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Miércoles 22 de mayo de 2013 Ediciones anteriores |
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Una de las funciones del Estado es brindar al ciudadano el mayor bienestar posible. Ese bienestar lo está proporcionando el Estado en El Salado. Pero, ¿a qué costo? Para que eso se diera, fueron muchos los muertos. Hoy los residentes de ese pueblo cuentan con una biblioteca, que ni siquiera tiene el Carmen de Bolívar. Allí hizo presencia no sólo el Estado sino la empresa privada. Hay escuelas, centros de salud, buenas vías de comunicación, subsidios para los campesinos, cuarteles de Policía, del Ejército y la Armada, lo que se debió hacer hace 40 años, para que guerrilla y paramilitares no incursionaran. Como El Salado de antaño hay muchos pueblos en Colombia. ¿La historia se repetirá? Mientras esto ocurre, los congresistas aprueban una reforma a la justicia a su medida. ¿Cuál será la esperanza de una Nación, cuando sus mejores hombres o líderes son asesinados por pensar diferente? Me pregunto, ¿qué hubiese sido de Colombia si Pizarro, Antequera, Álvaro Gómez Hurtado, Luis Carlos Galán, Jaime Garzón, Jorge Eliécer Gaitán y todos los líderes de la UP vilmente asesinados, estuvieran vivos? ¿Cómo sería Colombia sin tanto político corrupto o sin guerrilla o sin paramilitares o sin Bacrim, sin mototaxistas? ¿Se podría pescar nuevamente de noche? ¿Dónde están los indignados de este país? Revocatoria sí, pero del Congreso.
Roberto Augusto Osorio Gamarra
C.C.No.9.057.389 de Cartagena