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Vargas Llosa expone sus múltiples facetas en México

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Mario Vargas Llosa aprovechó su visita a México para cautivar a cientos de espectadores con su adaptación teatral de “Las mil y una noches”, con la que subrayó el papel civilizador de la literatura, en una semana en la que sorprendió al mostrar sus múltiples facetas, especialmente la de actor. 

Efectivamente, eso fue lo que más impresionó de su visita: una inédita versatilidad. Fuera de actor, fungió como literato erudito, como intelectual ante maestros de escuela y como ser humano del común, hablando de asuntos más terrenales como la felicidad o el miedo humano. 

Cuando habló de literatura, por ejemplo, complejizó sus intenciones, y elaboró sobre sus borrosas fronteras y sus vasos comunicantes con la dramaturgia. 

Cuando lo hizo como intelectual, aprovechando los múltiples foros y escenarios que pisó, habló de su posición acerca de las sociedades contemporáneas: una visión pesimista que denuncia la banalización de la cultura y una vez más la inutilidad de la política antidrogas. 

Pero, en México, la última impresión que dejó de esas múltiples caras fue la del fin de semana: se presentó ante espectadores que a veces no daban crédito a lo que sus ojos veían al tenerlo tan cerca y actuando para ellos, en el renovado escenario del Palacio de Bellas Artes en el centro de Ciudad de México. 

El Vargas Llosa actor, de 74 años, representó a un antiguo rey persa, un ser enfurecido y misógino que al descubrirse engañado por su esposa y sus concubinas _quienes se entregaban a sórdidas orgías con soldados cuando salía de caza inicia una despiadada venganza desposando a las vírgenes de su reino para asesinarlas al amanecer. 

El rey sólo ve calmado su deseo de venganza con las historias que le narra la última de sus mujeres, Sherezada, hija de su primer ministro, papel que fue interpretado por la actriz peruana Vanessa Saba. 

Al entrar al escenario, Vargas Llosa  autor de las novelas “Conversación en la Catedral, “La Casa Verde” y “La Fiesta del Chivo”, entre muchas otras recordó que de niño escuchó los cuentos de “Las mil y una noches”, historias que aseguró no tienen nada de infantiles. 

“Es una historia truculenta y feroz”, dijo el Vargas Llosa actor, parado en un sofisticado y muy decorado escenario. 

Diametralmente opuesta al minimalismo de la obra presentada en Madrid, Sevilla y Tenerife hace un par de años, la puesta en escena en el Teatro de Bellas Artes, dirigida por su cuñado, Luis Llosa, recordaba a los parajes del Medio Oriente. 

El escenario estaba compuesto por lujosos muebles, cojines y tapetes, así como una proyección audiovisual que mostraba imágenes de desiertos, palacios, animales y mitos, preparados para facilitar el relato de los cuentos. 

La obra presentada es una adaptación realizada por Vargas Llosa. Los tres cuentos que reescribió se encuentran “El príncipe melancólico”, “La princesa Budur y los astrólogos” y “Marsuán el justiciero”. 

Vargas Llosa y Saba representaron a los múltiples personajes de las historias lo que, por momentos, hacía difícil seguir detalladamente la trama de cada uno. “Son dos actores para muchos personajes”, había advertido antes el escritor. 

En la obra fue notorio el contraste entre las variaciones y múltiples personalidades que Saba, experimentada actriz, asumía cada que se enfrentaba a un nuevo personaje, y el tono uniforme usado por Vargas Llosa, el actor aficionado, con todas las pieles que encarnó. El escritor expresó que vivía la experiencia “con miedo”. 

“La transición de escritor a actor (de Mario Vargas Llosa), la está haciendo con mucha solvencia”, dijo sin embargo Luis Llosa, director de la obra teatral. 

Al salir del escenario, poco antes de que un desperfecto en el micrófono del actor suspendiera la presentación por unos 15 minutos, Saba le preguntó al escritor peruano sobre su “pánico escénico” y éste dijo que estaba intacto. 

Como actor novato, padeció de la ficción que lo ha hecho famoso. Desde la piel de sus propios personajes, Vargas Llosa vivió el cambio y la metamorfosis de sus personajes desde dentro, al encarnar a cada uno de ellos. 

La primera presentación de la obra en México se realizó el sábado en una función privada a la que asistió el presidente Felipe Calderón, también en el Palacio de Bellas Artes. 

El Vargas Llosa escritor e intelectual volvió a ser vehemente, locuaz, paciente y derrochador de conocimiento durante su visita a México. 

Quizá también influenciado por su faceta de profesor, el Nobel de Literatura no perdió oportunidad para explicar que “Las mil y una noches” constituyen el ejemplo más sencillo, claro y centenario de la función que tienen la literatura y la ficción: utilizar el poder de la palabra, el de contar historias, para humanizar, sensibilizar y civilizar a cualquier ser salvaje, cultura o asentamiento humano. 

Los efectos benéficos de la literatura se consumen y resumen en ese rey instintivo y salvaje que se va “humanizando, sensibilizando y se vuelve un ser infinitamente superior”, dijo. 

Sus palabras hacían eco a las pronunciadas en una rueda de prensa anterior en la que el Vargas Llosa escritor había dicho que “la ficción nos educa respecto al mundo, a lo que somos, a la vida, al pasado, a la amistad, al amor, de una manera muy distinta de como podría hacerlo cualquier otra ciencia social”. 

Pero sus palabras se confunden con las del Vargas Llosa animal político, incorregible, que le atribuye a la literatura el poder de liberar a las sociedades. 

“Una sociedad profundamente impregnada de buena literatura es una sociedad mucho más difícil de manipular, de engañar por el poder... porque la literatura desarrolla en nosotros ese espíritu crítico que es fundamental en una sociedad democrática”, dijo con algo de exaltación. 

Esta es la primera visita al país azteca desde que el escritor obtuvo el Premio Nobel en 2010. También ha sido acreedor de dos grandes trofeos de la lengua castellana: el Rómulo Gallegos (1967) y el Cervantes (1994). 

La faceta más humana, la del hombre Jorge Mario Pedro Vargas Llosa padre de µlvaro, Gonzalo y Morgana, y esposo de Patricia, la mostró en su primera aparición en la Universidad Autónoma Metropolitana al lado, paradójicamente, de varios rectores universitarios. 

Allí, habló de la felicidad con lucidez y sentido común como un oasis en un mundo mayoritariamente rutinario y aburrido. 

“Por eso es tan intensa (la felicidad)” cuando se vive, dijo. “Hacer aquello que nos gusta nos vacuna contra la infelicidad. Hay que organizar la vida en función a lo que a uno lo hace feliz”. 

A otra de sus presentaciones, el Vargas Llosa intelectual y disertador arribó acompañado del escritor mexicano Carlos Fuentes, quien recibió una calurosa ovación del público. 

Ante un escenario abarrotado de profesores, el intelectual escogió un lenguaje directo, sin adornos, y se mostró preocupado por la anomia y el desinterés que generan la política y los asuntos públicos en los profesionales preparados de los países latinoamericanos. Cree que es un fenómeno que muestra una profunda decadencia social y moral. 

Sentando ante un auditorio silente y atento, cual profesor universitario, Vargas Llosa leyó un ponencia cuya tesis central sostenía que la cultura se convirtió en una rama del entretenimiento, banalizada por el avance de esa industria y por un sector de los medios, cuyos propietarios buscan “llenarse los bolsillos” cubriendo temas frívolos y chismes de estrellas de televisión y cine. 

“Explotan las bajas pasiones”, dijo incólume. “En la banalización lúdica de la cultura imperante está el problema”. 

Cuidadoso, matizando como un intelectual lo haría, aclaró que se trataba sólo de un sector de la prensa y que era peor el remedio de tratar de regularla que la enfermedad que subyace en ella. 

La ponencia mostraba preocupación por la penetración del narcotráfico en las sociedades latinoamericanas y con “el espectáculo de gobernantes burlándose de la fe pública”. 

Como ejemplo de ese engaño de los gobernantes, citó los escándalos protagonizados por el expresidente peruano Alberto Fujimori y su jefe de inteligencia Vladimiro Montesinos quienes, según el escritor, se embolsillaron más de “6.000 millones de dólares en cuentas cifradas en Suiza, Gran Caimán y Estados Unidos, de las cuales sólo han devuelto 184 millones de dólares al Perú”. 

Y no perdió oportunidad para insistir en que el camino para vencer la criminalidad vinculada al narcotráfico es la legalización de las drogas. 

“Lo que es evidente es que a través de la pura represión no se va a acabar con el narcotráfico”, dijo. 

Al ser condecorado el viernes con la Orden Mexicana del µguila Azteca, el mayor reconocimiento que el gobierno entrega a un extranjero, el Nobel de Literatura, agradeció que un país como México lo haya premiado y no vetado, a pesar de haber criticado con dureza su sistema político en el pasado. 

“Qué bien habla de la cultura, de la civilización y también del espíritu democrático de México, el que pese a esas severas críticas, en lugar de vetarme y censurarme, me abran los brazos y me premien”, dijo. 

En 1990, el escritor calificó el sistema político mexicano como una “dictadura perfecta”, en referencia a la permanencia en el poder de una misma organización política, el Partido Revolucionario Institucional, que comenzó a gobernar en 1929 y finalmente perdió la presidencia en el 2000 cuando llegó al poder el conservador Partido Acción Nacional, en el que milita el presidente Calderón. 

La noche del jueves, bajo la mirada escrutadora de Carlos Fuentes, Vargas Llosa el político reconoció que “la dictadura no era tan perfecta”. Muestra de ello, dijo, era que el país había entrado a la senda de la democracia, aunque “todavía imperfecta”. 

Vargas Llosa fue condecorado en México mientras en Argentina era rechazado por intelectuales afines al gobierno de ese país, que se oponen a su participación en la Feria del Libro de Buenos Aires, que arranca el 20 de abril, por considerarlo un representante de la extrema derecha y enemigo de procesos populares. 

El Premio Nobel dijo que acudirá a la cita si le mantienen la invitación. 

Allí, en el país austral, lo más seguro es que Vargas Llosa vuelva a sorprender por su versatilidad aunque no tenga planeado actuar. Como buen pez en el agua, ya ha advertido que se verá obligado a hablar de política ante el veto anticipado de quienes se oponen a sus ideas.

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