La cumbre de Copenhague, del 7 al 18 de diciembre, se sumará a las dos grandes iniciativas de la lucha contra el calentamiento global: la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) y el Protocolo de Kioto. CMNUCC: Surgida de la Cumbre de la Tierra de Rio en 1992, la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático fue adoptada el 21 de marzo de 1994 y es una plataforma planetaria para la lucha contra el calentamiento global. Ha sido ratificada por 192 países. En base a la CMNUCC, los gobiernos deben intercambiar información sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y las políticas nacionales contra el calentamiento del planeta y cooperar en ayudar a los países pobres a adaptarse a los impactos del cambio climático. PROTOCOLO DE KIOTO: Es el primer tratado internacional que establece objetivos jurídicamente vinculantes de reducción de gases de efecto invernadero. Fue firmado como un acuerdo marco en 1997 y quedó terminado en 2001. Se hizo efectivo el 16 de febrero de 2005 y ha sido ratificado por 183 países y la Unión Europea (UE). Kioto sentó el compromiso de los países industrializados de reducir las emisiones de seis categorías de gases de efecto invernadero en "al menos" un 5% para el período 2008-2012, en relación a los niveles de 1990. Los países en vías de desarrollo no quedaron vinculados a un compromiso cifrado de reducción de gases, limitándose a un llamamiento general a acabar con la contaminación. El Protocolo de Kioto sufrió un duro golpe con la negativa de Estados Unidos a ratificarlo -aunque lo firmó- y son muchas las voces que critican que no vincule a los países emergentes como China, India y Brasil, pese a estar entre los mayores emisores del planeta. CUMBRE DE COPENHAGE: Según un plan de negociación lanzado en Bali (Indonesia) en 2007, la conferencia se centrará en lograr un acuerdo para cuando expire el Protocolo de Kioto a finales de 2012. Sus principales objetivos son: Ofrecer una "visión compartida" de acciones de cooperación a largo plazo, incluido un objetivo a largo plazo de reducción de las emisiones. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero con acciones "que se puedan medir y comprobar". En el caso de los países desarrollados se deben fijar objetivos obligatorios, pero no para los países en vías de desarrollo. Poner en marcha una ayuda financiera para que los países pobres hagan frente al impacto del cambio climático. Alentar el paso a tecnologías más limpias mediante incentivos financieros.