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Transbordador espacial de EEUU: programa costoso con resultados modestos

El artefacto volador más complejo y costoso jamás construido, el transbordador espacial de Estados Unidos, permitió construir la Estación Espacial Internacional, pero confinó a los estadounidenses a la órbita terrestre en lugar explorar horizontes más lejanos. 

“La nave es una máquina muy sofisticada con grandes capacidades”, estimó John Logsdon, ex director del Instituto Político Espacial en Washington y consejero en la Casa Blanca. 

El Atlantis protagonizó la última misión del programa de transbordadores estadounidense, que finalizó este jueves tras el aterrizaje de la nave en Florida (sureste). 

Con la construcción de la Estación Espacial Internacional (ISS), “la nave permitió demostrar que los hombres pueden trabajar en el vacío espacial, transportar grandes estructuras a ese lugar y ensamblarlas”, explicó Logsdon a la AFP. 

En este sentido, el transbordador fue “un éxito, pues la ISS es la llave del porvenir” para los viajes con tripulación en el sistema solar, agregó. 

“En el futuro, los historiadores percibirán probablemente la nave como un programa espectacular”, estimó Bill Barry, principal historiador de la NASA, quien evocó  el despliegue en 1990 del Hubble, el primer telescopio espacial que revolucionó la astronomía. 

Además de sus hazañas técnicas, el transbordador integró la cultura popular al inspirar una película de James Bond, “Moonraker” en 1979, aún antes de su primer vuelo, en 1981, dijo el historiador. 

“Si usted le pide a un niño estadounidense o de cualquier parte del mundo que le muestre la forma que tiene un cohete espacial, la gran mayoría le dibujará un transbordador”, prosiguió.

Sin embargo, Logson estimó que la nave tuvo sus “fracasos”. Además de los accidentes del Challenger en 1986, y de Columbia en 2003, el transbordador “no ha cumplido sus promesas: ser una máquina barata y fácil de usar”, dijo. 

Logson precisó que este programa, el más largo de los 50 años de existencia de la NASA, costó 208.000 millones de dólares (con el valor del dólar de 2010). En comparación, el programa Apollo, que permitió a Estados Unidos enviar al primer hombre a la Luna en 1969, costó 151.000 millones de dólares. 

Compartiendo esta opinión, Bill Barry recordó que “el objetivo oficial del transbordador, aprobado por el gobierno de Richard Nixon en 1972, era hacer que los vuelos espaciales fueran menos caros y accesibles al común de los mortales”. 

Este fracaso podría explicarse por el hecho de que en aquella época, la Casa Blanca, en un afán de hacer ahorros, obligó a la NASA a hacer concesiones en cuanto a la concepción de la nave, haciendo que el sistema fuera mucho más caro de explotar, dijo Bill Barry. 

Para John Logsdon, “el error fue desarrollar la totalidad del programa de vuelos espaciales con tripulación, alrededor de la nave que debió terminar sus funciones a inicios de los años 90”. 

Se hubiera debido construir la ISS más pronto, pues la decisión de crear la Estación se remonta a 1984, opinó Logsdon, quien aseguró que “debimos haber aprendido las lecciones de la primera generación de transbordadores y ahora tendríamos una nueva nave para explorar la Luna”. 

En 2003, tras la desintegración del Columbia durante su retorno a la atmósfera terrestre, la oficina nacional de investigación estimó que el hecho de no haber reemplazado la nave más pronto “fue una falta de liderazgo nacional”, recordó Logsdon.

Y el error se perpetuó, según Scott Pace, director del Instituto de Política Espacial en Washington y ex alto funcionario de la NASA, durante el gobierno de George W. Bush. 

Pace estimó que el presidente Obama no debió cancelar el programa Constellation de su predecesor para regresar a la Luna con el cohete Ares 1 y la cápsula Orión. Según él, Ares 1 habría podido también lanzar a Orión con tripulantes hacia la ISS. 

Eso “hubiera dado una opción pública de transporte a la ISS (durante los próximos 4 años) hasta estar seguros que el sector privado puede tomar el relevo”, explicó. 

LA NASA espera que su cooperación con firmas como Boeing, SpaceX, Sierra Nevada o Blue Origin, le permitirá comprar lugares en al menos uno de los sucesores estadounidenses del transbordador, a fin de conducir a sus astronautas a la ISS, en 2015. 

Mientras tanto, Estados Unidos dependerá de los Soyuz rusos, y cada plaza le costará 51 millones de dólares, incluido el entrenamiento del astronauta.

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