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La artista Cecilia Delgado: Luz y tiempo

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Esta serie “Vida silenciosa”, de la artista cartagenera Cecilia Delgado, es como ella misma lo expresa: Tiempo y luz.

Desde que empezó a pintar su obra ha sido coherente con sus obsesiones más profundas: el objeto implica también el sujeto tácito. La habitación sola refleja al habitante y no necesita hacerlo visible. La vida y la muerte persiguen con sutileza cada una de estos 25 óleos elaborados con impecable e implacable devoción a las formas y a la depuración rigurosa de la técnica.

Cecilia Delgado, una de las quince artistas y alumnas aventajadas de Pierre Daguet,  no había expuesto en su ciudad natal, y ahora lo hace en el Museo de Arte Moderno de Cartagena, transmutando un silencio de más de una década.

En una sociedad distraída y absorta en el ruido vertiginoso de sus nuevas tecnologías, lo ausente para los habitantes del planeta es precisamente el silencio. Sin el silencio la humanidad no hubiera inventado la música, la buena literatura y las grandes catedrales para atesorar el silencio y la espiritualidad de Occidente y Oriente.

Cecilia Delgado nos recuerda que el silencio es una de las esencias de su obra. Un silencio acompañado de luz interior y exterior, de objetos, naturaleza muerta, referencias a artistas holandeses del siglo XVIII y manzanas verdes dispuestas para la contemplación y el mordizco.

Su taller se parece a su propia obra: todo parece dispuesto para ser dibujado y pintado y la luz que ella evoca de la vieja casona con patio sigiloso y florecido es la misma casa donde pinta, hoy un edificio que mira al mar de Cartagena y la devuelve siempre a sus recuerdos más antiguos: desde que era una niña seducida por la pasión del arte. Todo desde el principio, confiesa ella, es un “Vanitas: tiempo y luz”, y no los zaguajes y las casas solas que se conocen en Cartagena. Sus pinturas suscitan una profunda quietud, un santuario de soledad y silencio.

“Al detener  la luz es como si se detuviera el tiempo,  porque en su concepto, el tiempo es luz, captando la inmovilidad del tiempo detenido,  pero también el transcurrir cíclico de la vida hasta el instante de la detención final", dijo de manera precisa y visionaria Lilya Gallo en 1985. Quien  entra a estos lienzos de mediano formato puede presentir que la vida se expresa desde ese silencio en diversas dimensiones y planos. Decíamos hace poco que la ausencia y la presencia, la memoria, la naturaleza muerta y la vida laten en los nichos. recorren estas pinturas.

Precisa el crítico de arte Álvaro Medina que “testigo de los estragos que genera la incertidumbre propia de estos años en Colombia, la respuesta poética de Cecilia Delgado ha consistido en evocar el orden, la mesura y el ritmo. Es lo que descubrimos a través de la mirada que ella arroja sobre las cosas que la vida ha ido acumulando parsimoniosamente, pero sin borrar los acontecimientos dolorosos e ingratos que le dan su carácter particular a cualquier historia”.

Con una mirada que secretea las esencias, Cecilia Delgado va más allá de captar y registrar  de manera paisajística la luz.

“¿Por qué ese pequeño paisaje ha sido abandonado detrás de ese candelero? ¿Por qué vemos un cordero amarrado en una postal olvidada?”- se pregunta Medina. La pregunta del crítico es la paradoja del universo personal de Cecilia Delgado: Un reino contenido en dos o tres tiempos: realismo austero, intimista e inquietante, como el pan sobre la mesa en primer plano, dorado, recién salido del horno, y la textura del mantel. La luz no siempre viene de adentro y afuera, sino que está en el objeto y en la naturaleza muerta. Luz de la memoria que ha sido eternizada en una pintura, evocada y vivida, en un espacio que es a la vez una forma misteriosa del tiempo.

Esta magnífica exposición cuenta con el apoyo de la Fundación Arte es Colombia, que ha editado un hermoso catálogo sobre la obra de la artista cartagenera. Los silencios de Cecilia han sido fecundos. No dejen de verla.


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