La inteligencia del ser humano se mide por sus hechos, sus cosas, su legado encasillado en la historia.Y Dios da esa inteligencia a todos para saberla plasmar en el mundo infinito.
El Todopoderoso nos da a todos ese don. Y yo diría que al Panti le dio una inteligencia especial, un don único, que a muy pocos da, porque en él se conjugaron muchos artistas: el pintor, el arquitecto, el maestro, el crítico, el periodista, el amigo sincero, el hermano.
Por eso fue un caricaturista como muy pocos, que siempre dejaba una enseñanza en su pluma. Su mente trabajaba a la par de su mano derecha con la que plasmaba su obra en la cartulina.
Y lo que quería decir lo decía con gracia, con sutileza y era entendible, por eso el lector se iba directo a la página 6A para ver qué traía el Panti en su caricatura.
Era muy versátil, humanista, tenía ese don para hacer lo que siempre hizo con amor, la caricatura.
Ayer, la redacción de El Universal amaneció triste. El maestro de maestros se fue. Dios lo llamó porque necesitaba un caricaturista con todas las charreteras. Y ese era él.
Allá en el rincón donde siempre solía sentarse para poner a andar su mente hay una tristeza total.
Sus cosas, su lápiz, el sacapunta, la mesa, los pedazos de cartulina, que él sabía bordear, yacen ahí sin tener una respuesta clara del porque Dios minimizó con esa enfermedad llamada artritis aguda a un hombre bueno, querido por todos, que con el pasar del tiempo no podía sostener su mano derecha para hacer lo que siempre hizo.
A veces solía decirle: “Panti hazme una caricatura de béisbol, para llevar a la gente al estadio”.
Me decía: “Espérate”. A los pocos minutos, con esa inocencia del niño bueno e inteligente, sin prepotencia, me decía: “Ya la tengo, mira para ver si te gusta”.
“Está perfecta, tú eres un artista, te voy a cantar el verso: por que artista como el Panti no nacen todos los días”, le decía. Luego se echaba a reír y me decía: “Tu con tus ocurrencias”.
Por eso digo que esas neuronas del Panti eran especiales. Para todos será siempre el mejor. “Dejó una huella imborrable en nuestros corazones. Se fue el personaje, el ser querido, una persona con un altísimo grado de sentido del humor”, escribió mi compañero Carlos Caballero en su facebook.
Las puertas del cielo se abrieron anoche y al diario Celestial llegó un hombre que se formó en El Universal. Ese es Panti, quien será el nuevo caricaturista.
Pero la alegría por su llegada allá contrasta con la honda tristeza que nos dejó su partida aquí en la tierra.
Un adiós sincero, lleno de dolor, de lágrimas, para un maestro que siempre admiré, por su sencillez, su humildad, siempre con su sonrisa de niño bueno.
Hasta siempre, amigo.
