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Mexicanos debutan en ópera de Nueva York

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El destino de los mexicanos David Lomelí y José Adán Pérez en la música no siempre estuvo tan claro. Pero, cuando se decidieron a acogerlo, su pasión por la ópera los llevó a aterrizar en uno de los escenarios más codiciados del mundo. 

Lomelí, un tenor de 29 años, y Pérez, un barítono de 35, debutarán en la New York City Opera interpretando dos papeles protagónicos en “El elixir del amor”, el clásico de Gaetano Donizetti que se estrena el martes en Lincoln Center. 

“Siento mucha responsabilidad”, dijo Lomelí, quien nació en Ciudad de México pero se crió en Monterrey. “Estoy nervioso pero contento. Para mí, un tipo de México, estar en la capital de la ópera interpretando un papel de tenores históricos como Pavarotti o Domingo es increíble”. 

Lomelí interpretará a Nemorino, el enamorado de Adina que bebe una poción pensando que enamorará así a su amada, cuando en realidad no sabe que se trata de vino tinto. Pérez interpreta al sargento Belcore, quien también lucha por el amor de la misma mujer.  “Es un triángulo amoroso muy padre”, dijo Lomelí durante una entrevista reciente con The Associated Press. 

Sin embargo, ambos afirman que “llegar hasta aquí” no es algo que se esperaban. 

Los dos artistas estudiaron ingeniería en su país natal y se adentraron en el mundo de la ópera lentamente, sin tomarla en serio, hasta que se dieron cuenta de que se trataba de su verdadera pasión, explicaron. 

Lomelí empezó a cantar por razones económicas, dijo, ya que una compañía de ópera universitaria le propuso pagarle la colegiatura en el Tecnológico de Monterrey si entonaba melodías para ellos. A partir de ahí, ingresó en la Sociedad Internacional de Valores de Arte Mexicano (SIVAM) y terminó ganando en el 2006 la competición “Operalia”, creada por el tenor Plácido Domingo, para impulsar profesionalmente a las jóvenes promesas de la ópera. 

El mexicano ha cantando en el Teatro alla Scala de Milán y con la àpera de San Francisco. En “El elixir del amor”, que se mostrará en el Lincoln Center hasta el 9 de abril, tendrá la oportunidad de cantar la famosa aria “Una furtiva lágrima”. 

A Pérez el llamado de la música le llegó más tarde. 

Nacido en Mazatlán, en el estado de Sinaloa, Pérez fue a ver su primera ópera, “El elixir del amor”, en un festival en 1993. 

“Me gustó mucho. Me cautivó”, dijo el barítono, quien admitió que nunca pensó que cantaría esa misma pieza años después en Nueva York. 

De hecho, el artista trabajó durante cuatro años para General Motors, cerca de Ciudad de México. Pérez ingresó también en SIVAM y se dio cuenta de que sus estudios de canto requerían más dedicación. En febrero del 2005 dejó la automotriz e ingresó en la Academia de Artes Vocales de Filadelfia, para llegar después al Programa de Jóvenes Artistas de la àpera de Los Angeles. 

“Es el cariño por la música el que nos ha abierto las puertas”, dijo Pérez, con una sonrisa, frente al escenario donde cantará. 

Ambos han escogido una dura profesión en la que pasan semanas separados de la familia, viajando a través del mundo, y dedicando múltiples horas al día al ensayo. 

“Esto ya me ha costado dos fiancées (prometidas)”, dijo Lomalí, en tono humorístico, pero suspirando. 

“Puede llegar a ser agotador, todo depende del personaje”, añadió Pérez mientras tomaba una café. El barítono está casado sin hijos. 

Ambos sueñan con seguir cantando en grandes escenarios, interpretando clásicos de la ópera. Lomalí viajará próximamente a París para interpretar a Macbeth en la Opera de Lille, en Francia, y Pérez a Sicilia para cantar “El Barbero de Sevilla”, en el teatro Massimo Bellini. 

“Yo ya estoy contento con lo que hago. Es un regalo el poder trabajar en esto”, explicó Pérez. “Es algo que me apasiona”. 

Para Lomalí, quien dijo que se relaja haciendo gimnasia y yoga antes de una actuación, cantar le da “adrenalina”. 

“Es una labor atlética. Son horas de entrenamiento y ejercicios de vocalización”, explicó. “Pero es algo que da mucha alegría”.

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