Después de casi diez años de no ir a Barú, el pasado viernes 13 de enero de este nuevo año, en familia armamos “viaje” por tierra para ir, más específicamente a playa Blanca como cualquier turistas locales.
Tanqueamos los treinta mil pesos de gasolina al carro, luego de pagar los 4 peajes urbanos (de 7.200 pesos, -ida y regreso-) y llegar a embarcarnos al “Ferry”, pagar 20.000 pesos por ser aún temporada alta, -vale 15.000 pesos en temporada baja- en medio de cierto desorden para embarcar, sin ningún tipo de autoridad y control oficial, todo era en medio de los “mandamases” del momento. Por fin, desembarcamos con la ilusión de ver la nueva carretera por lo menos a la entrada, pero la desilusión sobrevino por que todo sigue como veinte años atrás, una parte del camino horrible, luego otra destapada medio regular y el tramo hacia playa Blanca con los más espantoso huecos, en un estado deplorable y completamente dañino para cualquier vehículo. Al llegar a playa blanca nos abordan y exigen un parqueo cuyo costo es de 7.000 pesos, la hora o hasta las 6 de la tarde, un parqueo que era un solar al mando de estos “mandamases”, observé a dos policías en el sitio, pero se hicieron los desentendidos. Al regreso del “paseo” al borde del embarco unos muchachos, -sin consultar- arrojan tanques de agua al vehículo para sacarle el polvo y cobran 3000 pesos. Voy hacer referencias solamente al costo del transporte de nuestro “paseo”,- no a los servicios y atención- con un total de 55.200 pesos, en el solo recorrido, sin contar la gasolina,(con gasolina aprox. 85.200 pesos) en medio de “peajes, destartalado planchón –el llamado “Ferry”-, caminos lamentables, “parqueo” y las imposiciones altaneras de los “mandamases” de la ruta. No hay derecho, parecía estar en otro “Estado”, con el abuso de autoridad en medio de la indiferencia ciudadana y la falta de orden gubernamental. Mi ideal era ir hasta Barú, pero un segmento de la carretera que esta en buen estado, se interrumpe en el sitio de “Playeta” y queda uno varado, creo que un vehículo común y corriente queda condenado al atolladero sin fín. Epilogo: Pese al potencial de estas hermosas playas, en el estado actual, no le recomiendo a nadie este penoso “viaje” por tierra. Tenemos que hacer algo como ciudadanos cartageneros, ahora más que nunca, pues tenemos alcalde nuevo.
Edgar J. Gutiérrez S.
73.082504 de Cartagena.