presidente quiera hacer algo", afirmó.
Los senadores Chuck Schumer, demócrata, y Lindsey Graham,
republicano, difundieron un borrador de reforma el jueves y Obama
prometió tratar de hacer que el Congreso se pronuncia en torno a
este tema este año.
El proyecto estipula que todo indocumentado que desee
regularizar su status debería admitir que violó la ley al ingresar
al país, pagar una multa y los impuestos atrasados, y realizar
servicios comunitarios. También deberá someterse a un control de
antecedentes y demostrar que se defiende con el inglés para
conseguir un permiso de residencia, paso previo a una posible
ciudadanía.
Obama le encomendó a la secretaria de Seguridad Nacional Janet
Napolitano que supervise la campaña a favor de una reforma.
Napolitano ha tenido decenas de reuniones con legisladores de ambos
partidos para hablar del tema.
Su departamento ha tratado de mejorar el actual sistema,
deportando únicamente indocumentados con antecedentes penales y
enfocándose en las empresas que contratan indocumentados a
sabiendas, sin perseguir a los indocumentados en sí.
Pero estas medidas no atenúan el desencanto que sienten los
sectores que impulsan la reforma, que votaron masivamente por Obama
en las elecciones presidenciales del 2008, alentados por sus
promesas de promover la reforma.
La posición de Obama es que hay que arreglar el sistema para
supervisar mejor quién entra y quién sale del país, reprimir a
quienes contratan indocumentados y ayudar a que la gente deje de
ser marginada y pueda contribuir a la sociedad, sobre todo pagando
impuestos. Quiere que se anoten en un programa para regularizar su
status, paguen una multa, aprendan inglés y inicien a tramitación
de la ciudadanía, sin adelantarse a nadie en ese trámite.
"Será una de mis prioridades desde mi primer día (como
presidente), porque este es un tema sobre el que ha habido mucha
demagogia", declaró Obama ante a Asociación Nacional de
Funcionarios Latinos Elegidos en junio del 2008. "Ha habido mucha
politiquería, pero no se ha hecho nada serio para resolver el
problema. Yo quiero resolverlo".
"Será una de las máximas prioridades en mi primer año como
presidente", acotó al mes siguiente ante la Liga de Ciudadanos
Latinoamericanos Unidos.
A mediados del 2009, cinco meses después de asumir la
presidencia, Obama dijo que sería difícil sacar adelante la
reforma, pero que intentaría hacerlo ese mismo año.
En agosto del 2009, su discurso había cambiado y durante una
visita a México dijo que habría que esperar hasta el 2010 para
analizar el tema de la reforma porque habían surgido otras
prioridades, como las reformas al sistema de salud y a los sistemas
regulatorios de las finanzas.
A partir de entonces, Obama ha insistido en su compromiso con la
reforma, pero sin fijar plazos.

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