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Las nuevas tecnologías, aliadas en la formación de los hijos

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Muchos padres temen acercarse a las nuevas tecnologías. Por miedo a la dificultad de aprender, porque creen que eso es cosa de jóvenes o, incluso, porque las consideran verdaderos enemigos de la unión familiar.

El televisor, las consolas y el computador cada día ganan más espacio en las alcobas de niños y adolescentes, terreno que pierden los padres que no se atreven a conocer y compartir con sus hijos gustos que como las redes sociales, los videojuegos y las teleseries, necesitan de la orientación de un adulto.
Sobre este tema se discutió en el V Congreso Internacional de la Familia, que convocó a expertos analistas de los fenómenos que afectan al núcleo social, la institución básica que se encarga de formar a los ciudadanos del futuro.
Dos de los invitados a este encuentro fueron los doctores Reynaldo Rivera y Alfonso Méndiz, quienes hablaron sobre la influencia de las nuevas tecnologías en la formación de los menores y sobre la manera en que los padres pueden utilizar estas herramientas para acercase y conocer realmente a sus hijos.

LAS REDES SOCIALES: INMIGRANTES VS. NATIVOS

Mientras que los padres son inmigrantes de las redes sociales, los hijos aparecen como los nativos de este nuevo mundo que los hace cada día más globalizados. El doctor Rivera dice que es importante que los padres se vinculen en la formación de sus hijos desde las redes sociales; para ello aconseja seguir cuatro pasos claves:
El primero es conocer qué es una red social y para qué sirve, teniendo en cuenta que existen muchos padres que desconocen el concepto. La información la pueden encontrar en libros, en páginas de internet recomendadas como www.generacionesinteraccion.org, o a través de encuentros universitarios en los que los temas de la familia y las nuevas tecnologías estén presentes.
Una vez que se informan, el segundo paso que deben seguir es hacerse amigos de los hijos a través de una red social, por ejemplo, si se trata de Facebook la idea es que el padre le envíe una invitación al menor para que pueda ser agregado a su perfil.
Rivera dice que así los padres se dan cuenta de que las amistades que surgen por medio de las redes sociales no suelen ser como las interpersonales, en las que existe intimidad y complicidad, sino que se trata de relaciones banales, con las ventajas y los peligros que eso entraña. Por eso es común ver en redes sociales personas con mil amigos, que incluyen modelos, deportistas o hasta personas inescrupulosas que quizás no estén buscando sólo una amistad virtual.
El tercer paso es vencer el miedo a revisar el perfil de sus hijos, porque muchos menores lo utilizan como un medio para expresar lo que no son capaces de hacer cara a cara. No se trata de hacer espionaje, pero sí de estar pendientes de lo que hacen los jóvenes en la red, para poderlos orientar sobre lo que no es correcto, o lo que puede poner en riesgo su integridad.
Por supuesto, es importante advertir, tanto para el padre como para la madre que deseen ser amigos de sus hijos por medio de una red social, que no deben ponerse “pesados” ante la primera cosa que vean en el perfil y que les disgusta. A veces la vía recta no es la más conveniente para la educación, por eso hay que triangular, admitir algunas cosas que no sean muy graves, para luego sí corregir y orientar hacia el mejor camino.
El cuarto paso es regular el tiempo y el espacio de conexión a internet, teniendo en cuenta que muchos padres les compran computadores a sus hijos y los dejan en sus alcobas con conexión ilimitada, lo que les facilita estar en las redes sociales a toda hora, incluso en periodos de tiempo en los que deberían estar durmiendo.
Según Rivera más de un 70 por ciento de los hogares que cuentan con una conexión a internet tienen un antivirus, pero menos del 20 por ciento le ponen un filtro para controlar los contenidos y los horarios en los que se puede navegar en la red, algo fundamental, para enseñarles a los niños y adolescentes a administrar su tiempo, primero las obligaciones y después la diversión y el ocio.
Sobre la edad ideal en que los niños o adolescentes pueden hacer parte de una red social, el experto sostiene que no son indicadas para menores de 12 años, porque se exponen a contenidos que no son propicios para su edad.
Sin embargo, en lo concerniente al uso de internet, Rivera dice que es mejor enseñarles a los niños desde pequeños, desde que tienen uso de razón, a los 5 años. Hay que explicarles como navegar tal y como se les enseña a caminar o a atravesar una avenida, pero con un filtro y unos límites.

LOS VIDEOJUEGOS

Lo primero que Reynaldo Rivera expone a los padres es que “un videojuego no es un juego, es un producto artístico como una película o una novela, la diferencia es que es interactivo. El jugador decide, en cierta manera, cómo se llega al final, entonces es responsable de lo que pasa en el videojuego”.
Un problema es que muchos videojuegos tienen una carga de violencia extrema y, por su nivel de realismo, incluso son utilizados como métodos de entrenamiento militar en acciones concretas antes de ir al campo.
Por ejemplo, en juegos como Gran Theft Auto (GTA) o Bayoneta. “Un buen jugador en este tipo de videojuegos debe utilizar más de 120 horas, es decir son 120 horas de entrenamiento de guerra, de entrenamiento en algo que es un antivalor”.
Otro de los problemas que tienen algunos videojuegos es que muestran a la mujer como objeto sexual de uso para el hombre, un sexismo implícito en las historias de estos medios interactivos.
Más allá del dilema moral, para Rivera lo que está en juego es que algunos videojuegos incentivan antivalores, especialmente en la gama de los PlayStation. Cosa que no pasa con los juegos del Wii de Nintendo, que tienen actividades que involucran a la familia, como el baile y el deporte.
Por eso, la principal recomendación que hace el experto es que los padres se involucren en la compra de los videojuegos de sus hijos, revisando si son aptos para la edad que tienen los menores, teniendo en cuenta que los rangos los ponen personas que con criterio establecieron esa calificación.
La segunda recomendación es que los padres jueguen con sus hijos. Lo ideal es que no se convierta en una actividad para una sola persona, sino que pueda ser un plan familiar, por ejemplo, en las tardes de los fines de semana.

LAS TELESERIES

La televisión se ha convertido en la niñera del Siglo XXI, un error que resalta el doctor Méndiz, teniendo en cuenta que no se trata de un medio que transmita modelos positivos. Esa influencia se intensifica cuando los niños tienen un televisor en su cuarto y cuentan con el poder de encenderlo a cualquier hora del día, incluso en horarios no aptos para menores.
El problema no solo es que se exponen a programas con una carga de violencia y de pornografía que influye de forma negativa en su formación, sino que intensifica la tendencia al consumo masivo de teleseries que pueden ir modificando el concepto que guardan de valores inculcados en casa.
Méndiz sostiene que cuando las personas se exponen al consumo de ciertas teleseries o películas se presenta un fenómeno llamado transferencia de personalidad, es decir, la gente le atribuye su forma de ser y de pensar al protagonista y no valora si ese personaje asume actitudes cuestionables en la vida real.
Por ejemplo, los niños pueden llegar a idolatrar a personajes del tipo James Bond, porque quieren salvar la tierra de enemigos malvados, sin tener en cuenta que se involucra con una y otra mujer sin respeto por ninguna, una carga emocional que cala en el cerebro de adultos y con mayor fuerza en los menores.
Por eso, el experto dice que la primera recomendación a los padres es que deben dedicarles tiempo a sus hijos, porque muchas veces la televisión se convierte en el refugio de los menores ante las ausencias familiares.
La segunda es no poner un televisor en el cuarto de cada niño, porque eso se puede convertir en un incentivo para desunir a la familia, teniendo en cuenta que todos tienen gustos televisivos diferentes. Lo recomendables es poner un solo televisor en la casa, en una sala por ejemplo, donde la familia pueda compartir.
La tercera es regular el tiempo en televisión para que los menores aprendan a administrarlo y a darle prioridad a sus obligaciones. De igual forma, para que le dediquen tiempo a la lectura, una actividad que estimula su cerebro. Por cada hora de televisión, que haya una hora de lectura, por ejemplo.

CUIDADO CON LA PORNOGRAFÍA

Una de las grandes amenazas que enfrentan los menores que navegan en internet sin la orientación de sus padres o que no tienen límites en el consumo televisivo, es la pornografía, un fenómeno que puede causar secuelas determinantes en la formación.
El doctor Rivera sostiene que una de las principales consecuencias del consumo de pornografía es que los menores pueden llegar a tener problemas para relacionarse con el sexo opuesto, porque se habitúan a ver a los otros como objetos para satisfacer sus deseos.
Sumado a esto, los menores que consumen pornografía tienen dificultades para concentrarse en proyectos específicos, porque se acostumbran a recibir gratificaciones en corto plazo y sin mucho esfuerzo, criterio que aplican en su vida laboral.
Problema que se intensifica cuando los menores consumen pornografía de parejas, supuestamente para aprender cómo se debe tener sexo de forma diferente. Rivera sostiene que ese tipo de mensajes construyen relaciones en las que el varón usa a la mujer como objeto para satisfacer sus necesidades, lo que termina en mujeres golpeadas o violadas por sus parejas, incluso con su consentimiento.
Pese a que muchos jóvenes piensan que mediante la pornografía pueden aprender, según Rivera lo que puede pasar es que estos chicos se frustren al crecer, porque se darán cuenta que lo que se muestra en las pantallas del televisor o del computador no es igual a la vida real. Por eso, se presentan casos de esposos insatisfechos con sus parejas porque no encuentran lo que ven en la ficción.
La principal clave para prevenir estas secuelas en la formación de los menores es incentivar el diálogo entre padres e hijos, en conversaciones sinceras que permitan tocar el tema sin tabúes, justo en el momento en que se presenta la duda, antes de que sea resuelta por otra persona.

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