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Satélite de la NASA se hunde en el Pacífico frente a California

El satélite de 6,3 toneladas ingresó finalmente en la atmósfera entre las 03H23 y las 05H09 GMT de este sábado, dijo la agencia espacial estadounidense, pero no hubo avistamientos o testimonios fiables de daños. 

“No hemos tenido reportes de nadie que haya visto nada que consideremos creíble”, dijo el experto en restos espaciales de la NASA, Nick Johnson, quien destacó que la “inmensa mayoría” de su trayectoria de vuelo había sido sobre agua. 

La mejor y más reciente estimación, realizada por el Centro de Operaciones Conjuntas Espaciales en la Base Aérea Vandenberg en California dos horas antes de la entrada, determinó la hora de reingreso en las 04H16 GMT. 

A esa hora, el Satélite de Investigación de la Atmósfera Superior Terrestre (UARS, por su sigla en inglés) le correspondía estar en pleno norte del océano Pacífico, frente a la costa oeste de Estados Unidos. 

No obstante, se trata de una proyección, por lo que “puede que no se sepa nunca” dónde volvió a entrar en la atmósfera, admitió el científico. 

La NASA aseguró que “el momento preciso del reingreso en la atmósfera y el lugar donde habrían caído sus restos siguen siendo imprecisos”. 

La agencia espacial indicó “no haber sido informada de heridos o de daños materiales” provocados por la caída de los restos del satélite desintegrado. 

La trayectoria final del UARS pasó en su mayor parte sobre los océanos, con breve sobrevuelos sobre Canadá y el oeste del continente africano. 

La ausencia de avistamientos del desplome de los trozos del satélite consolida la idea de una caída sobre el Pacífico, sostuvo Johnson. 

Antes de la caída de esta chatarra espacial, anunciada desde hace tres semanas, la NASA juzgó extremadamente débil el riesgo de que uno de sus restos hiriese a alguien o provocara daños materiales. 

Había una posibilidad entre 3.200 de que los desechos espaciales golpearan a alguien en algún lugar del mundo, lo cual, en un planeta donde viven 7.000 millones de personas y en el que el 90% de la superficie no está habitada, equivale a una probabilidad del 0,03%, según la agencia estadounidense. 

La NASA había estimado que una veintena de pedazos del satélite, como depósitos de titanio, revestimiento de berilio o baterías de acero inoxidable, con un peso de entre uno y 158 kilogramos, podría sobrevivir al ingreso a la atmósfera y esparcirse en una distancia de alrededor de 750 kilómetros. 

En la mañana del sábado (hora estadounidense), la agencia no había confirmado el número de trozos en que se habría desintegrado el UARS y que habrían podido llegar a estrellarse, ni estaba en disposición de identificar el lugar de la caída. 

Según el organismo, caen sobre la Tierra objetos de un tamaño comparable al del UARS alrededor de una vez por año. 

Además, “desechos de tamaños diversos entran a la atmósfera todos los días”, explicó el experto de la NASA Marck Mathey, que aseguró que “en más de 50 años de historia espacial ninguna persona ha sido herida por un desecho proveniente del espacio”. 

El UARS es el mayor satélite de la NASA en precipitarse en la atmósfera desde 1979, año en que Skylab, de 90 toneladas, cayó en el oeste de Australia. 

Con un coste de 750 millones de dólares, fue puesto en órbita en 1991 por la nave espacial Discovery para estudiar la parte alta de la atmósfera, donde se encuentran los agujeros en la capa de ozono, y quedó fuera de servicio en 2005 tras haberse quedado sin combustible. 

En caso de que la caída de un resto de un satélite cause daños personales o materiales, Estados  Unidos pagaría una compensación a las víctimas en virtud de una convención internacional establecida en 1972. 

La autoridad estadounidense de aviación civil (FAA, por su sigla en inglés) publicó el jueves un comunicado en el que advertía a los pilotos de un “peligro potencial” a causa de esta chatarra espacial y en Italia, los habitantes del norte del país fueron invitados a quedarse en casa por los riesgos relacionados por la caída del aparato.

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