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El homicidio de Clarena Acosta deja al descubierto un fenómeno alarmante: 28 mujeres fueron asesinadas por celos, por sus novios o sus ex el año pasado en la Costa.

El país arrancó el 2010 escandalizado con una noticia. A las 2 de la madrugada del primero de enero, el empresario barranquillero Samuel Enrique Viñas Abohomor hizo salir a sus tres hijos y a otros familiares de la habitación, y asesinó con dos tiros de revólver a su ex esposa Clarena Acosta Gómez.
Paradójicamente, el escándalo se desató más porque el homicida fue dejado en libertad que por el asesinato mismo. Pero en realidad el caso no es una simple anécdota criminal, sino que deja al descubierto un alarmante fenómeno de uxoricidio en el país.
A finales del año pasado saltaron a las pantallas de televisión otros dos casos de esposos que asesinaron a sus mujeres: el de un concejal de Bogotá, Vladimir Melo, y el del comandante de la Policía del Tolima, el coronel Joaquín Aldana. Los dos, según las evidencias, cometieron crímenes escabrosamente premeditados y hoy están presos.
En la Costa la preocupación es mayor por el número de tragedias. Durante 2009 se cometieron al menos 28 muertes de mujeres a manos de sus novios, maridos o ex cónyuges en los siete departamentos caribes. En la misma madrugada del primero de enero en el municipio de Campo de la Cruz, un hombre asesinó al novio de su ex mujer y le propinó a ella ocho puñaladas que la mantienen en un centro hospitalario.
La mayoría de los asesinatos, según la Ong Cedesocial, se dieron por celos, rechazo a la separación o problemas de convivencia. Los métodos van desde ataques con varilla, asfixia y golpes contundentes, hasta estrangulamiento con correa. En el caso de Clarena, su ex esposo le disparó en la parte posterior de la cabeza. Algunos de los victimarios se encuentran presos, tres de ellos se suicidaron y en uno de los casos, el hijo de la víctima asesinó al padre.
A Daniris Gutiérrez, de 14 años, por ejemplo, su ex compañero, un carnicero de 47 años con quien tenía una hija, la asesinó a puñaladas luego de que ella lo dejó porque no soportaba su maltrato. El hombre intentó ahorcarse con una sábana en el baño pero fracasó, fue internado y se recupera de sus heridas en la clínica.
A Yesica Orozco, de 27 años, su ex compañero, vendedor ambulante, la mató de ocho puñaladas en el pecho porque ella, cajera de almacén, se negaba a volver con él. Días antes del homicidio, él le mandó un recorte de prensa en el que se contaba que un marido había asesinado a su mujer a martillazos.
A Lía Patricia Nasser, de 25 años, madre de una niña de 5 e hija de una juez, la encontraron muerta. Su novio, un compañero de estudios de Derecho, no soportó que ésta decidiera dejarlo para casarse con otro y la asfixió con una almohada, la desmembró y la sepultó en una fosa de 70 centímetros en un lote detrás de la casa de los padres de ella.
Y a Isabel Cristina Romero, de 25 años, la encontraron degollada en la habitación de un hotel céntrico en Barranquilla. Ella había dejado al papá de su hijo de 3 años por los celos enfermizos y las agresiones. Éste primero la golpeó en la cara un día cuando salía de clases en el instituto de Barranquilla, donde cursaba Laboratorio Industrial, y al otro día la mató.

EXPUESTAS A VIOLENCIA DOMÉSTICA
El siquiatra cubano radicado en Barranquilla Freddy Sánchez Pérez, en diálogo con Semana, dice que alrededor del 50 por ciento de las parejas que conviven están expuestas a violencia doméstica y que el gran aliado de los esposos victimarios es el silencio de sus víctimas. En el caso del agresor se trata de personas controladoras, inseguras y por eso son celosos, impulsivos y con baja tolerancia a la frustración.
Las víctimas suelen ser dependientes, de baja autoestima y sumisas. Cuando el victimario encuentra a una mujer así, no la suelta, la entrena. Lo primero que hace es aislarla de los amigos y de la familia, y cuando comienza a golpearla, como en el último círculo de una telaraña, es la misma sociedad la que se encarga de decir "en eso no me meto, es pelea de marido y mujer". Y la violencia doméstica se perpetúa si la víctima no rompe el aislamiento al que la tiene sometida su pareja o victimario.
En el caso de Clarena, el detonante fue la demanda de divorcio presentada en mayo de 2009, fallada a su favor el 9 de noviembre pasado. Cincuenta y un días después, Viñas la asesinó. La demandante, dice la sentencia, dijo sentirse secuestrada, la vigilaba todo el tiempo y le revisaba su correo de Internet. A raíz del crimen se supo que Clarena se casó (en 1988) contra su voluntad, pues no fue capaz de rechazar la insistencia de Samuel.
La hermana de Clarena, Liliana Acosta, habló con Semana y dio otros detalles que muestran hasta qué extremos pueden llegar este tipo de relaciones. "A pesar de que después del divorcio él tenía una caución de no acercarse a Clarena, la llevaba al trabajo y la iba a recoger. Era una cosa muy rara. En una ocasión ella fue a poner el denuncio y él la llevó. Las veces que intentó moverse por su cuenta le armaba escándalos. Incluso cuando fue a pagarle a la abogada por el caso del divorcio, él la llevó. La abogada se quedó aterrada".
"Ella sabía que estaba en peligro inminente de muerte. Una vez alcanzamos a irnos para Estados Unidos y él se fue detrás, en Miami montó un operativo con detectives y nos escapamos. Llegamos a Nueva Orleans".
¿Cuánto tiempo se fueron? "Veinte días, pero fue una persecución implacable. Estaba como loco. Nos mandó a seguir con detectives. Nos rastreaba hasta con el computador. Ella se sentía muy vulnerable, a veces la veía rendida, y me decía que no iba a poder".

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