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Marcherano, "El Jefesito" del Barcelona

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Javier Mascherano fue el último de los futbolistas del Barcelona en abandonar el terreno de juego del estadio del Levante tras la conquista de la liga española el pasado 11 de mayo. 

 

Quizás porque, a sus 26 años, el capitán de la selección argentina se considera un futbolista de raza, enchapado a la antigua, de esos que disfrutan más del olor del césped y la camiseta sudada que del calor de los reflectores y el magnetismo de los micrófonos. 

O porque, tras cinco temporadas en el Viejo Continente, a donde arribó procedente del Corinthians brasileño, acababa de conseguir su primer título europeo. 

Mascherano, “El Jefecito”, un ganador nato, se estrenaba por fin con el Barsa lejos de Latinoamérica. 

“Vine para saber si podía jugar en un equipo como este”, explicó Mascherano sobre el porqué de su marcha del Liverpool, donde ejerció “de escoba, de balance”, según sus propias palabras, a lo largo de tres años huérfanos de trofeos colectivos. 

Reconoce, apenas nueve meses más tarde y en los días previos a la disputa de su primera final de la Liga de Campeones frente al Manchester United, que “lo más fácil hubiera sido quedarme: tenía el sitio asegurado y nadie me iba a tocar”. 

Pero prefirió embarcarse en una incierta aventura plagada de retos, cambiando el 20 de Liverpool por el 14 del Barcelona. 

El mediocampista dejó claro desde un principio que afrontaría su nueva etapa con la máxima humildad y partiendo desde cero, una actitud que le ganó la estima del vestuario. 

“Me ha sorprendido su simplicidad y humildad. Es un trabajador nato que nunca está cómodo: siempre quiere aprender más y más, y acaba siendo él, el que nos enseña a los demás”, explicó el brasileño Adriano, antes de destacar la capacidad de adaptación del mediocentro a diversas posiciones: “Javier no sólo ha cumplido en todos los puesto donde el míster lo ha colocado, sino que lo ha hecho realmente muy bien”. 

“Es muy inteligente y lo ves porque, cuando hablas con él, antes de acabar tu frase, ya ha captado lo que le quieres decir”, dijo un adorador Pep Guardiola. “A nivel humano, se ganó el vestuario en seguida por su manera de ser”. 

Si algún futbolista peligraba de sufrir ego machucado tras el fichaje era Sergio Busquets, teórica competencia del argentino en el puesto de pivote defensivo. 

Pero, lejos de considerar a Mascherano una amenaza, el internacional español no tiene más que alabanzas para el nuevo escobero del Barsa: “Aquí hay un gran vestuario y somos una gran familia que siempre busca el bien del equipo. Javier puede ocupar mi sitio, pero también jugamos juntos, y para mi es un placer tenerlo de compañero”. 

Tras iniciar la temporada en el banquillo, Mascherano supo observar y esperar su oportunidad como buen profesional, y estuvo listo cuando Guardiola tiró de él, ya fuera en la medular o como zaguero de emergencia tras las lesiones de Carles Puyol, Maxwell y Adriano, o la enfermedad de Eric Abidal

27 partidos en la liga 

El técnico probó primero con el propio Busquets, pero enseguida se dio cuenta de que el sistema del Barsa requería de mayor velocidad en las coberturas y, tras experimentar exitosamente con Mascherano en Donetsk frente al Shahktar, le adjudicó la tarea al argentino, incluso por delante de su compatriota y amigo, el renqueante Gabriel Milito. 

Desde entonces, Mascherano ha disputado 27 partidos de liga, 10 en Champions y siete en Copa del Rey, perdiéndose sólo dos encuentros ligueros desde la 23ra fecha. 

Mascherano relevó en tareas recuperadoras a Yaya Touré, quien pasó al Manchester City. 

Estadísticas en mano, el ex del Liverpool no tan sólo ha superado ampliamente al marfileño en número de partidos jugados (43 por 32) y minutos disputados (3.071 por 2.268) sino que, en esos 11 partidos de más, ha dejado en evidencia a su predecesor en las trincheras del mediocampo azulgrana, con 194 más balones recuperados que Touré. 

Si en la temporada 2009-10 el africano recuperó 129 balones en el total de competiciones con el Barsa y perdió 115, Mascherano presenta actualmente un parcial favorable de 323 recuperaciones por 165 entregas al contrario; es decir, una mejora de sobre 144 sobre Touré. 

Por supuesto, cabe destacar que Touré cumplía funciones más ofensivas que Mascherano, sumándose frecuentemente al ataque, generando y participando en jugadas de tres cuartos de cancha hacia arriba, mientras que el argentino suele permanecer más retrasado y siempre al acecho de la pelota como perro de caza. 

De todas formas, Mascherano cometió cuatro faltas menos (43 por 47) y recibió ocho más (39 por 31) que Touré. Y nunca fue tan evidente su ejemplar disciplina defensiva como en los dos partidos de alta tensión de semifinales de la Champions frente al Real Madrid, donde se contabilizaron 87 faltas, y el argentino sólo cometió dos para un tarjeta amarilla, recibiendo tres. 

Juego posicional es clave

La clave, según dice, es que “ahora corro menos, pero siempre estoy cerca de la jugada. En el Barsa, el juego posicional es muy importante. Trato de aprender y ser mejor cada día porque mi anhelo es mirar atrás y estar orgulloso de lo que hice. Mi rol es el mismo acá que en la selección argentina. Estar en un club como este requiere la obligación de estar preparado para cuando te toque. Lo mejor que puede hacer uno es apoyar a sus compañeros, ya sea dentro o fuera del campo, al máximo”. 

Guardiola ha quedado gratamente sorprendido con su desempeño y rápida adaptación: “Ya sé que la gente piensa que se trata tan sólo de un jugador defensivo, pero es mucho más que eso. Tiene mucho más criterio con la pelota de lo que la gente cree. Es un jugador fantástico, muy simple, muy limpio en esa posición, que nos aporta amplitud en el mediocampo y también un buen pase en largo. Físicamente es muy fuerte, sobre todo en la transición defensiva. Es joven pero con mucha experiencia al más alto nivel y no es ninguna casualidad que, a su edad, ya sea capitán de la selección argentina: sabe estar y es muy competitivo”. 

Sin saber aún si jugará o no en la final tras su gran temporada, Mascherano piensa seguir fiel a su mantra: venir, ver, ganar.

 

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