La Gobernadora de Córdoba, Marta Sáenz Correa, lamentó la pérdida y confirmó que justamente para este 11 de febrero había coordinado una visita con el escritor para ser el anfitrión del homenaje que el Departamento hará a los periodistas de la región en su día.
El legado de David Sánchez Juliao, vivirá permanentemente en sus novelas, fábulas, historias para niños y testimonios grabados en su viva voz de relatos con sus amigos que fueron grabados en su producción de CD.
Varias veces premio nacional de cuentos, premio nacional de novelas Plaza y Janés, galadonado con discos de platino por la grabación de sus versátiles y caribeñas obras que fueron adaptadas para la televisión y el cine mereciendo 17 premios India Catalina en el Festival de Cine de Cartagena.
Las historias de Por qué me llevas a al hospital en canoa, papá? (1973) “Historias de Racamandaca” (1974), “El arca de Noé” (1976), “Cachaco, Palomo y Gato” (1977), “El Flecha”, “Pero sigo siendo el rey” (1983), “ Mi sangre aunque plebeya” (1986), “Buenos días, América” (1988), “El país más hermoso del mundo”, entre otras. han recorrido al mundo encantando a centenares, millones de personas que las disfrutan gracias a la traducción a doce idiomas.
PICARDÍA COSTEÑA
La sencillez y picardía de relatos del hombre de a pie, del ciudadano de la “People” como Juliao denominaba jocosamente a los hombres de nuestro pueblo, tomaron lo mejor de la trietnia esa mezcla de indio, español y árabe de la que tanto se gozaba el artista para relatar la cotidianidad del inmigrante libanés que llegó a Lorica, o el día a día en la plaza de mercado donde disfrutaba de la charla con el relojero de antaño, o con las vendedoras de pescado quienes le preparaban la mejor Zarapa de Bocachico pues David Sánchez Juliao era el eterno invitado de honor de los mesones del mercado de Lorica.
Córdoba está de luto, las canoas de areneros del Sinú seguramente están detenidas, la noticia consterna a nuestra gente. El hombre de abarca, el vendedor de sombreros, la doña del pueblo, el “Turco” del almacén, el político, el rico, el que todo lo tiene y el más humilde, saben quién era David Sánchez Juliao, y lloran su partida.
El gran Embajador de Colombia en la India y en Egipto entre 1991 y 1995, no paró de escribir, y conversar, siempre en el escenario con su tasa de café, que en realidad tenía un sorbo de whisky para calentar la voz, se daba cita con sus amigos de siempre en su Lorica natal y en todo el Caribe donde coleccionaba admiradores e historias.
