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Jairo Cala Otero: Un escudero que batalla contra las descachadas idiomáticas

Primero fue un pasatiempo. Anotaba deslices lingüísticos en papelitos, a medida que los escuchaba entre algunas personas, o los leía en medios periodísticos; luego, los pasaba a una libreta.

Hasta que algún día, después de poco más de un año, volvió sus ojos a esa libreta. Se enfrentó a una gran cantidad de expresiones y vocablos errados, pronunciados o escritos por mucha gente, en distintos tiempos y ocasiones. Entonces, tras pensar durante algunos minutos sobre el nulo sentido que esa “colección de errores” tenía sin aplicación alguna, se le ocurrió la idea de emprender su dura tarea de escribir artículos a partir de tales descachadas, con las correspondientes correcciones, para divulgarlos en internet y algunos periódicos del país. Hoy es reconocido nacionalmente en muchas casas periodísticas, empresas privadas, grupos y personas, por su dedicación al fomento del español correcto.

A sus 38 años de trayectoria como periodista agrega su dedicación al estudio de la gramática castellana. Lee sin cesar sobre el tema. Y ha logrado unos resultados de los que él mismo se asombra, según sostiene. Sin conocer la gramática, como él afirma, “no es posible que alguien pueda avanzar en el uso correcto, preciso y puro de este maravilloso idioma que, por fortuna, nos correspondió conocer”.

Ese apostolado le ha valido que constantemente lo llamen de empresas, grupos y universidades de Colombia para dar conferencias y desarrollar talleres de redacción y de expresión oral. Gente de todas las condiciones (incluidos ejecutivos) lo llaman para que les oriente sobre cómo perder el temor y la inseguridad al hablar en público. “Cada vez que enseño me fortalezco más, porque yo también sentí que me ‘moría’ aquel domingo –hace como 37 años- que tuve que leer una epístola, en un templo colmado de gente hasta el atrio. Sudé copiosamente, me temblaron las piernas y la voz, y leí como un bólido; nadie me entendió lo que leí”. (Risas).

Este perfil es del periodista Jairo Cala Otero, quien fuera editor general del Periódico El Frente (Bucaramanga) hasta diciembre del año 2009. Insatisfecho con la rutina, se dedica ahora a la enseñanza y a prestar asesorías a quien las necesite.
Con ocasión del “Día del idioma” (y del libro) lo hemos invitado para que nos comparta algo de su enriquecedora experiencia.

¿Por qué el 23 de abril está dedicado a destacar nuestro idioma?
JAIRO CALA OTERO: Porque es la fecha en que se recuerda el sepelio de la máxima figura de la literatura española, Miguel de Cervantes Saavedra. Ha prevalecido por muchos años el error de señalarse esa fecha como la de su muerte. Ésta ocurrió el 22 de abril de 1616 en Madrid. Había nacido en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547, según el estimativo histórico.
¿Qué importancia tiene hoy el español en el mundo?
JCO: Mayúscula importancia. Ha evolucionado a tal punto que es el tercer idioma más hablado en el planeta; cerca de 500 millones de personas lo hablamos y escribimos.

¿Lo usamos bien o mal?
JCO: Medianamente aceptable. Hay que dejar de creer que los colombianos somos eruditos en español. Aquí también cometemos muchos errores al hablar y escribir.
Usted se ha vuelto un escudero de este idioma. ¿Cuál es el motivo?
JCO: Después de penetrar en sus entrañas y conocer su esplendor y su purismo, me ocupé de ser un divulgador innato. Quienes no le han puesto atención al español no saben de lo que se están perdiendo. Sus giros, su abundancia lingüística y su versatilidad, proporcionan riqueza para tener una excelente comunicación humana. Ese es el mayor secreto de un idioma. Y el español es inmensamente rico en esas propiedades.

¿Desde cuándo pregona usted el correcto uso del español?
JCO: Desde el 27 de mayo del año 2004. Ese día envié por internet mi primer artículo con observaciones idiomáticas a un grupo minúsculo de personas. Fue un experimento, y se me convirtió en un apostolado.

¿Cómo empezó esa campaña?
JCO: A partir de las anotaciones que yo tenía guardadas en una libreta amarillenta. Se me ocurrió que podría beneficiar a mucha gente si citaba las expresiones y los vocablos equivocados y aportaba las formas correctas de hablar y escribir esas mismas expresiones.
¿Qué lo movió a incursionar en ese campo tan comprometedor?
JCO: El coraje que me daba cuando escuchaba o leía diariamente tantos errores gramaticales. Como ya había tomado interés en aprender más sobre esta herramienta que me servía para redactar noticias, consideré inaudito que hablásemos y escribiésemos mal un idioma pródigo en tanta riqueza comunicacional. Había que hacer notar esas fallas.

¿A cuántas personas llegan sus escritos sobre cómo usar bien nuestro idioma?
JCO: A cerca de 10.600 personas. La inmensa mayoría son desconocidas para mí, pero son fieles lectoras de mis observaciones. Es la magia del internet la que permite que eso suceda.

¿Cómo opera su campaña?
JCO: Busco direcciones en los mensajes que ingresan a mis cuentas electrónicas. Selecciono algunas. Envío un mensaje inicial con un artículo, y pido permiso para clasificar cada dirección electrónica. Advierto que si por alguna razón el destinatario no estuviese de acuerdo con esos envíos, me lo haga saber; en ese caso, elimino su dirección electrónica de mi base para no incomodarle. No invado predios de nadie. Ante todo soy profundamente respetuoso de mis semejantes; sus decisiones son sentencias inapelables.

¿Qué reacciones produjeron al principio sus correcciones idiomáticas y cuáles hay en la actualidad?
JCO: Por fortuna la mayoría de las reacciones fueron y siguen siendo favorables. Recuerdo, por ejemplo, a Roberto Posada – D’Artagnan- (q.e.p.d.) y a Alfredo Molano –para sólo citar dos lectores- que me escribieron para agradecer el primer artículo y para decirme que no bajara la guardia nunca. En contraste, tres o cuatro personas contestaron reactivamente; alguien hasta me insultó y me increpó por qué le enseñaba a escribir bien si él era perfecto en eso. (Risas). ¡Hay de todo en la viña del Señor!

¿De dónde toma usted tantos errores del habla y la escritura para elaborar sus artículos con las enmiendas correspondientes?
JCO: De los medios de comunicación. Que nadie sienta vergüenza por esto: mis colegas son los mayores abastecedores de mi campaña; me aportan diariamente infinidad de deslices lingüísticos: unos, leves; otros, bárbaros. Dicho de otra forma, ellos son quienes sostienen mi campaña de fomento al uso correcto del español.

¿Cuáles son los errores idiomáticos que más cometen los colombianos?
JCO: Es difícil de responder en poco espacio. Sin embargo, en términos generales, puedo señalar que la inmensa mayoría de compatriotas no conoce la gramática española. Por esta razón incurren en discordancias, fallas de sintaxis, desconocimiento de la semántica, escaso vocabulario, mala ortografía… No hay identificación de los elementos que juegan papel vital en las oraciones gramaticales: adverbios, adjetivos, preposiciones, conjunciones y pronombres. Sin conocerlos es como andar a oscuras.

¿Qué factores influyen en esos vacíos?
JCO: Esencialmente la falta de interés por nuestro idioma. Es tanto como tener hijos y no quererlos, detestarlos. En segundo lugar, la falta de lectura; y soberbia para admitir que se tienen errores y que es preciso corregirlos si se quiere hablar y escribir bien. Súmele un tercer factor: la influencia de internet que, pese a ser una herramienta extraordinaria, sirve también para que por allí se cuelen degradaciones del español. La gente las asume como normales y las pone en práctica; pero eso es incorrecto.

¿Usted recibe estipendios por lo que hace en beneficio de tanta gente?
JCO: ¡En absoluto! Lo que hago es gratuito. No me ingresa ni una moneda de cincuenta pesos… Es pura vocación de servicio; y amor por las bendecidas palabras. No me agrada verlas tan mal tratadas, ellas tienen su propia belleza.

Entonces, ¿de qué vive usted?
JCO: De mis actividades profesionales: doy conferencias de motivación y relaciones humanas (¡que tanta falta hacen en esta sociedad caótica!); hago talleres de expresión oral y de redacción cautivante; redacto y corrijo textos para empresas y personas. Algunos libros y tesis de grado han pasado ante mis ojos y mi mente antes de entrar a las litografías.

¿Y a dónde lleva sus capacitaciones?
JCO: A todas partes. Yo viajo a las ciudades donde se solicita mi presencia. Algunas promotoras comerciales me organizan los seminarios. Alguien me preguntaba un día si yo iba a distancias lejanas. Le respondí que en mi itinerario figura hasta el infierno; basta que me indiquen la ruta y allá llego. (Risas).

¿Tiene apoyo del Estado, de empresas o personas particulares?
JCO: Aquí podría carcajearme. No lo hago por decencia. El Estado nunca ha apoyado la educación en estos aspectos. Es muy bueno adjudicando contratos leoninos, por donde se fuga el dinero del tesoro público. Pero lo que “suene” a culturización se queda en el bote de la basura. Sólo me apoyan las empresas privadas y personas que contratan mis servicios.

Usted trabajó mucho tiempo en radio. ¿Extraña ese medio?
JCO: Por supuesto, pero sin nostalgia. Hoy es difícil usar un micrófono, porque hay que pagar. En el pretérito pagaban para que uno hablara por las estaciones radiales. ¡Sería estupendo un programa sobre estos asuntos del uso correcto del español! Pero estos teman no los patrocinan.

¿Qué aconseja usted a las nuevas generaciones para que quieran al español?
JCO: Ante todo que se interesen por conocerlo. Es semejante a la seducción de una mujer. Gradualmente se da el proceso hasta materializar el objetivo. Las palabras son dóciles. Hay que entablar amistad con ellas, conocerlas, saber qué significan, cómo usarlas apropiadamente. Terminan siendo unas aliadas trascendentales en nuestra vida. Lo aseguro por experiencia propia. A mí me entristece leer y escuchar las formas grotescas de hablar y escribir de los muchachos de hoy. Serán, sin duda, los “profesionales” mediocres del mañana si no vuelven sus ojos al idioma; no es lo único, claro, pero es un componente del todo para ser excelentes. A mis colegas periodistas: que no se enfaden porque se les corrigen sus descachadas; eso es inmadurez. Más bien que se interesen por ser mejores. Quien rechaza la instrucción, rechaza el conocimiento y escupe sobre su propio futuro.
Si un lector de esta entrevista quiere formar parte de su base de datos, ¿qué debe hacer?
JCO: Sólo manifestármelo. Para eso puede escribirme a lenguajecorrecto@gmail.com
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Comentarios

Debe existir alguien que

Debe existir alguien que trate de conservar la lengua, sin embargo, términos como "pureza" terminan siendo sinónimos de "estéril". La lengua no es estéril, porque no es pura. El español tiene tanto palabras derivadas del árabe como del latín , galicismos, anglicismos, etc y hasta indígenas. ¿cómo evitar "tiburón", "guagua" (niño en quechua), "cazabe" e incluso "champetúo" o "chatear"? Otro problema es con la palabra "culturización", debe revisar su concepto de cultura.