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Crímenes en los Montes de María

A simple vista Elicio José Rodelo Castellar es un hombre normal, quizá porque no se mete con nadie y saluda hasta a los perros que halla a su paso. Además, mantiene una mueca que hace creer que está a punto de reír.

Pero quienes lo conocen de cerca saben que no es así porque las lágrimas, los sollozos y la tristeza hacen parte de su ser desde el 14 de agosto de 2001, cuando los paramilitares se llevaron y asesinaron a su hijo, Jorge Luis Rodelo Serrano, quien era conductor.
Elicio, de estatura baja, con unos kilos de más, de cara ampulosa y con pocos pelos en su cabeza, ha vivido los últimos 12 años, según él, con desasosiego. Perdió dos camionetas y un camión, de los que vivía. Todo se le escapó de las manos desde cuando le quitaron a Jorge Luis. Su vida no es la misma, pues ha sobrevivido a dos ataques de corazón y se la pasa tomando medicamentos que no le curan el dolor en el alma.
Como en muchos casos en San Juan y demás pueblos donde los paramilitares tenían dominio, el crimen de Jorge Luis Rodelo Serrano quedó impune hasta hace pocos días, cuando “El Gordo” confesó que lo habían matado porque tenían informaciones que lo señalaban como colaborador de la guerrilla.
Sucedió en los tiempos en que la maldad se metía en los habitantes de los Montes de María y cualquiera mandaba a matar a otro por envidia. Lo más fácil era señalarlo de ser guerrillero.

I
El 14 de agosto de 2001, Jorge Luis salió más temprano que de costumbre. Diez minutos antes de las cuatro de la mañana encendió el motor de su camioneta Dodge, roja, modelo 84, recién reparada de motor, latonería y pintura; y de inmediato salió hacia Calamar, a unos 40 kilómetros de San Juan.
Alcanzó a llegar al puerto. Le mamó gallo a los maleteros, y se tomó un tinto cerrero bien caliente preparado en fogón de leña, como le gustaba, con sabor a humo. Contempló la aurora en el río y disfrutó un ratico de la brisa fría. Casi se quema con el café cuando una vendedora de pescado lo tocó por sorpresa en el hombro derecho y le dijo: “Vayámonos para San Juan, creo que ya tienes el cupo completo”. Se encogió de hombros y espero a que siete mujeres vendedoras de pescado subieran sus porcelanas llenas de barbules, arencas, mojarras y bocachicos.
El carro de Jorge, cuenta su padre, lo detuvieron unos paramilitares al mando de Parménidez Orozco, conocido como “El Pambe”, a la entrada de Barranca Nueva y lo hicieron devolver para Calamar, donde dejó a las mujeres que había recogido minutos antes. Lo que ocurrió después aún es un misterio.
A las seis de la mañana, una de las vendedoras de pescado llegó hasta la casa de Elicio y le informó que a su hijo se lo habían llevado los paramilitares. Salió enseguida con un amigo con la idea de hallarlo vivo o muerto. Demoró tres días buscándolo por toda la zona.
Recorrió toda la orilla del Río Magdalena desde El Yucal hasta Calamar y la embocadura del Canal del Dique, hasta que al final del tercer día, después de hallar la camioneta en una zona enmontada conocida como La Playa, se decidió ir hasta donde Sergio Córdoba Avila, alías “El Gordo” o “Cara Cortada”, quien era jefe de “El Pambe” y el único que podía confirmarle donde habían tirado el cuerpo, pues ya él y su familia daban por descontado que a Jorge lo habían asesinado. Pero seguían preguntándose: ¿por qué?
El asunto era otro, cuenta Elicio, ahora con la cara descompuesta y entre sollozos, que dan paso a unos gemidos. Cuenta con la voz entrecortada que lo único que le pidió a Dios fue hallar el cuerpo de Jorge para sepultarlo. Así, decidido, llegó hasta donde “El Gordo”, cuya sola mirada llenaba de terror al más valiente, y le preguntó: ¿qué pasó?, ¿dónde está?, ¿por qué lo mataron?
“El Cara Cortada”, sin mirarlo siquiera, le contestó, mientras pelaba una naranja con una navaja: “dicen que era amigo de los guerrilleros”.
Las palabras le cercenaron el corazón a Elicio, por la indignación de enterarse de que por una mentira le habían quitado a su compañero de trabajo, a su hijo querido. Respondió, entonces, quizá aún con más sequedad que el paramilitar: “Sea serio, mi hijo fue un hombre sano y nunca tuvo nexos con la guerrilla”.
- “Váyase de aquí”, sentenció con ira el paramilitar, mientras sus esbirros reían a carcajadas y le apuntaban a la cabeza con armas de corto y largo alcance, como para amedrentarlo aún más.
Con la frente en alto y dispuesto a todo, salió lanzando improperios contra los paras. Llegó a su casa por la noche con la intención de pegarse un tiro a escondidas, para poner fin al sufrimiento. Sólo quería encontrarse, una vez muerto, con el alma de su Jorge, quien le aclararía por qué lo habían matado. Su mujer le dio una toma de valeriana para que se calmara. Lloró solo, en una mecedora, mientras recordaba la risa de su hijo. De allí lo llevaron a la cama, donde por fin pudo dormir, un poco después de que su esposa lo alentara a buscar el cuerpo de Jorge por la zona de Mahates, dizque porque lo había acabado de soñar.

II
Elicio llegó al puerto de Mahates, a 45 minutos de San Juan, con otro hijo y un amigo, como a las 8 de la mañana. Hablaron con unos pescadores, quienes le confirmaron que todos los días pasaban cuerpos mutilados de hombres y mujeres por el Canal del Dique, pero que nadie los sacaba para evitar problemas con los paramilitares.
El hijo de Elicio se subió a una canoa pequeña y le pidió el canalete al dueño, que acababa de llegar de pesca, pero se negó a acompañarlos aduciendo cansancio, aunque era miedo.
- ¿Usted sabe bogar?, preguntó el pescador.
- “Claro, si soy sinuano”, respondió el joven, cuya mentira se le reflejaba en la cara.
El pescador los miró como buscando adivinar sus pensamientos y se volteó de repente.
“Huele a patilla fresca, ¿lo sienten? Bueno eso indica que viene bajando una mortesina, que puede ser un animal muerto o el cuerpo de una persona. ¡Búsquenlo pa arriba!, que debe venir lejos porque no se ve nada”.
El amigo de Elicio se subió a la canoa y el joven aprendiz de boga remó aguas arriba, primero en círculos, hasta que enderezó el bote. A los 15 minutos estaba cansado y le cedió el turno a su acompañante, quien avanzó unos cuantos metros. Divisaron la mortesina. Una garza venía encima del cuerpo inerte, cuya fetidez inundó el ambiente.
Recordaron las palabras del pescador: “si dos garzas vienen paradas sobre él cuerpo, es mujer, y si es una, entonces, es hombre. Era hombre. La corriente lo impulsaba cada vez con mayor rapidez.
“Es él, mi hermano. Ese era el jean que llevaba puesto el día que desapareció”, dijo el otro hijo de Elicio, sin poder contener el llanto. Como pudo orilló el cadáver y lo sostuvo contra la corriente mientras el amigo salió a avisarle a su padre.

III
A Elicio se le encogió el corazón, pero la aceptó y le dio gracias a Dios por haberle permitido hallar el cuerpo de su hijo.
Lo que vino después fue difícil porque ese día se realizaban las fiestas de Mahates y todo el mundo se preparaba para la cabalgata y las corralejas. Debían ser las 12 del día cuando Elicio le imploró al médico de turno y al inspector de Policía que levantaran el cadáver, y le colaboraron. El dueño de la funeraria, sin conocerlo, le fió el cajón más caro, después de conocer su historia. A la una y media de la tarde pudo ver el cuerpo de Jorge, a quien los paras le habían abierto el pecho y sacado sus despojos para que no bollara. Pero aún así saló a la superficie del río. Parecía un monstruo porque los animales le habían destruido parte del rostro. Jorge fue torturado y lo mataron a golpes, no tenía una bala en su cuerpo, pero sí contusiones en la cabeza.
A San Juan llegaron casi de noche. Una calle de honor esperó el cadáver para llevarlo al cementerio central, donde dijeron unas palabras de despedida y rezaron varias oraciones.

*****
“Mi vida cambió, pero tuve esa satisfacción de poder enterrar a mi hijo. Porque hay un Dios que mira. Todo el que tiraban al río era para que se perdiera y esa casualidad de encontrarlo así, me la dio Dios”.
Aún no sabemos, ¿por qué?

DESAPARECIDOS EN SAN JUAN 1997-2004
Los paramilitares desaparecieron al menos a unas 37 personas en San Juan Nepomuceno, entre febrero de 1997 y agosto de 2005.
Estos datos fueron obtenidos de algunos familiares de las víctimas, quienes creen que esos cuerpos deben estar enterrados en fosas comunes en fincas de la región, que servían de guaridas a los paras.
El 25 de febrero de 1997 los paramilitares desaparecieron a Alfredo Borré y Manuel Avendaño; el 27 de julio del mismo año se llevaron a Atilio Vásquez Suárez. El 26 de febrero de 1998, a Jorge Luis Caro Pacheco; el 19 de julio de 1998, a David Yepez Rodríguez y el 10 de octubre de ese mismo año, a Arturo Arteaga Teherán.
El 3 de diciembre de 1999 se reportó la desaparición de Luis Javier Hernández Lozano. Así mismo, en 2000 los paramilitares desaparecieron, el 18 de mayo, a Jorge Montes Barrios; el 30 de junio a Tito Niño Castillo y el 4 de diciembre, a Jimmy José Méndez Torres.
En mayo de 2001, desaparecieron a tres personas, entre San Juan y Carreto, ellas son: José Vicente Bustillo Romero, Pura Álvarez de Bustillo y Joaquín Antonio Bustillo. Igual suerte corrió el 5 de julio de ese año, Luis Enrique Pérez Yepes; y Glauco González Paz, el 21 de noviembre.
Entre tanto, en el 2002, los paramilitares desaparecieron a 14 personas en San Juan. Ellas son: Deivi Luis Martínez Sierra, Luz Dary García Martínez, Geovaldi Julio Contreras, Ricardo Antonio Arias Castellar y Luis Alberto Sánchez Sierra, el 21 de enero de 2002. Así mismo, el 5 de febrero de 2002 desaparecieron a José Vicente Viloria Castillo, Jairo Ricardo Robles Meléndez y Carlos Alberto Bermejo Hernández. Al día siguiente, 6 de febrero, la tierra de San Juan se tragó a Abraham Antonio Guerrero Ricaurte y el 3 de junio de ese mismo año perdieron a Germán Rafael Rodríguez Padilla.
Pedro Pablo Monroy Rodríguez desapareció el 14 de agosto de 2002 y unos días después, Pedro Arias de Oro y José Julián Castillo Castellar.
En 2003, los paramilitares desaparecieron el 9 de enero a Ana Isabel Guerrero Vergara y Karen Smith Carmona Henao. El 11 de abril de 2003 hicieron lo mismo con Fernando Rafael Flórez; el 16 de octubre se perdió Alfredo Enrique Castillo Barrios.
Por último, en 2004 desaparecieron en los meses de octubre y noviembre a Nestor José Rodríguez Rodelo y Rafael Guillermo Carmona Salcedo.

LA ÚLTIMA CARRERA
Adalberto Rodríguez García, un joven callado, pero buena gente, que creció en San Juan y era mototaxista, hizo su última carrera a las 7 a.m., el 11 de mayo de 2005.
Ese día, Adalberto llegó a saludar a sus padres a las 6:30 de la mañana, pero no se demoró ni cinco minutos cuando partió hacia la plaza a buscar la primera carrera del día.
Según Jaime Rodríguez, su padre, a Adalberto lo engañó un paramilitar, quien lo contrató para que lo llevara a una finca. Se cree que lo mataron de una vez.
La moto la hallaron a los dos días en un camino enmontado. Lo buscaron afanosamente por todos lados, pero no apareció. La angustia se apoderó de la familia Rodríguez García y durante tres años, todos los días se preguntaron ¿por qué lo mataron? La respuesta la obtuvieron el año pasado cuando Alexis Mancilla García, alías “Zambrano”, jefe paramilitar de la zona, reconoció que varios de sus hombres habían matado al joven mototaxista porque un habitante del pueblo que hacia parte de la inteligencia de su grupo lo había señalado de ser auxiliador de la guerrilla.
Según Jaime Rodríguez, a su hijo Adalberto lo mataron en una finca cercana a San Juan y allí lo enterraron para borrar huellas. Después lo sacaron y lo enterraron en otra finca.
“La osamenta de mi hijo la hallé el 3 de septiembre de 2008. Llegamos al sitio donde lo habían enterrado porque nos llevó el mismo asesino, en un compromiso que se había hecho en la audiencia de Justicia y Paz para entregar esa fosa. Vino una comisión de fiscales de Barranquilla con el asesino, pero no se encontró el sitio donde estaba el cuerpo. Un par de semanas después, con el apoyo de varios amigos, hallamos la fosa y se le dio parte a la Fiscalía, cuyos forenses señalan que a mi hijo lo enterraron en una parte primero y después lo sacaron y lo llevaron a un nuevo sitio”.
“Siempre me pregunto, ¿por qué? Según el paramilitar alías “Zambrano”, ese crimen lo cometieron algunos de sus hombres “a sus espaldas, ganándose un dinero que había pagado una persona de San Juan y que él daría el nombre de quien lo mandó a asesinar. Yo le pido Justicia al Estado, que castiguen al autor intelectual y que obliguen a Zambrano a que dé el nombre de quien lo mandó a matar”, dice Jaime Rodríguez.
“Como persona no tenía tacha. Callado, reservado, muy querido dentro del gremio de mototaxistas. Si no hay móviles oscuros, no creo que la sociedad tuviera mucho que tachar”.
Cuatro años después de su desaparición y muerte, los familiares de Adalberto Rodríguez creen aún en la justicia colombiana, pero confían más en la justicia divina y esperan que pronto el autor intelectual sea capturado.

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Comentarios

Esta es una gran historia,

Esta es una gran historia, pero que lástima que no se pueda leer en la web. Ojo señores de El Universal, no se dan cuenta que están perdiendo más lectores?, sobretodo en el exterior

Las personas como este señor

Las personas como este señor abrahan ibrahin son unos conchuos,ademas de leer el universal gratis y de cachete como dicen quiere que le pongan las noticias completitas,comprelo loco si quiere leer todo.

Como carajo vamos a comprar

Como carajo vamos a comprar el periodico si estamo en el exterior? Si el Universal quiere hacer dinero a traves de la Web, porque no cobra una susbscripcion? De esta manera podriamos tener al menos las noticias de nuestra ciudad completas.

Para los lectores

Para los lectores cartageneros en el exterior, no es justo que pongan la primera parte de estas cronicas y la segunda no, es sencillamente una lastima de parte de nuestro periodico local.

Cordial saludo a todos,

Cordial saludo a todos, Señores EL Universal, es interesante leer todos los reportes sobre las atrocidades que en nuestra region se cometieron y ustedes como medio de comunicacion, deberia facilitar el acceso a la informacion, es una tonteria colocar un pedacito de la nota y no mostrar el resto, ya que personas como yo, por ejemplo recidimos en el interior del pais y aca no puedo comprar el universal. Espero tomen nuestras inquietudes y puedan darnos una propuesta para que nosotros accedamos a estas nota que son muy interesantes. Muchas gracias.