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Joe: "Comencé cantando en una lata de manteca"

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Yo siempre estaba cantando en la casa. Tenía unos 7 u  8 años y tenía la costumbre de meter la cabeza en una lata vacía  de manteca para cantar. Me gustaba cantar baladas. Lo que se oía por la radio. Rafael. Los Angeles Negros. Yo los imitaba. Me gustaba oír el eco de mi voz dentro de la lata. Me gustaba sentir como se iba mejorando, perfeccionando la voz. En verdad, no había ambiente para que yo fuera músico. Mi primer instrumento musical fue una peinilla que forré con papel aluminio, mientras soplaba y sacaba las primeras canciones. Así me fui convirtiendo en un cantante de barrio, en el cantante de  mi casa. Pero en ese entonces, ser cantante era lo más terrible para una familia. Se creía que todo cantante terminaría siendo un caso perdido, un cantante de borrachos.
Dos referencias musicales había en aquel entonces: El Maestro Lezama y el Pollo Soto-mayor. Yo estudiaba en el colegio Santo Domingo y cantaba en las misas. Por las noches, cantaba en los bares de la zona de tolerancia “Tesca”, y me ganaba $100, con los que pagaba mi colegio y compraba ropa. Una noche yo cantaba sobre una mesa, cantaba sones, toda la música antillana y africana que iba llegando de contrabando al puerto de Cartagena, y de pronto veo entrar por la puerta del bar, a mi profesor de Física que todos llamábamos Meteorito. Venía vestido con una camisa naran-jada que alumbraba, y lo primero que dijo al entrar al yerme fue: ¿Y usted qué hace aquí? Lo mismo me pregunté yo, aturdido entre la multitud del bar El Príncipe: Profesor, y usted que hace aquí? El no podía creerlo: Yo era un niño, era el solista de la coral, el escogido para las misas cantadas, y en una noche todo parecía venirse abajo, al descubrirme mi profesor de Física en uno de los bares de Tesca. Cantar ahí era un secreto. Iba con un vestido de cantante, con las camisas brillantes y ajustadas de la época, los zapatos con carramplones, las patillas largas y los pantalones de bota ancha.
El Meteorito denunció mi presencia en Tesca ante la Rectoría, y fui suspendido del colegio. Fui echado del colegio. Semejante escándalo. ¿Quien iba a reemplazarme en las misas cantadas? Ocurrió entonces que días después llegaba de Bogotá el Arzobispo y la coral preparaba un concierto. Fueron a mi casa y me pidieron que me reintegrara a la coral. No había quien me reemplazara en el colegio en las misas cantadas. Me entraron unas ganas enormes de irme de la ciudad, de meterme en una orquesta. En Cartagena estaban el Nene, Victor del Real, el Gato, un gran trombonista. Yo era un muchacho de catorce anos, biche apenas, con la obsesión de seguir cantando, y un día en pleno recreo, casi sin pensarlo dos veces, me embarqué en un bus rumbo a Barranquilla. Estaba en su apogeo Michi Sarmiento, pionero de la salsa, con su Combo bravo y Joel Hurtado.
 

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