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Carlos Fuentes, una criatura transparente

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Bajó de su habitación puntual a las 6 de la tarde y nos recibió cerca al jardín del Hotel Santa Clara, para respondernos la primera entrevista de este viaje.

Carlos Fuentes, el gran escritor mexicano, nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura, parece en verdad un galán del cine de los años cincuenta. No se sabe cómo hace para transmutar el tiempo en euforia de vivir y escribir. Tiene 84 años y sorprende en él su lucidez y prodigiosa memoria. “No es que me mantenga joven”, me dice. “Es que soy joven”. “Y la culpa la tiene mi esposa”. Para empezar, le dije que sabía que en varias ocasiones ha vivido clandestinamente entre nosotros encerrado en un hotel escribiendo novelas. Se ríe cuando le digo que su novela La muerte de Artemio Cruz, es leída con devoción por los estudiantes de bachillerato en Colombia. Me confiesa que lo mejor de un evento como Hay Festival Cartagena es la posibilidad de conocer frente a frente a los lectores. A él le debemos en verdad de que este acontecimiento literario se haga en Cartagena, porque cuando Peter Florence, el director de Hay Festival le preguntó  en qué otra ciudad del mundo podría replicarse el experimento iniciado en Gales, Carlos Fuentes no dudó en decirle: “En Cartagena de Indias”.

“El Hay Festival de Cartagena es uno de los más importantes del mundo.  Es una experiencia fascinante conocer al público que lo lea a uno”, me dice. Tiene elogios para la ciudad y sus habitantes. Le digo que el año pasado el escritor español Juan José Millás me dijo que esto parecía una fantasía porque después de estos cuatro días del Hay Festival, los lectores no parecen corretear a los escritores. Es un hecho curioso y sugestivo. Para Fuentes lo mejor que pudo ocurrirle en la celebración de sus ochenta años fue poder dialogar con jóvenes universitarios.

“Escribir es el arte más solitario. Siempre estás solo. No es como la música, el cine,  el teatro. Aquí estás solo”, me dice.

“Escribo todos los días de 8 a 1 de la tarde. También escribo de noche. Escribo lo que no había pensado. Difícil encontrar un tono en la escritura. No hay un secreto. Mientras más escribas, descubrirás que  la realidad es siempre superior a la imaginación y la imaginación busca rebasar la realidad. Son dos contrincantes poderosos. La imaginación te dice: Dame más.  Todo el tiempo me pasa que un personaje hace exactamente lo contrario de lo que había previsto. Cada personaje tiene vuelo propio. Y cada libro se hace  con la imaginación del escritor, pero también con sus sueños, olvidos, preocupaciones. Lo que hemos querido ser aparece en la escritura, pero también lo que no soñamos ser.  Y aparece un criminal en una historia. Son los misterios de la escritura. La literatura no la rebasa nada. Permanece por siempre. Como el Quijote”.

Su rostro cambia de luz cuando le pregunto por la suerte de México y sostiene que es partidario de la despenalización gradual de la droga ante la encrucijada de los carteles de la droga que han asolado a su país, un dolor de cabeza colombiano trasladado a México. Fuentes reconoce que Estados Unidos hace poco en esa batalla.

Dice que ve en los rostros de los jóvenes de su país un gran desencanto ante la carencia de oportunidades y el deseo de cambiar la realidad que viven.

Lamenta Fuentes la realidad que vive Cuba en la actualidad y la muerte reciente del preso político cubano Wilmar Villar, de 31 años, fallecido en un hospital de la ciudad oriental de Santiago de Cuba, después de cincuenta días de huelga de hambre.

Para Fuentes la realidad cubana tiene que cambiar, aunque no hay augurios de eso, mientras viva Fidel Castro.

El escritor concedió una extensa entrevista a El Universal, en la que se refirió a la publicación de sus memorias, a las tendencias diversas de la literatura latinoamericana, a su visión de las nuevas tecnologías y al auge de nuevas narrativas en el continente.

Dijo que “La literatura latinoamericana del Siglo XXI tiene rumbo propio, la de siglos anteriores partía de modelos europeos.   Allí tenemos a Borges, a Machado de Asís, Carpentier, Juan Carlos Onetti, para citar algunos. Somos herederos de la literatura de siglos pasados. La irrupción de la literatura latinoamericana del Boom, con Julio Cortázar, José Donoso, García Márquez, fue una liberación de la escritura. Escribíamos lo que no se había dicho. Pero hoy lo que veo es una diversidad formidable. Sí: Felisberto Hernández, es uno de los grandes narradores de principios de Siglo XX, no se le nombra mucho, pero es uno de los grandes creadores. Hay escritores que rebasan su propia persona, como el francés Louis- Ferdinand Céline, un escritor perverso. Otros que son modestos y fenómenos públicos como Jean Cocteau. Me pregunta usted por Julio Cortázar. Para mí era un ser bueno. Difícil encontrar un hombre bueno como él”.

Contó que “tuve el privilegio de leer Cien años de soledad, de García Márquez, antes de ser publicado. Poseo siete u ocho cartas de Gabriel, muy lúcidas y largas, en donde me iba contando cómo escribía la novela”.

“Los escritores no podemos amanecer convertidos en Kafka o en otro ser distinto del que somos.

Lo dijo a propósito de una confesión de la escritora brasileña Nélida Piñón, quien en una entrevista reciente que le hicimos nos contó que el mayor terror de un escritor es amanecer convertido en otro ser.

Carlos Fuentes se ríe y dice que eso no puede ocurrirle a él. Y le parece fantástica la confesión de  Nélida.

“Todo es fantástico aquí en Cartagena”, dice Carlos Fuentes señalándome un grupo de monjes que salen cantando de la iglesia de Santa Clara, dispersando incienso en el jardín.

“Desde que he dormido en este hotel he sentido la bella fantasmalidad de este lugar. Siempre se me aparecen monjas en la habitación y les meto conversación”, dice riéndose.






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