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Greenpeace celebra 40 años en Vancouver, el lugar donde todo comenzó

Una simple llamada telefónica alertando sobre la aparición de nutrias marinas muertas en las costas de Alaska dio origen a la organización ambientalista Greenpeace hace cuatro décadas. 

Irving Stowe y su esposa Dorothy se indignaron tanto por la noticia que, desde su casa en Vancouver, en la costa oeste de Canadá, convocaron a crear el grupo “No hagan olas”. Su hija, Barbara Stowe, recordó los inicios de ese grupo, que finalmente floreció y se convirtió en la organización ambientalista internacional Greenpeace, que este jueves celebra su 40 aniversario. 

Stowe contó a la AFP que su padre había oído sobre las nutrias marinas que aparecían muertas y con los tímpanos rotos tras las pruebas nucleares de Estados Unidos en la isla de Amchitka, en Alaska. 

Con un grupo de activistas, los Stowe, ambos cuáqueros y pacifistas que se habían ido de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam, lanzaron “No hagan olas” -cuyo nombre refería a la preocupación de que las explosiones provocaran un tsunami- y anunciaron un plan para enviar un barco a Amchitka para dar testimonio de las pruebas. 

Pronto “de todo Canadá y del mundo entero la gente enviaba dinero, de a dos dólares”, dijo Stowe. 

El barco, al que llamaron “Greenpeace”, partió de Vancouver en septiembre de 1971.  Aunque la Guardia Costera de Estados Unidos detuvo la embarcación antes de que llegara a Amchitka, la iniciativa ayudó a crear conciencia global sobre las explosiones nucleares, que fueron canceladas el año siguiente. 

“No hagan olas” cambió su nombre a “Greenpeace”, y en pocos años superó las fronteras de su lugar de origen. Hoy la organización tiene su sede central internacional en Amsterdam y oficinas en decenas de países, e incluso la filial canadiense no está en Vancouver, sino en Toronto. 

Sin embargo, los funcionarios y los fundadores afirman que Vancouver, con su pintoresco entorno de océano, montañas y bosques y una población diversa, fue clave para iniciar la organización. 

“Greenpeace es producto de un tiempo pero también de un lugar”, dijo a la AFP Bruce Cox, jefe de Greenpeace Canadá. 

Vancouver, centro cultural de los aborígenes de la región, también ha sido desde 1880 centro económico de la costa oeste de Canadá. Sin embargo, hacia la década de 1960 era conocido por su población multicultural y por ser refugio de estadounidenses desertores y de hippies de la contracultura. 

En cualquier otra parte, Greenpeace no podría haber haber despegado, dijo uno de los fundadores, Rex Weyler, que navegó en el barco Greenpeace tras mudarse a Vancouver en los años 1960 siendo un joven periodista. 

“Me acuerdo de las comunidades japonesas y chinas entonces”, dijo Weyler a la AFP. “Había un movimiento internacional de la juventud, comunidades budistas, comunidades hindúes, jóvenes hippies, gente del movimiento Back-to-the-Landers (ocupantes de tierras que cultivaban para autoabastecerse), y una comunidad ecológica”. 

Según Weyler, la idea era desarrollar un “verdadero sentido de la ecología” en un momento en que había movimientos por los derechos civiles, por las mujeres y por la paz.  “Eso es lo que nos propusimos hacer, no crear una organización internacional y hacer a Greenpeace famosa”, aseguró Weyler. “Íbamos a transformar el mundo... y en parte funcionó, ¿no?”  

Greenpeace ha tenido una trayectoria tumultuosa, y en los últimos años fue duramente criticada por algunas acciones provocativas en su primera campaña para detener la caza de focas y por enfrentarse en alta mar con barcos balleneros japoneses. 

Pero la organización conservó su feroz sentido de independencia, valiéndose sólo de donaciones personales en lugar de aportes gubernamentales y financiación corporativa. Y está firmemente comprometida con la rigurosidad científica, lo que le ha valido elogios. 

“Mi impresión es que (Greenpeace) sigue siendo una de las organizaciones ecologistas más poderosas y respetadas y los habitantes de Vancouver, que saben que surgió aquí, están orgullosos de eso”, dijo a la AFP el científico William Rees, profesor de la Universidad de British Columbia y uno de los inventores de a la Huella Ecológica, una herramienta para medir el impacto ambiental. 

Barbara Stowe, cuyos padres ya fallecieron, dijo que políticos y funcionarios verán que Greenpeace también dejó su marca en Vancouver, hoy catalogada como una de las ciudades más ecológicas del mundo. 

“Este lugar atrae a la gente que ama la naturaleza”, dijo Tzeporah Berman, codirectora de las campañas de clima y energía de Greenpeace Internacional, quien recientemente se mudó a Vancouver desde Amsterdam. “Es una ciudad decidida a convertirse en la ciudad más verde del mundo”.

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